El Espectador le explica: la huelga contra reforma pensional que hace temblar a Francia

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El fantasma de los "chalecos amarillos" persigue al presidente francés Emmanuel Macron. Para mañana diferentes grupos activistas y sindicatos convocaron a unas masivas manifestaciones que podrían desembocar en una ola de protestas similar a la que empezó en 2017.

Casi un año después de que estallaran las protestas de los "chalecos amarillos", unas de las más intensas en los últimos tiempos en Francia, el presidente Emmanuel Macron está a punto de tener que maniobrar de nuevo con unas manifestaciones. Y es que la huelga convocada para mañana contra la reforma de las pensiones promovida por el mandatario amenaza con paralizar un país en el que se esperan fuertes perturbaciones en el transporte y el cierre de un gran número de escuelas o instituciones culturales.

Las alarmas se intensificaron más aún porque, según el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos de Francia, Macron ha alimentado aún más la "sensación de ira y rebelión" de los franceses contra sus presidentes. Los principales reclamos vienen de los sindicatos CGT, FO, FSU, Solidaires, UNL y UNEF, quienes lanzaron su llamamiento porque consideran que el nuevo régimen previsto disminuirá la cuantía de las pensiones y "degradará los derechos de todos, especialmente de los más precarios y de las mujeres".

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¿En qué consisten las reformas?

 

El Ejecutivo quiere sustituir los 42 regímenes actuales por un sistema por puntos en el que cada euro cotizado dé los mismos derechos al alcanzar la jubilación. Acabaría con ello, en teoría, con los beneficios de los que gozan la Sociedad Nacional de Ferrocarriles (SNCF) o la entidad del transporte metropolitano de París RATP, que pueden retirarse a partir de los 52 a 57 años, según las categorías, frente a los 62 años del resto.

Esa es la razón por la que se espera una paralización masiva en el transporte: solo circularán uno de cada diez trenes de alta velocidad TGV, de los cercanías de París y de los largo recorrido Intercités, y uno de cada cinco regionales (TER), mientras que el tráfico internacional se verá "muy perturbado", según la SNCF.

Los trenes entre Francia e Italia, Alemania han sido anulados. Entre Francia y España sólo habrá un servicio de ida y vuelta. Los cortes, que empiezan a notarse a partir de este miércoles por la tarde, afectarán mucho a los trenes de cercanías de la región parisina: en líneas como la que va a los aeropuertos de Charles de Gaulle y Orly, solo habrá uno de cada cinco. En el metro parisino se han suspendido once líneas, otras tres funcionarán con restricciones solo en las horas puntas, y las dos automatizadas que garantizan los desplazamientos, la 1 y la 14, podrían verse saturadas.

Las autoridades han instado a los ciudadanos a privilegiar formas de desplazamiento alternativas, como compartir el coche en desplazamientos. Las previsiones en el transporte aéreo no son más alentadoras: la Dirección General de la Aviación Civil (DGAC) recomendó a las aerolíneas suprimir el 20 % de los trayectos con origen o destino en Francia, aunque en realidad el porcentaje final será mucho más elevado. 

Air France ha tenido que cancelar el 30 % de su programa habitual y no descarta tener que suprimir una parte adicional sobre la marcha. Los sobrevuelos del espacio aéreo francés, al menos de forma directa, no deberían verse afectados porque los controladores deben darles prioridad. Se prevé que el seguimiento de la que llegue al 55 % en los colegios en toda Francia, y al 78 % solo en París, lo que obligará a cerrar todas las escuelas en la capital menos tres y una de cada tres en el conjunto del país. 

Teatros como el de los Campos Elíseos han anulado su representación del día y museos como el de Orsay han cancelado su apertura nocturna. La manifestación principal prevista para el jueves, en París, partirá a las dos de la tarde desde la Estación del Norte hasta la plaza de Nación, y las autoridades han movilizado a cerca de 6.000 policías y gendarmes y recomendado el cierre de los comercios en todo el recorrido.

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El fantasma de los "chalecos amarillos"

 

Tanto el ministro del Interior, Christophe Castaner, como el prefecto de Policía, Didier Lallement, advirtieron de la presumible presencia de grupos violentos, como los que han perturbado en el último año las protestas de los "chalecos amarillos". Este "jueves negro" podría alargarse más días. Los sindicatos convocantes decidirán si siguen combatiendo en las calles un proyecto de reforma que ya figuraba en el programa electoral de Macron en 2017.

Y es que el fantasma de los chalecos amarillos amenaza con revivir una ola de protestas que su momento puso contra las cuerdas a Macron. El detonante de ese movimiento: el alza de los precios de los carburantes. Su nombre hace referencia a las prendas fosforescentes que debe utilizar todo automovilista en Francia en caso de incidente en una carretera para tener mayor visibilidad.

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Respaldado principalmente por la gente que vive en la periferia, provincias o zonas rurales, se convirtió en un movimiento más amplio contra la política tributaria del gobierno, que muchos consideran que favorece a los más ricos.

"El movimiento de los chalecos amarillos emergió en un momento en el que el sentimiento de injusticia fiscal era particularmente fuerte", explica Alexis Spire, director de investigación del CNRS. "No se está cuestionando el impuesto en si, sino la idea de que no está siendo repartido equitativamente", añade este analista.

Según datos oficiales las protestas dejaron 11 muertos y más de 4.000 heridos, entre manifestantes y policías. Además, al menos unas 8.400 personas fueron arrestadas.

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