El día que cambió mi perspectiva de la vida

Una joven fotógrafa venezolana cuenta cómo vivió el terremoto del martes en México.

Los mexicanos, independientemente de su estrato o condición social, se volcaron a las calles a ayudar. María José Gómez

Lo cierto es que nunca antes tuve que salir corriendo de mi casa con un miedo indescriptible y nunca pensé en mi fragilidad y que me podía morir hasta el 19 de septiembre del 2017 a las 13:14 minutos de la tarde. Yo personalmente no estoy acostumbrada a los temblores, lo máximo que había vivido no pasaba los 5 grados, en mi ciudad natal Caracas-Venezuela. Tengo un conocimiento básico de qué debo hacer a la hora de un terremoto, pero no es algo en lo que pensará constantemente.

Cuando logré salir de mi casa temblorosa, con lagrimas en los ojos aferrada a mi celular y mi cámara tratando de ayudar a mis vecinas –señoras de unos 60 a 80 años– que no lograban abrir la reja, para luego rezar todos juntos mientras terminaba de pasar el sismo y escuchar un fuerte crujido seguido de una cantidad de polvo que abarcó media cuadra, un edificio de la calle siguiente estaba a punto de colapsar.

Ahí comenzó un día que cambiaría totalmente mi perspectiva de la vida y de lo generosos que son mis paisanos mexicanos. Con mi cámara en mano, en ese momento decidí irme a documentar el Terremoto magnitud 7.1 que acababa de azotar a México, viéndose afectado Distrito Federal, Morelos y Puebla.

Me encontré con cientos de personas en la calle, buscando llegar a sus casas, tratando de comunicarse con familiares o simplemente parados tratando de entender qué  había ocurrido, se escuchaban gritos, explosiones, helicópteros y ambulancias. Pero de la nada esos gritos se convirtieron en peticiones “¿Quién sabe de primeros auxilios?” “Tú, corre hacia ya”, “¿Alguien tiene potes plásticos? nada de metal”, “¡Consigan pica piedras!” “Necesito una sierra”. Y es que los primeros en llegar a los edificios derrumbados no fue la Marina Mexicana o la policía, fue la sociedad civil, que con sus propias manos y con los conocimientos de cada uno se dispusieron a empezar a sacar a las personas que se encontraban enterradas.

A partir de ese instante se empezaron a sumar más y más voluntarios para ayudar en lo que fuera necesario, comienza a llegar el agua para los socorristas, comida, ayudar a encontrar a mascotas extraviadas, transportes, médicos, donaciones y cualquier petición se iba expandiendo de uno en uno hasta conseguirla. Se podía ver desde obreros hasta ejecutivos, todos con un solo clamor sacar a la mayor cantidad de personas posibles, se siente la humanidad en cada una de las personas sufriendo por el pesar del otro, por la angustia de haber sido uno de ellos el que se hubiese quedado atrapado o perdido su hogar y hacer todo lo posible para salvarles la vida.

Ahora el sonido es de motores, palas, familiares llorando y rezando por un milagro, socorristas y voluntarios dando ordenes, pero entre el aparente caos entorno a los operativos se ha creado un sistema visual  para pedir silencio, que nadie se mueva, agua y sigan trabajando. Así entre la fuerza del Estado y los voluntarios han logrado crear un equipo de trabajo que le está dando un ejemplo al mundo.

@Pandoramajo

 

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