El Congo: terribles testimonios de la violencia sexual como arma de guerra

El conflicto armado en este país africano no da tregua y parece empeorarse cada vez más. A las torturas y los asesinatos indiscriminados se le ha sumado una práctica perversa que cada vez suma más víctimas: las violaciones de hombres y mujeres como estrategia de control territorial.

Una de las víctimas de la violencia sexual en El Congo. Médicos sin Fronteras

“Mi historia sucedió un martes del año pasado. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer: un grupo de hombres entró en la casa y destruyeron todo, nuestras cosas y a nosotros. Primero violaron a mi hermanita, luego a mi cuñada, y a mí al final”, cuenta entre lágrimas Bibiche*, una mujer congoleña que vive en la provincia de Kasai, una de las zonas más afectadas por el recrudecimiento de la violencia en este país africano.

La historia de Bibiche no es una excepción. Como ella, miles de hombres y mujeres en la República Democrática del Congo han sido abusados en medio de un conflicto armado que no parece tener fin. Entre mayo de 2017 y septiembre de 2018, Médicos Sin Fronteras (MSF) trató a 2.600 víctimas de violencia sexual tan solo en la ciudad de Kananga. De ellas, el 80 % informó haber sido violado por hombres armados.

"Estas cifras son una indicación del alto nivel de violencia que ha persistido durante el año pasado", dice Karel Janssens, jefe de misión de MSF en la República Democrática del Congo. "Los impactantes testimonios de sobrevivientes que hemos escuchado a diario describen cómo las vidas y las comunidades de las personas han sido destrozadas, lo que hace que sea muy difícil para ellos reconstruir y avanzar".

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Los equipos de MSF brindan atención psicológica en sesiones grupales y uno a uno para los pacientes más traumatizados. Entre marzo y septiembre de este año, 835 personas asistieron a consultas individuales. La mitad de ellos informó que al menos un miembro de su familia había sido asesinado y que sus casas y pertenencias habían sido saqueadas o destruidas. Uno de cada diez habló de haber presenciado directamente un asesinato u otro acto de violencia.

“Cuando vine por primera vez, casi un año después de lo que me pasó, los doctores me recibieron con una cálida sonrisa y realmente me sentí bienvenida. Me dieron vacunas contra el tétanos y me realizaron algunas pruebas. Descubrieron que había contraído sífilis. Mi esposo también tuvo que recibir tratamiento y ahora está en fase de seguimiento. Desde que comencé a recibir atención, todo ha ido bien. Me siento cómoda ahora. Como y camino como debería. Hubo un tiempo en el que temblaba y me estremecía mucho. Incluso ahora, a veces, cuando escucho un movimiento repentino, me estremezco de miedo. Pero estoy mejorando”, afirma Bibiche.

De las 2.600 personas tratadas por MSF desde mayo de 2017, 32 eran hombres, algunos de los cuales informaron haber sido obligados bajo la amenaza armada de violar a miembros de su propia comunidad. Otros 162 eran niños menores de 15 años, incluyendo 22 menores de cinco años. "La protección para las víctimas, ya sean niños o adultos, y la asistencia socioeconómica siguen siendo desafíos clave, dada la limitada disponibilidad de servicios apropiados", dice Francisca Baptista de Silva, coordinadora del proyecto de MSF en Kananga.

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A Pitshou*, un joven habitante de Kananga, le tocó vivir la otra cara del horror. “Creo que fue en agosto, aunque todo sigue siendo muy confuso para mí. Vinieron a atacarnos, y aunque intenté huir junto a otros jóvenes, fuimos capturados en el camino. Nos llevaron de regreso al pueblo, donde tuvimos que hacer cosas horribles: nos obligaron a violar a varias de las ‘mamás’ de nuestro pueblo. Cuando digo ‘mamá’, me refiero a una expresión congoleña. Ninguna de ellas era mi madre, no obstante, eran las madres de la comunidad. Todos los jóvenes fuimos obligados a hacerlo. Si alguien no lo hacía, era asesinado. No recuerdo bien, pero creo que tuve que hacerlo con seis o siete mujeres”.

Por si fuera poco, Pitshou tuvo que huir de la aldea porque tras el ataque llegaron las autoridades congoleñas y lo acusaron de ser parte del grupo criminal. Pasó tres meses escondido, pero tuvo que regresar porque una infección renal lo tenía al borde de la muerte. Mientras rezaba en una iglesia de la localidad, escuchó a un médico que trabajaba en el hospital sobre la atención gratuita que MSF brinda a toda la población.

“Cuando llegué al hospital, los doctores y la psicóloga me proporcionaron cuidados.  Mis riñones me dolían mucho y en mi cabeza las cosas tampoco marchaban bien. Tuve que someterme a algunas pruebas y hablé con muchos psicólogos. Desde entonces, he estado tomando medicamentos y he notado algunos cambios: tengo menos dolor, pero todavía no estoy del todo bien. Siento que estoy en el buen camino para llegar a sentirme mejor, pero todavía no me siento completamente seguro. A veces me encuentro a mí mismo como si estuviera en un sueño”, dice Pitshou.

Al igual que Bibiche y Pitshou, tres de cada cuatro de las víctimas tratadas por MSF solo se presentan para recibir atención un mes o más después de su ataque. La mayoría explica que no estaban al tanto de la disponibilidad de atención gratuita o que carecían de los medios para viajar a los centros que ofrecen dichos servicios. Sin embargo, la atención inmediata a las víctimas de violencia sexual, dentro de las 72 horas posteriores a la violación, es una necesidad médica, especialmente para garantizar una protección eficaz contra las infecciones de transmisión sexual, como el VIH.

*Nombres cambiados para proteger a las fuentes.

* Coolaboración periodista con Médicos sin Fronteras 

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- Redacción Internacional

El Mundo

El Congo: terribles testimonios de la violencia sexual como arma de guerra

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