El Espectador le explica: ¿Por qué siguen muriendo cientos de migrantes en el Mediterráneo y a nadie le importa?

Las tragedias en el Mar Mediterráneo hacen parte del paisaje en pleno verano europeo. Ese lugar, que desde hace años es un verdadero cementerio de migrantes, hoy vió como 116 personas desaparecían en un desesperado intento por llegar a Europa.

Cada año, durante el verano, aumentan las cifras de migrantes muertos en el Mediterráneo. EFE

El verano europeo atrae turistas de todo el mundo. Los gobiernos reciben masivos grupos de personas que llegan a disfrutar de sus vacaciones. Sin embargo, hay un gran número que, durante esta época, no llega al continente a divertirse, sino por una cuestión de supervivencia. Los migrantes africanos aprovechan el clima favorable para intentar cruzar el mar mediterráneo con la menor cantidad de peligros. Libia es posiblemente el destino favorito de salida, pues es el punto de menor distancia con suelo europeo. Sin embargo, para llegar al “cielo” deben atravesar un infierno en un país que sumido en la violencia. 

Una de las últimas frases del excéntrico exmandatario de Libia, Muammar Gaddafi, asesinado en octubre de 2011, anticipó lo se vive actualmente en Libia: "Yo personalmente juego un papel estabilizador en la región de África. Si la situación en Libia se desestabiliza, aquí Al Qaeda mandará. Libia se convertirá en el segundo Afganistán y los terroristas llenarán Europa". Ahora, se libra una guerra interna entre dos gobiernos, el del comandante Jalifa Hafter, y el de Fayez Sarraj, instalado en Trípoli y apoyado por Estados Unidos y una buena parte de la comunidad internacional. Ambos aseguran ser los legítimos gobernantes, pero lo único que dejan a su paso es sangre y fuego. 

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El caos inevitablemente favorece a las mafias que manejan migrantes y les cobran astronómicas sumas de dinero para ofrecerles no la llegada a Europa, sino una pequeña oportunidad en un bote que muchas veces excede su capacidad y no cuenta con las condiciones mínimas de seguridad, lo que aumenta la posibilidad de morir en el intento. Cuando el viento del verano sopla comienzan a llegar el tipo de noticias como la de hoy, en la que se detectó un naufragio de dos grandes embarcaciones frente a las costas libias en las que la ONU estima que murieron 150 personas, mientras que otras 134 fueron socorridas y salvadas.

Consecuencias del caos

Antes del naufragio anunciado el jueves, la ACNUR y la Organización Mundial para la Salud (OIM) habían registrado al menos 426 personas muertas tratando de cruzar el Mediterráneo desde el inicio del año. Solo la cifra de hoy representa casi un cuarto del total de muertos en lo que va de 2019. Il Corriere della Sera, tiene números más escalofriantes. Según el medio italiano desde el 3 de octubre de 2013 hasta el 23 de junio de 2019 hay 18.434 muertos y desaparecidos en el mar Mediterráneo. 

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Pese a la persistente inseguridad, Libia sigue siendo un importante lugar de tránsito de migrantes que huyen de los conflictos y la inestabilidad en otras regiones de Africa y Oriente Medio. El resultado, sin embargo, se refleja con muertos y violaciones a los derechos humanos. Como antecedente, el pasado 3 de julio un ataque de Hafter cobró la vida de al menos 53 migrantes e hirió más de 100 que se encontraban en el centro de detención de la ciudad de Tajura, en el distrito de Trípoli. 

Terreno fértil para las actividades ilícitas

Los migrantes que sobreviven a las bombas, los disparos y la violencia, tienen que soportar todo tipo de abusos por parte de las autoridades libias. Un informe de la ONU, publicado a finales del año pasado, denunció “violaciones, asesinatos, torturas, detenciones arbitrarias, abusos sexuales en grupo, esclavitud y extorsión a esta población, crímenes que estarían sucediendo bajo la aparente complicidad de funcionarios públicos y hasta representantes de varios ministerios del país”. Los datos se recopilaron con base en testimonios de más de 1.300 migrantes entrevistados tanto en Nigeria como en Italia, en los que relataban las terribles condiciones a las que fueron sometidos. 

"El clima de anarquía en Libia proporciona un terreno fértil para las actividades ilícitas como la trata de personas y el contrabando, y deja a los migrantes y refugiados a merced de innumerables depredadores que los ven como productos para ser explotados y extorsionados ", asegura el informe.

Sobre el tema, Michelle Bachelet, alta Comisionada para los Derechos Humanos aseguró: “Si se abordase la impunidad generalizada no sólo se lograría acabar con el sufrimiento de decenas de miles de mujeres, hombres y niños migrantes y refugiados que solo buscan una vida mejor, sino que también se conseguiría socavar la economía ilícita paralela construida sobre el abuso de esas personas, y ayudaría a establecer la ley y el orden y las instituciones nacionales”. 

Europa, ¿el problema?

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Uno de los peores golpes para las personas que buscan llegar a Europa ha sido el ascenso de los gobiernos de ultraderecha en el viejo continente. Por eso, las organizaciones SOS Méditerranée y Médicos sin Fronteras (MSF) reclamaron este lunes a la Unión Europea, o al menos a un grupo de sus países, un sistema de solidaridad que ponga fin a la inestable situación de los barcos de salvamento en el Mediterráneo Central.

"Hace un año que Europa anunció mecanismos que todavía no se han puesto en marcha. Necesitamos que, como mínimo algunos Estados, se pongan de acuerdo para mostrar el camino", dijo Sophie Beau, la cofundadora de SOS Méditerranée en una conferencia de prensa en París.

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"Los últimos acontecimientos en Libia muestran que es necesario que los Estados europeos encuentren una solución", destacó Frédéric Penard, director de operaciones de SOS Méditerranée. Por su parte, Beau resaltó que no puede permitirse otra vez que tengan que cruzar el Mediterráneo como ocurrió en junio pasado cuando el "Aquarius" tuvo que desembarcar en Valencia a 630 inmigrantes que había recuperado frente a las costas de Libia tras las negativas de Italia y Malta a que atracara en sus puertos.

Hassiba Hadj-Sahraoui, de MSF, hizo hincapié en que el mecanismo de solidaridad no puede recaer solo en los Estados costeros: "no podemos dejar a Grecia e Italia toda la responsabilidad para acoger a los inmigrantes". Todo esto con el antecedente del anuncio de la semana pasada del primer ministro italiano, Matteo Salvini, en el que aseguró: "Italia ya no está dispuesta a acoger a todos los inmigrantes que lleguen a Europa" y que Francia y Alemania no pueden decidir las políticas migratorias "ignorando las necesidades de los países más expuestos".

 

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redacción internacional

El Mundo

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