Este miércoles, gran pulso entre oposición y Gobierno

El día que se cruzaron los destinos de Chávez y Guaidó

El nuevo líder de la oposición en Venezuela, Juan Guaidó, y el exmandatario Hugo Chávez comparten más de lo que se creía. Nacidos en la misma fecha, ambos se convirtieron en caudillos en momentos claves.

A los 35 años, Juan Guaidó se convirtió en el presidente más joven de la Asamblea Nacional. / AFP

Para las nuevas generaciones de venezolanos, 1999 puede ser el año más significativo en la historia reciente del país. No solo fue el comienzo oficial del primer gobierno de Hugo Rafael Chávez Frías, de una nueva Constitución, de una nueva nación y de un giro en Latinoamérica hacia la izquierda, que fue conocido como la poderosa “Marea rosa”.

En diciembre de ese año también tuvo lugar la Tragedia de Vargas, un desastre natural considerado como el peor que ha azotado Venezuela desde el gran terremoto de 1812, que por caer en un Jueves Santo los más católicos lo describieron como un “castigo divino”. Las fuertes lluvias en el estado de Vargas causaron tremendas inundaciones y deslizamientos de tierra. Para ese momento, en ese lugar hacia las costas caribeñas, vivía a sus 15 años Juan Gerardo Guaidó Márquez, hoy presidente de la Asamblea Nacional venezolana y el rostro más fresco de la oposición al oficialismo.

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Vargas, antes del desastre y antes de pertenecer a Venezuela, fue un municipio con gran densidad poblacional y un nivel de desarrollo económico e intelectual alto. Pero el 15 de diciembre de 1999, conocido como “el día en que la montaña avanzó hasta el mar”, todos los adelantos de su población mermaron. Sin datos oficiales, las víctimas de la tragedia varían entre los 1.000 y los 30.000. Algunos pueblos desaparecieron por completo y las pérdidas humanas y materiales forzaron el desplazamiento en la zona. Juan Guaidó era un muchacho cuando tuvo que sobrevivir a esa tragedia. Vivía con su madre y cinco hermanos menores. Él y su familia se quedaron sin casa y sin comunicación tras los derrumbes. “Sé lo que es tener hambre”, reconoce hoy tras los eventos de su accidentada adolescencia. Y a la vez que enfrentaba los flagelos de la naturaleza, Chávez establecía su revolución. Cuando ocurrió la tragedia, el exmandatario rechazó la ayuda estadounidense. Esa decisión fue la primera muestra de su obstinada forma de gobernar. Por ello, la oposición denunció su gestión durante esa crisis.

Veinte años han pasado desde entonces, y ahora que Guaidó ha surgido como una poderosa figura pública, el oficialismo todavía considera que sigue siendo un niño. “Es un muchacho jugando a la política”, dijo el presidente Nicolás Maduro. Pero Juan Guaidó ha demostrado madurez, y vino desde las sombras para representar el nuevo gran desafío al gobierno chavista.

Poco o nada se sabía de Guaidó hasta este año. Nació el 28 de julio de 1983. Una fecha significativa en Venezuela, pues se celebra el natalicio de Hugo Chávez. Luego de la tragedia, se graduó de bachiller del Instituto Los Corales en la promoción de 2000, y comenzó a estudiar en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, de la que en 2007 obtuvo el título de ingeniero industrial. Tal vez haya sido su experiencia personal la que lo motivó a conectarse a participar activamente en la comunidad. Guaidó fue miembro del centro de estudiantes de su facultad, por lo que recibió grandes distinciones tanto a nivel académico como el extracurricular. El mismo año en el que culminó su pregrado se vinculó al movimiento estudiantil de 2007, conocido también como la “Generación de 2007” de la que fueron partícipes Yon Goichochea, Juan Equesens, Stalin González, Miguel Pizarro y Freddy Guevara. Ellos, y miles de estudiantes, son recordados por tener la valentía de enfrentarse en las calles a la injusticia del gobierno de Chávez, que buscaba para entonces un referendo constitucional.

Tras su vínculo con ese movimiento social, Guaidó decidió devolverse a sus raíces, aquellas donde tuvo que pasar algunas de las más amargas noches de su vida. En 2008 se involucró en la campaña regional en el estado de Vargas, por el que se convirtió en diputado suplente en 2010 y más tarde en diputado titular en 2015. Pero Guaidó tenía en mente algo más grande que ocupar un cargo público. En 2009 su sueño se materializó al fundar, junto con un grupo de jóvenes y Leopoldo López, su propio partido: Voluntad Popular (VP).

“Una de sus principales virtudes es armar equipos. Entiende las distintas posturas y hace todo lo que está a su alcance para que sean una sola”, afirmó Juan Andrés Mejía, diputado de VP.

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Guaidó se fue haciendo paso con denuncias sobre la corrupción del país mientras la crisis comenzaba a evidenciarse. Algunas de sus intervenciones más particulares son las que vienen de una de sus mayores pasiones personales: el béisbol. Guaidó ha denunciado el desfalco en la construcción de estadios, desorden en la liga nacional y sus patrocinios. Pero pese a que estaba dentro del juego, Guaidó estaba ausente de las primeras planas, de cualquier noticia. “De verdad, no sabía quién era. Ojalá no nos defraude”, reconoció a la AFP José Hernández, un administrador asistente a uno de los actos de apoyo al político.

