HISTORIA

El Día del Trabajo y los “mártires de Chicago”

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De cómo nació la conmemoración que millones de trabajadores realizan hoy en casi todo el mundo cada Primero de Mayo.

Millones de trabajadores de casi todo el mundo saldrán hoy a las calles para conmemorar el Día del Trabajo. Irónicamente, no lo harán en Estados Unidos, donde el carácter especial de esta fecha fue borrado del calendario oficial porque la conmemoración se originó en una tragedia que avergonzó a ese país.

Aquella tragedia, conocida como la masacre de Haymarket, ocupa un triste y prominente lugar en la serie de abusos policiales que manchan la historia estadounidense y que continúan en los tiempos actuales, como lo hemos visto en los casos recientes de Daunte Wright, George Floyd, Breonna Taylor, Freddy Gray, Michael Brown, Trayvon Martin y otra decena de muertos, todos de la raza negra, víctimas de la brutalidad policial.

La masacre de Haymarket fue la sangrienta culminación de la primera gran huelga obrera en la industria de Estados Unidos, iniciada el primero de mayo de 1886 con la participación de medio millón de trabajadores. Aunque fue aplastada por el gobierno y sus organizadores perseguidos hasta sentenciar a varios de ellos a la pena de muerte, ese movimiento cambió la historia de los trabajadores de todo el mundo.

El principal reclamo de los huelguistas era la jornada laboral de ocho horas, pues entonces los horarios de trabajo eran de 12, 14 y más horas diarias, y de ellos no estaban excluidos los niños y las mujeres, a quienes se les pagaba salarios inferiores. En 1880, cuando se organizó la Federación de los Trabajadores de Estados Unidos y Canadá, ésta situó a la cabeza de su agenda el tema del horario de trabajo. En una de sus reuniones acordó convocar una huelga general en favor de la jornada de ocho horas y fijó el primero de mayo de 1886 como la fecha para iniciarla.

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A medida que se aproximaba aquel día surgieron varios conflictos entre patronos y obreros de Estados Unidos por una sucesión de despidos de trabajadores que se negaban a abandonar el movimiento. Iniciada la huelga, en los días siguientes hubo concentraciones en varias ciudades, la principal de las cuales ocurrió el 4 de mayo en Chicago. Ese día más de veinte mil trabajadores se reunieron en la plaza Haymarket, en el corazón de la ciudad.

Jornada sangrienta

Los obreros habían escuchado a varios oradores cuando fueron rodeados por la Policía, cuyo comandante ordenó disolver la reunión. En un episodio que nunca fue aclarado, una persona lanzó un artefacto incendiario que causó la muerte de un policía e hirió a otros. De inmediato los uniformados dispararon contra los manifestantes, dejando 38 obreros muertos y un centenar de heridos. Luego de esta jornada violenta se desató una intensa persecución contra los organizadores de la huelga.

Ocho de ellos fueron sometidos a juicio sumario bajo diversos cargos, incluyendo los de causar la muerte del policía, pretender hacer la revolución y destruir el orden establecido. Cinco fueron condenados a muerte y bautizados por el movimiento obrero como ‘los mártires de Chicago’, junto con los que cayeron en la plaza bajo las balas de la Policía.

La movilización en Chicago fue el momento culminante de una larga lucha en defensa de sus derechos librada por los trabajadores en los primeros años del crecimiento industrial de Estados Unidos. Esta lucha se concentró en Chicago, convertido en un enorme centro de desarrollo manufacturero. Cientos de miles de trabajadores, muchos de ellos inmigrantes, se engancharon allí en las fábricas de la naciente revolución industrial.

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En la última parte del siglo diecinueve el sindicalismo estadounidense cobró mucha fuerza con el apoyo de anarquistas, socialistas y comunistas. Las movilizaciones obreras se sintieron especialmente en las fábricas y alimentaron una rebelión que llegó a tener rasgos revolucionarios. Inmigrantes europeos familiarizados con las teorías socialistas y anarquistas en boga en sus países contribuyeron a impulsar las luchas de los trabajadores.

Las repercusiones

La masacre y la subsiguiente persecución del movimiento obrero estadounidense tuvieron amplia repercusión, no solo allí sino en todo el mundo. En primer lugar, causaron un fuerte impacto en los sectores patronales, que aceptaron el mismo año la jornada laboral de ocho horas.

Esta jornada había sido consagrada en el papel antes de los acontecimientos de Chicago, pero en forma parcial, pues solo comprendía a los empleados de las oficinas federales y los trabajadores de obras públicas. La norma se derivaba de la Ley Ingersoll, promulgada en 1868 por el presidente Andrew Johnson, pero ignorada en la práctica durante las dos décadas siguientes a pesar de los reclamos de los sindicatos.

A medida que estos fueron cobrando fuerza se multiplicaron las movilizaciones en busca de la aplicación plena de la ley, hasta desembocar en la tragedia de Chicago, cuya principal consecuencia fue la aceptación de la jornada laboral en Estados Unidos y el resto del mundo.

Por otra parte, el primero de mayo adquirió un enorme valor simbólico para el movimiento obrero mundial. En muchos países se formalizó su conmemoración en homenaje a los trabajadores y en esta fecha miles de ciudades presencian los desfiles y otras actividades con las que el sindicalismo recuerda a los ”mártires de Chicago”.

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De la conmemoración no participa Estados Unidos, al cual se sumaron Canadá y otros países de origen británico. La decisión estadounidense de borrar las huellas de la masacre llegó al punto de que la plaza Haymarket fue partida en dos por una autopista y un monumento conmemorativo que se había levantado en uno de sus costados fue reemplazado por un edificio.

En lugar del primero de mayo, en Estados Unidos se celebra el Labor Day el primer lunes de septiembre desde 1894, cuando el presidente Grover Cleveland lo estableció como un feriado nacional, buscando apaciguar al sindicalismo. Lo irónico es que lo hizo en medio de otra huelga de trabajadores ferroviarios que seguían reclamando por despidos arbitrarios, jornadas excesivas y bajos salarios.

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