Alejandro Cao de Benós es el único occidental con contactos en el gobierno de Corea del Norte

El español más norcoreano del mundo

Un supuesto envenenamiento del presidente de Corea del Norte, Kim Jong-Un, puso de nuevo los ojos del mundo sobre ese país, que amenaza con iniciar una guerra nuclear en caso de ser atacado por Estados Unidos. Un occidental que tiene relaciones con ese gobierno.

El español Alejandro Cao de Benós cree que Norcorea sigue siendo el país de las mañanas serenas. Esa fue la descripción de un emperador chino en el año 1934, antes de Cristo y a él le quedó gustando. “Sobre todo Corea del Norte, porque no la ha tocado Occidente”, se apresura a aclarar. Cao habla sobre el país más misterioso del mundo con la confianza que le da su cargo. Lo repite con firmeza en entrevistas, redes sociales y conferencias: delegado especial de relaciones culturales de la República Democrática de Corea con países extranjeros.

“Estuve en Corea del Norte a mediados del año pasado y la vi increíble. El despliegue económico es impresionante. Cada mes hay un nuevo hospital, una nueva vivienda, nuevas facilidades de todo tipo”. La prensa española lo ha llamado “charlatán”, “mentiroso”, “pantallero”, sobre todo después de equivocarse en sus predicciones sobre el sucesor de Kim Jong-Il, que resultó siendo su hijo Kim Jong-Un, el actual “líder supremo” de Corea del Norte. En efecto, se equivocó. Sin embargo, esos mismos medios, como El País, de España, o El Mundo, lo han llamado para otras cosas: para entrevistarlo sobre eventos de la coyuntura que tiene que ver con Pyongyang, o, en otras ocasiones, para entrar a ese país. Y Cao ha ayudado a varios periodistas a cumplir su sueño: ingresar al lugar más hermético del planeta, el último misterio que nos queda, tal vez.

Por ejemplo, el periodista Álvaro Longoria lo logró gracias a Cao, quien lo acompañó durante el rodaje y terminó siendo un personaje de la historia. El resultado se llama The Propaganda Game, un documental nominado a los Premios Goya, disponible en Netflix. No sólo llevó a Longoria, también a la cadena RT, Al Jazeera y ABC. Según cuenta él, a estos se suman la Cadena Nacional de Grecia y —dice— los medios más importantes del mundo. Entonces parece que Cao tiene razón cuando dice que, hasta el día de hoy, en lo que va de la historia de la Península, él es el único occidental en tener un cargo en el gobierno de Corea del Norte. Es el puente más cercano entre nosotros y ellos. Incluso, es un norcoreano más. Tiene nombre y todo. Cuando Alejandro Cao de Benós va a Corea, se convierte en Cho Sŏn-il. Y su nombre significa “Corea es una”.

¿Qué hace el delegado especial de relaciones culturales de la República Democrática de Corea con países extranjeros?

Mi trabajo es mantener relaciones con todas las personas que quieran establecer algún tipo de contacto con Corea, como una primera toma de contacto.

¿Qué fue lo más difícil de su proceso para obtener este cargo?

Bueno, la principal dificultad de cara a Corea es la desconfianza, por ser extranjero. Fue un proceso de 12 años hasta que obtuve su confianza y, cuando te la ganas, es para toda la vida. Por el lado de España, la persecución política ha sido muy difícil.

¿Cómo lo persiguen?

Espionaje a mis conversaciones, intentos de sabotear mis conferencias. Actualmente me encuentro con el pasaporte retenido por un caso menor que tiene que ver con mi licencia de armas, un caso en el que ni siquiera hay fiscal.

¿Hay prensa en Corea?

Sí, claro. Tenemos prensa. Tanto televisión como prensa escrita y radiofónica. Yo también me desempeño como periodista de la República de Corea.

¿Y cómo obtienen la información con un internet tan restringido?

Está restringida, pero tenemos internet; es decir, la gente no tiene internet en la casa. Pero en lugares públicos, como bibliotecas, usted puede acceder de manera controlada. Además tenemos, obviamente, conexión satelital; vemos canales como CNN y agencias internacionales.

¿Saben entonces los norcoreanos sobre el supuesto intento de envenamiento a su presidente, Kim Jong-Un? ¿Qué pasó?

Sí. Lo que pasa es que tenemos 50 mil personas estudiando en el exterior. Una de estas fue captada por la central de inteligencia norteamericana y le ofrecieron 200.000 dólares para extraer información sobre nuestro líder y le dieron unas sustancias bioquímicas y veneno basado en nanotecnología para asesinarlo. Lograron detectarlo y detenerlo.

¿Ha querido renunciar a su cargo cuando escucha sobre las frecuentes denuncias de atentados contra los derechos humanos en Corea del Norte?

No, porque sé que son falsas. Son pura propaganda.

Personas que han huido de Corea del Norte denuncian que la calidad de vida de la gente es muy precaria. ¿Qué siente cuando las escucha?

Yo conozco al presidente de la Asamblea nacional norcoreana, a los principales ministros. Viven no solo como el resto de la población, en ocasiones todavía de una forma aún más humilde porque ellos no tienen vacaciones. Todo el mundo en Corea estudia, trabaja o sirve en el Ejército. No existe ni el desempleo ni los mendigos. Países capitalistas como Colombia o España no pueden decir lo mismo.

Crece la confrontación con EE.UU. ¿Puede haber una guerra en la Península?

Sabemos que teniendo armas nucleares y misiles intercontinentales que puedan golpear sobre territorio norteamericano, los Estados Unidos no se van a atrever a atacar a Corea de forma natural e imperialista como han hecho con Siria, con Afganistán y Libia. Nuestra capacidad nuclear, demostrada a través de las cinco diferentes pruebas nucleares y los cuatro satélites artificiales que se han lanzado, demuestran la capacidad balística de Corea del Norte. Sabemos que Trump nunca se atreverá a cruzar la línea roja, porque si lo hiciera entraríamos en una guerra termonuclear en la que se vería afectado todo el mundo. No creo que los americanos se atrevan a dar el paso de invadir.

Por ese mismo motivo no se va a producir una guerra en la península. Es cierto que en el pasado Corea prácticamente no tenía arsenal. En la guerra de Corea del año 1950, en la que participaron incluso militares colombianos bajo órdenes norteamericanas, Colombia en este caso como gobierno títere de los Estados Unidos, participó en la invasión de un país que no tenía nada que ver con ellos. Otras 14 naciones también lo hicieron. Nueva Zelanda, Grecia, en fin. Desde entonces, la guerra quedó abierta. Oficialmente, nosotros todavía estamos en guerra con los Estados Unidos. Quisimos hacer un acuerdo de paz, no se pudo y de igual forma el ejército siempre ha estado preparado e para responder ante cualquier ataque norteamericano. Un simple de ataque de Estados Unidos contra Corea del Norte desencadenaría una guerra nuclear, porque responderíamos con todo nuestro arsenal, primero destruyendo las bases norteamericanas en el Pacífico.

 

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