El horror en República Centroafricana del que nadie habla

Pueblos quemados, ejecuciones y secuestros en Paoua, en el noroeste de la República Centroafricana.

Las tropas internacionales desplegadas en República Centroafricana desde hace varios años.AFP

Quienes han logrado escapar del horror que se vive en la localidad de Paoua, en el noroeste de la República Centroafricana, hablan de pueblos reducidos a cenizasejecucionessecuestros y ataques indiscriminados.

La escalada de enfrentamientos entre grupos armados de la zona, desde finales de 2017, dejó un centenar de muertos, 60.000 desplazados y unas 2.000 viviendas incendiadas desde el comienzo de este mes, informaron hoy fuentes oficiales.

Las luchas están protagonizadas mayoritariamente por los exrebeldes musulmanes Séléka, dirigidos por el general Mahamat Bahar del MPC (Movimiento Patriótico para Centroáfrica), y combatientes de la milicia cristiana Antibalaka y del movimiento Revolución y Justicia (RJ).

Desde el pasado 27 de diciembre, los grupos armados Revolución y Justicia (RJ) y Movimiento para la Liberación de la República Centroafricana (MNLC) libran violentos choques en una zona cercana a la frontera con Chad. Unas 30.000 personas han buscado refugio en la ciudad de Paoua, mientras que, según la ONU, alrededor de 5.000 han huido a territorio chadiano.

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Según difundieron  funcionarios de Paoua, las cifras que ascienden ya a algo más de un centenar de muertos son provisionales. "Desde el 2 de enero, integrantes Séléka ocupan las localidades de Bétoko, Bédaya, Bémal, Bébora y Gadoulou", explicó a Efe Lucien Mbaïgotto, diputado de la primera circunscripción de la ciudad de Paoua.

Dado el impacto para los civiles y los graves daños materiales, las fuentes califican de alarmante la situación humanitaria en la región de Ouham-Pendé, donde se encuentra Paoua. Y por eso, los trabajadores de la ONG, Médicos sin Fronteras decidió retirarse de la zona. 

"Un nuevo brote de violencia en el noroeste del país causa 30.000 desplazados y nos obliga a suspender nuestras actividades en siete puestos de salud. La situación es ahora extremadamente tensa", dice la ONG.

Las autoridades locales acusan, además, de "pasividad" a los cascos azules desplazados en la República Centroafricana y piden que se tomen medidas para neutralizar las luchas.

Por su parte, la misión de la ONU en el país (conocida como MINUSCA), aseguró a través de su portavoz, Vladimir Monteiro, que la presencia de los cascos azules en Paoua "ha permitido contener la situación y limitar la muerte de civiles inocentes".

Ante la volatilidad creciente en Paoua en las últimas semanas, el Gobierno centroafricano envió en visita oficial a los ministros de Defensa, Marie-Noëlle Koyara, y de Seguridad, Henri Wanzé Linguissarat, quienes constataron que la zona se ha convertido en un "campo de batalla" (en palabras del titular de Seguridad) y que hay miles de personas necesitadas de ayuda humanitaria inmediata.

La República Centroafricana vive un complicado proceso de transición desde que en 2013 los rebeldes Séléka derrocaran al presidente François Bozizé, lo que desató una ola de violencia sectaria entre musulmanes y cristianos que ha causado miles de muertos.

Tiroteos indiscriminados

!Nuestros compañeros en el hospital de Paoua han atendido a al menos a 13 personas heridas por los enfrentamientos. No obstante, nuestra responsable en el terreno, Gwenola François, considera que la cifra es "muy baja" teniendo en cuenta el alto número de desplazados y la "extrema violencia" registrada", señala Médicos Sin Fronteras

 "Muchos (supervivientes) nos hablan de tiroteos perpetrados por personas a caballo contra cualquiera que se mueva, de muertos y heridos que quedaron atrás en el bosque", explica la responsable.

Uno de los heridos que llegó al hospital de Paoua se llama Léonard Gangbe y tienen 33 años. Recibió un disparo en la cara mientras intentaba evitar que un grupo de hombres armados se hiciese con su ganado.

Josianne, que vivía en un pueblo situado a cinco kilómetros llamado Betokomia, contó ue su marido y su hijo de 12 años huyeron el 28 de diciembre de madrugada cuando escucharon los primeros disparos, por el temor a una ejecución inminente. Josianne se quedó sola con sus otros ocho hijos y se vio obligada a pagar 12.000 francos CFA (unos 18 euros) -que tuvo que pedir prestados- para poder escapar sanos y salvos.

"Cuando los hombres armados ven una casa decente, piden comida, ganado y dinero", ha relatado, al recordar otro incidente registrado en agosto y en el que incluso sufrió la quema de la vivienda. Entonces, los milicianos reclamaron a la familia 50.000 francos (76 euros) por conservar el ganado y 120.000 francos (183 euros) por seguir en la casa.

"Les dimos 25.000 francos (38 euros), que era todo lo que teníamos. Como la casa ni siquiera tenía un tejado todavía, nos dijeron que volverían cuando estuviese terminada", ha asegurado. Antes de irse, robaron todas las pertenencias y prendieron fuego a la vivienda, lo que dejó a esta familia a la intemperie.

Cuatro años de violencia extrema

República Centroafricana vive sumida en una espiral de violencia desde diciembre de 2013, pero las cifras de desplazamiento son ahora más altas que nunca, con más de 630.000 desplazados internos unos 545.000 refugiados.

La región de Paoua, que hasta ahora había gozado de una situación de seguridad ligeramente mejor a la de otras zonas del país, también registró una escalada de violencia en 2017.