El Espectador le explica: ¿Cómo se enseña en las escuelas de EE. UU. la historia del 11 de septiembre?

En 2001 el mundo fue testigo de uno de los ataques terroristas más mortales de la historia reciente en Estados Unidos. Casi dos décadas después, el reto para los profesores del país es encontrar la forma adecuada de enseñarle a las nuevas generaciones qué fue lo que ocurrió. ¿Cómo lo están haciendo? El Espectador le explica.

En esta foto de archivo tomada el 11 de septiembre de 2001, un hombre se para entre los escombros y grita preguntando si alguien necesita ayuda, después del colapso de la primera Torre del World Trade Center en la ciudad de Nueva York.AFP

Han pasado 18 años desde que los trágicos ataques terroristas contra las Torres Gemelas en Nueva York conmocionaron al mundo. Lo que parecía ser una cálida mañana habitual en Manhattan se convirtió, al final de la jornada del 11 de septiembre de 2001, en el día que partió la historia moderna en dos y en el inicio de un nuevo siglo complejo para todos. En un operativo planificado durante meses, 19 terroristas de la organización paramilitar Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales con el objetivo de usarlos como misiles y chocarlos, con sus pasajeros a bordo, contra los símbolos del poder político, económico y militar de Estados Unidos. Tres de las cuatro aeronaves cumplieron su misión. Dos impactaron contra las torres del World Trade Center en el corazón financiero de los neoyorquinos, y una tercera fue estrellada contra el edificio del Pentágono en Virgina. Los pasajeros de un cuarto avión, enfrentando a los secuestradores, frustraron el intento de convertir la aeronave en un misil dirigido al Capitolio en Washington D.C., pero murieron tras su heroico acto.

El 11 de septiembre fue terrible y confuso para la mayoría de los estadounidenses. Esos ataques terroristas condujeron a una guerra, ahora altamente criticada hasta por quienes en un principio la apoyaron. Estados Unidos se convirtió en un país con más temores, y también en una nación más hostil. El mundo cambió desde entonces, pero las secuelas quedan. En Nueva York, epicentro de la tragedia, año tras año recuerdan a las víctimas de la tragedia. Aún los ciudadanos que vivieron de cerca aquella jornada sufren las consecuencias del desplome de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Las enfermedades respiratorias por las partículas tóxicas que se liberaron en la ciudad tras el desplome de los edificios se multiplicaron, al igual que los trastornos mentales en quienes vivieron de cerca el ataque. Ahora, los profesores que trabajan en escuelas primarias y secundarias buscan encontrar la manera adecuada de enseñarle a sus estudiantes qué y por qué ocurrió todo esto. Las Torres Gemelas, y todo lo que gira en torno a ellas, son una lección de historia moderna.

El #Neverforget (Nunca Olvides) se convirtió en un lema nacional de Estados Unidos sobre los ataques. Pero ahora, las aulas escolares están llenas de estudiantes que no estuvieron vivos en ese momento. Lauren Hetrick tenía 16 años cuando ocurrieron los ataques en Nueva York. Ese día, en su escuela, su maestra de francés puso la televisión en clase para ver las noticias de lo que pasaba en Manhattan. Ella y sus compañeros de salón observaron en vivo el impacto del segundo avión. Pero Hetrick no entendía por qué su profesora estaba tan impactada por ello. Hoy, después de convertirse ella misma en maestra, lo entiende. Al igual que muchos de sus colegas, Hetrick se enfrenta al reto de enseñarles a las nuevas generaciones, que no vieron como ella los ataques en vivo, qué fue lo que ocurrió. Hay dos retos esencialmente en su labor. El primero es desapegarse un poco de la carga emocional de ese día para que no interfiera con su profesionalismo. El segundo, encontrar herramientas para que las nuevas generaciones se interesen por la historia.

Los ataques del 11 de septiembre son un evento histórico sensible, no solo por las dramáticas escenas de aquella jornada, sino porque las consecuencias de ese día continúan presentes hoy y siguen evolucionando. Según un estudio de 2019, el método más popular para enseñar sobre este tema es proyectar un documental o un video. El segundo es discutir los eventos actuales relacionados con los efectos del 9/11. El tercero es compartir las experiencias personales para que los estudiantes entiendan el impacto emocional que las personas sintieron ese día. Vea también: Trump y el fracaso de su “show” diplomático con los talibanes

Justo esta semana, en la que se celebra el aniversario dieciocho de los ataques, se estrenaron dos documentales enfocados hacia una audiencia más juvenil. El primero de ellos es El único avión en el cielo, que relata los momentos más perturbadores de ese día. Cuenta con los mensajes de voz que los pasajeros dentro de los aviones secuestrados les enviaron a sus familias; las imágenes de los trabajadores dentro de las Torres Gemelas que, desesperados por el calor dentro de los edificios, saltaron al vacío para morir; y la orden del presidente George W. Bush para que los aviones de combate derribaran a cualquier avión comercial que se encontrara en el cielo estadounidense y se negara a aterrizar.

El segundo es un trabajo de dos partes. El primero se llama Lo que sucedió el 11 de septiembre, cuenta la historia de la jornada y de las causas que llevaron a Al Qaeda a planificar el ataque. La segunda parte, titulada En las sombras de las torres, se centra en los recuerdos que los estudiantes de escuelas ubicadas cerca de las Torres Gemelas tienen sobre los ataques. Los relatos de qué fue lo que vieron, escucharon y olieron los niños es crudo, pero según su autora, Amy Schatz, es una herramienta que necesitan los jóvenes para comprender el mundo que los rodea.

Las escuelas secundarias se están enfocando en resaltar las historias de socorristas y héroes de ese día. También, los maestros están hablando más sobre cómo las libertades civiles de los estadounidenses cambiaron después del 9/11. En estos dos casos, resaltando las experiencias personales. Los libros de texto han pasado a un tercer plano, pues los maestros prefieren usar sitios web o planes de estudio específicos producidos por organizaciones educativas sin fines de lucro para alimentar sus clases. Estas últimas se han convertido en grandes aliadas de las escuelas que no cuentan con recursos para renovar los textos escolares.

El Memorial Museum en Nueva York, por ejemplo, ofrece una línea de tiempo interactiva y contenido de gran variedad para todas las edades como la historia de los perros rescatistas, para los más pequeños, y pautas para luchar contra los estereotipos negativos sobre los musulmanes, para los educadores.

Los maestros de todo el país ahora tienen acceso a un banco de planes de lecciones y guías de enseñanza en línea gratuitas a través de sitios como Newseum.

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- Redacción Internacional

El Mundo

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