Pero el 5 de enero se reveló al mundo. La Asamblea Nacional lo eligió presidente del organismo, el más joven de la historia en ocupar el cargo. Y de repente, el 11 de enero, su nombre tomó fama mundial. Esa tarde, Guaidó afirmó que tenía las capacidades para asumir la Presidencia del país de forma interina y el órgano legislativo que preside lo confirmó en el cargo, aunque la decisión no fue respaldada por la justicia de línea oficialista. A través de su voz, la mayoría opositora del Parlamento declaró usurpador a Nicolás Maduro, quien un día atrás había tomado las riendas del país por un nuevo período.

Desde el exterior llegaron voces de apoyo, como las del secretario general de la OEA, Luis Almagro, quien le pidió asumir el poder. Guaidó también encontró poderosos aliados en Brasil y Estados Unidos. El vicepresidente estadounidense, Mike Pence, reconoció su “valiente liderazgo” y le dijo que tenía el apoyo de Washington. “El reconocimiento internacional generalizado y persistente del Parlamento y el apoyo a Guaidó también podrían hacer de la oposición un acto más relevante en una transición política. Aun así, sigue estando profundamente dividida, con poca capacidad para afectar el cambio político”, advirtió el centro de análisis de riesgo Eurasia Group.

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Del oficialismo solo llegaron burlas como era de esperarse, “presidente de Wikipedia”, lo condenó Maduro. Pero tan veloz como su ascenso político fue el tiempo que tardaron en llegar las amenazas en su contra. La ministra de Servicios Penitenciarios, Iris Varela, le insinuó a Guaidó que ya tenía lista su celda apenas se declaró presidente interino. Y en menos de 48 horas, ese intimidante escenario parecía convertirse en realidad.

El domingo 13 de enero el servicio de inteligencia lo detuvo por menos de una hora. De nuevo hubo pánico en la oposición, pues sus caudillos suelen tener un destino atroz: Henry Ramos Allup, Julio Borges y Omar Barboza, quienes también presidieron el Legislativo desde 2016 cuando le propinaron la peor derrota de la historia del chavismo y se consolidaron como la mayoría en el Parlamento, fueron perseguidos.

“Este es un juego complicado. Es un país acostumbrado al personalismo y al caudillismo, y se está colgando una carga grande sobre Juan. El cambio no depende de él, sino de todos”, afirma el diputado Mejía.

Aunque Guaidó superó su primera prueba contra el oficialismo, el reto real, como afirman analistas, proviene desde su mismo bando. El presidente de la Asamblea Constituyente, Diosdado Cabello, aseguró que Guaidó solo es el plato fuerte de las hienas de su partido, y dentro de ese comentario se esconde algo de verdad. En los peores momentos la oposición se ha visto despedazada por la falta de unidad. La oposición está fracturada no solo por la desaparición de sus líderes que hoy permanecen en el exilio o encarcelados, sino por el descontento que nace en una parte de sus seguidores.

“Es fácil para la oposición articularse circunstancialmente alrededor de demandas de salida de Maduro, pero el verdadero reto es unirse en torno a una estrategia real, un plan de acción y un liderazgo único”, afirma el analista Luis Vicente León.

Todo indica que Guaidó tiene una estrategia en mente para liderar. Los puntos clave son lograr el quiebre del apoyo militar, decisivo para el sostenimiento de Maduro, reactivar las protestas y poner un cerco diplomático económico contra el gobierno, aprovechando el apoyo del exterior. “La clave es la Fuerza Armada, dirigida por una cúpula que teme perder su influencia política y económica, y un cambio de gobierno. La oposición relanzó su estrategia, pero falta mucho más que una base constitucional para lograr el cambio. Hace falta un apoyo más determinado de la comunidad internacional y que las protestas obliguen a la Fuerza Armada y al aparato represivo a ceder”, dice Diego Moya-Ocampos, del IHS Markit de Londres.

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El presidente de la AN ya ha avanzado en estos aspectos. Luego de que el Parlamento comunicara sobre un proyecto de amnistía para aquellos que colaboren al cambio en Venezuela, Juan Guaidó recibió apoyo de un grupo de militares en el exilio. El Legislativo ha pedido a la comunidad internacional congelar activos y cuentas de los funcionarios del gobierno, y el nuevo líder de la oposición convocó una gran movilización para este 23 de enero. Será el primer pulso entre el gobierno y la oposición desde las protestas violentas de agosto de 2017, que acabaron con 125 muertos, pero también el primer termómetro para conocer la influencia de Guaidó en la gente.

“El régimen pretendió detenerme, pero nada ni nadie nos detendrá. Seguiremos adelante por nuestra Venezuela. Somos sobrevivientes y vamos a sobrevivir porque creemos y estamos convencidos de que Venezuela tiene que ser mejor… si atrapan a Juan Guaidó, va a surgir otro porque esta generación no descansa y no va a descansar”, expresó el joven opositor.