El hombre que creyó que sólo él podía gobernar Yemen

El expresidente yemení, Alí Abdalá Saleh, murió esta semana a manos de sus aliados. ¿Qué pasó?

El expresidente Alí Abdalá Saleh murió en Saná en medio de fuertes enfrentamientos con rebeldes hutíes. / AFP

Tras gobernar durante más de tres décadas, de ser el único presidente del Yemen unificado, Alí Abdalá Saleh dejó un legado de corrupción y crisis en el país más pobre de la península arábiga. Este poderoso líder, que siempre creyó que solo él podía controlar el país y mantenerlo unido, encontró finalmente la muerte, según se dice, a manos de sus exaliados, los hutíes (aunque no se descarta la responsabilidad de otros actores). Ya había sobrevivido a un atentado, en junio de 2011.

Nacido el 21 de marzo de 1942, tras integrarse a las fuerzas armadas del país, Saleh participó en la guerra civil de la década de los sesenta y ascendió rápidamente como coronel del ejército. Después del homicidio del entonces presidente, Ahmed Husein al-Gashmi en 1978, es él quien asume el más alto cargo de la República Árabe de Yemen (RAY, en ese entonces Yemen del Norte) y a partir de 1990 del país unificado, tras derrotar a la República Democrática de Yemen (RDY, Yemen del Sur).

Su gobierno se basó en un sistema de redes de patronazgo, caracterizado por un fuerte centralismo en cabeza del partido de gobierno, el Congreso General del Pueblo (CGP), creado en 1982, además de una corrupción rampante. Cooptó a importantes sectores del espectro político yemení, como tribus, partidos políticos (incluso de “oposición”), militares y empresarios.

 

Años después, tras la invasión de Irak de Sadam Husein a Kuwait en agosto de 1990, Yemen era miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, y tras abstenerse en la votación, le trajo consecuencias desfavorables como fue la expulsión de alrededor de un millón de yemenís de Arabia Saudita, afectando la economía de remesas, tan importante para el país del sur de la península en aquel tiempo.

Con la llegada del nuevo milenio, y el auge y la consolidación de organizaciones extremistas como Al Qaeda -que estuvo detrás del atentado suicida al USS Cole, destructor de la Marina estadounidense en Adén en octubre del mismo año- Saleh se convirtió en uno de los principales aliados de Estados Unidos en su “Guerra contra el Terror”, generando fuerte oposición al seno de la sociedad yemení y permitiendo operaciones (en realidad ejecuciones extrajudiciales) en el país de aviones no tripulados (drones), que más que derrotar a Al Qaeda, aterrorizaron a la población civil. Hoy estas operaciones continúan al margen de la presente guerra.

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Saleh se enfrentó con los hutíes en seis guerras diferentes, episodio conocido en la historia yemení como las “Guerras de Sa‘da” de 2004 a 2010, que contó en una de sus fases con la participación de Arabia Saudita. Si bien estos conflictos no resultaron en la victoria de ningún bando, sí acabó con la vida de la principal figura de este movimiento, Husein al-Huti.

Los hutíes nunca le perdonarían a Saleh la muerte de su líder, quien fue relevado por su hermano, Abdel Malik al-Huti, jefe actual del movimiento y quien siempre contempló la idea de la venganza.

Ya hacia 2011, en plena Primavera Árabe, Saleh protagonizó fuertes episodios de represión que dejaron decenas de muertos. Tras la promesa de inmunidad jurídica, el presidente aceptó transferir el poder, no al bloque revolucionario, sino a su vicepresidente Mansur Hadi, con mediación de Arabia Saudita, los países del Consejo de Cooperación del Golfo y la ONU.

Muchos creyeron que Saleh había desaparecido de la política; sin embargo, Saleh reapareció en 2014 bajo una sorpresiva alianza con los hutíes en la toma de la capital Saná y en la formación de un nuevo gobierno, recuperando parte de sus antiguas lealtades y redes de patronazgo. El expresidente siempre fue extremadamente hábil en crear y beneficiarse de diferentes alianzas.

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Dicha unión era débil, pues fue edificada no sobre objetivos comunes, sino sobre puro y simple pragmatismo e interés. Era cuestión de tiempo para que las rivalidades salieran a flote. Casi un año después se reportaban distintos enfrentamientos entre estos dos actores, que se intensificaron en 2015 cuando la coalición liderada por Arabia Saudita comenzó a bombardear el país. El distanciamiento entre los hutíes y Saleh no se pudo ocultar más, pero su cierre fatal se dio el 4 de diciembre de 2017, cuando se anunció la muerte del expresidente.

Con su fallecimiento se espera una reconfiguración del poder en Yemen, en medio de enfrentamientos entre estos dos bandos, principalmente en la capital. Comienza un juego de intereses y lealtades. Los hutíes se ratifican como un actor clave en el presente y el futuro del país, y la reacción de los diferentes sectores de la sociedad yemení, especialmente de los familiares de Saleh, está por verse. Como Alí Abdalá Saleh alguna vez expresó: “Gobernar Yemen es como bailar sobre cabezas de serpientes”.

Aquí no hay vencedores, porque la guerra y la crisis humanitaria continúan.

* El Colegio de México.