El día que Trump dejó de querer a Tillerson

Eran los mejores amigos hasta que el secretario de Estado comenzó a distanciarse de las opiniones del mandatario estadounidense.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. AFP

Rex Tillerson lo confesó unas semanas después de posesionarse como Secretario de Estado: “Yo no quería este trabajo, no lo busqué, fue mi esposa la que me dijo que debía hacerlo”. Tillerson había trabajado durante 40 años en la petrolera Exxon durante 40 años y planeaba su retiro en 2017. Pero llegó su amigo de marras, Donald Trump, ya instalado en la Casa Blanca, y le propuso ser su canciller. El exitoso ingeniero lo pensó dos veces, pero ante el ofrecimiento, su esposa lo convenció con esta frase: “Te dije que Dios no ha terminado contigo”.

En algo tenía razón la esposa del futuro Secretario de Estado. No habían terminado con él. Aunque no era Dios, el trabajo se lo propuso el propio Trump.

Antes de que su amigo cayera en desgracia, el presidente le dedicó palabras muy sentidas para que el Senado aprobara su nominación –“la carrera de Rex Tillerson es la encarnación del sueño americano (…) Su tenacidad, amplia experiencia y profundo conocimiento de la geopolítica hacen de él una excelente opción para el cargo de secretario de Estado. Es uno de los más hábiles líderes empresariales y negociadores internacionales del mundo”.

Logró ponerlo al frente del Departamento de Estado, pero pronto comenzaron los choques. Cuando la Casa Blanca tomó medidas contra Catar, impulsadas por Arabia Saudita, Tillerson tuvo que aplacar las palabras de su jefe y ser muy prudente animando a los países a “sentarse y abordar sus diferencias”. Con Corea del Norte, donde el mandatario ha dicho que está dispuesto a la opción más radical, Tillerson matizó las palabras de Trump y aseguró que el diálogo siempre estaba sobre la mesa.

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En el tema de Afganistán, Trump anunció la nueva estrategia de su gobierno diciendo que realizarían más ataques y que habría más tropas. Tillerson tuvo que salir y declarar que “los talibanes tienen un camino hacia la paz y la legitimidad política a través de un acuerdo político negociado para poner fin a la guerra”.

Pero según The New York Times y The Washington Post, la gota que rebosó la paciencia (¿la tiene?) de Trump fue la respuesta de Tillerson sobre la violencia racial en el país. Dijo que Trump expresaba “sus propios valores y que estos deben ser considerados aparte de los de Estados Unidos cuando se trata de raza”. Días antes el presidente había comparado moralmente a los neonazis con las personas que protestaron en Charlottesville (Virginia).

Tillerson fue director del United Negro College Fund, una organización estadounidense que financia becas para estudiantes negros y apoya a las universidades y colegios históricamente afroestadounidenses.

¿Quién es el estúpido?

En Washington, se considera cada vez más a Tillerson, Mattis, Kelly y al jefe del Estado Mayor Conjunto, Joseph Dunford, como amortiguadores que contienen al impulsivo presidente.  

Kelly ha trabajado para controlar el flujo de información que pasa por el escritorio de Trump e impuso una estructura de toma de decisiones que no existía en los primeros días de la administración.  “La Casa Blanca se ha convertido en una guardería para adultos”, dijo el senador Bob Corker el fin de semana, en una asombrosa reprimenda pública por parte de un republicano que hizo campaña por Trump y preside el Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

La salida de Tillerson sería un duro golpe para aquellos que esperan templar a Trump y detener lo que Corker describió como "el camino a la Tercera Guerra Mundial". Y no podía llegar en un momento más sensible diplomáticamente. Trump está preparado para enfrentar a Irán, al cuestionar el importante acuerdo nuclear a fines de esta semana, y parece dispuesto a aumentar las tensiones con Corea del Norte.

Tillerson también está destinado a desempeñar un papel importante en la preparación del monstruoso viaje de Trump a Asia el próximo mes, que lo llevará a Japón, Corea del Sur, China, Vietnam y Filipinas.  Aun así, no está para nada claro cuánto tiempo un secretario de Estado que ha perdido la confianza del presidente puede permanecer en su puesto.

"Cuando los funcionarios del gabinete trabajan para un presidente con el que tienen desacuerdos fundamentales, nada bueno llega", opinó Julian Zelizer, profesor de historia y asuntos públicos de la Universidad de Princeton.

La semana pasada, Tillerson se vio obligado a negar un informe de NBC News según el cual él había llamado al presidente "estúpido" después de una reunión en julio en el Pentágono. "Él es inteligente", dijo el jefe de la diplomacia estadounidense en rueda de prensa, en alusión a Trump.

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Sin embargo, algo sobre el incidente parece molestar al mandatario. "Creo que es una noticia falsa", dijo Trump a la revista Forbes. "Pero si lo hizo, creo que tendremos que comparar las pruebas de coeficiente intelectual y puedo decirte quién va a ganar", indicó en una entrevista.

La reprimenda de Trump en Twitter reavivó rumores de que Tillerson no está contento con su puesto, aunque el exdirector ejecutivo de ExxonMobil ha insistido en que no tiene intención de renunciar.

Las declaraciones se conocieron horas antes del encuentro programado entre ambos hombres en la Casa Blanca para almorzar con el secretario de Defensa, Jim Mattis. Antes de esa reunión, Trump insistió en que aún tenía confianza en el secretario de Estado. "No he socavado a nadie. No creo en socavar a la gente", aseguró.

Pero integrantes de la Casa Blanca admitieron que la negativa de Tillerson a negar directamente el reporte de NBC News sólo alimentó las diferencias entre ambos hombres.