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hace 11 horas

El infierno en "la casita de Dios" de Argentina que vivieron miles de niños sordos

Este jueves tres sordos que fueron víctimas de abusos sexuales durante su infancia en un internado en Córdoba (Argentina) se reúnen con el papa para pedirle que cumpla sus promesas de castigar a los agresores.

El papa Francisco durante una reunión con fieles en el Vaticano. EFE

Se llamaba el Instituto Antonio Próvolo, una institución educativa y religiosa para sordos que tenía una muy buena reputación en Argentina. Los Provolo eran lugares bien establecidos, grandes, con cuidadores, limpiadores, y muchos maestros, conocidos como "la casita de Dios". Pero en la sede de Mendoza durante muchos años miles de alumnos vivieron un infierno sin que nadie se enterara. Nadie vio jamás ni supo de los abusos que sacerdotes del instituto cometieron durante mucho tiempo contra los alumnos del lugar. ¿Cómo pudo ser?

Ver más: La iglesia reconoce que destruyó archivos de abusos sexuales

Eran niños con discapacidad auditiva y muy pobres. Los amenazaban o manipulaban para no decir nada. Los que se atrevieron a contar con su lenguaje de señas o dibujos lo que sucedía eran víctimas de una campaña de desprestigo: decían que eran problemáticos y mentirosos. La cabeza del horror era el padre Nicola Corradi, un sacerdote italiano responsable del Instituto en Mendoza y quien ya fue sentenciado en noviembre del año pasado a 42 años de prisión. Sus cómplices: Horacio Corbacho, el jardinero del instituto, dos monjas que participaron de los abusos y guardaron silencio durante años. 

Hoy esos niños (algunos de 4 años) hoy adultos han contado el horror que vivieron. Corradi dirigió el instituto entre 1970 y 1997. Lo más grave es que en el instituo Provolo, en Verona (Italia) ya había sido acusado de ser uno de los mayores abusadores. Y aún así lo mandaron a Argentina. El Vaticano no hizo nada por separar a este sacerdote del cargo sino que decidió mandarlo a América Latina. Fueron las autoridades argentinas las que ordenaron el cierre del Instituto en la ciudad mendocina de Luján de Cuyo en 2016 y detuvieron a Corradi, a Corbacho, y a otros 12 sospechosos.

Las primeras denuncias sobre lo que ocurría en el Instituto Provolo de Verona estallaron en 2009, después de que la revista italiana L'Espresso de Milán sacara una investigación en la que 67 exalumnos revelaron los abusos a los que habían sido sometidos entre las décadas de 1950 y 1980 y acusaron al Vaticano de "encubrir" a los abusadores. El caso llegó a la justicia cuando la senadora Daniela García, durante la celebración del Día del Niño, en noviembre de 2016, escuchó lo que el presidente del Movimiento de Sordos de Mendoza le contó a través de una intérprete.  

Molestia con el Vaticano

Aunque algunas madres denunciaron lo que pasaba en el Provolo, nadie les creyó. Incluso en 2013 una de las víctimas le entregó una carta al entonces cardenal Jorge Bergoglio en Buenos Aires, pero él no hizo nada al respecto, denuncia. Fue sólo hasta 2017 cuando Bergoglio, ya convertido en el papa Francisco, ordenó una investigación. 

Ver más: Las exigencias de las víctimas de abusos al papa Francisco

Justamente este jueves, tres sordos que fueron víctimas se reúnen con Francisco para pedirle que cumpla sus promesas frente al fenómeno que azota a la iglesia. La víspera de su viaje a Roma y el Vaticano las víctimas, que sienten que fueron "torturadas", denunciaron a sus agresores en Ginebra ante el Comité contra la Tortura de las Naciones Unidas y ante el Comité de los Derechos del Niño.

"En el mundo, hay muchos países donde estas cosas continúan sucediendo y aún reina el silencio", lamentó Daniel Sgardelis, de 45 años, con el lenguaje de señas durante su visita a Ginebra a principios de esta semana.  Sgardelis es una de las víctimas de Nicola Corradi.   El caso en Argentina es uno de los muchos que sacuden a la iglesia en todo el mundo. 

Durante décadas, la iglesia ha encubierto ese tipo de abusos transfiriendo a los sacerdotes abusadores a otros países, una práctica que el papa Francisco prometió acabar. 

Ver más: La polémica lucha del papa Francisco contra el abuso 

"Quiero decirle al papa que tenemos la fuerza para seguir luchando por la justicia", aseguró otra víctima sorda, Ezequiel Villalonga, de 19 años. 
Ya adulto, Ezequiel pudo aprender el lenguaje de señas para comunicar con los demás, porque el instituto católico especializado no se lo había enseñado.  "Van a estallar más. En América Latina, África, Asia. Esto es solo el comienzo", aseguró a la AFP. 

"El papa sabe que deben ser encarcelados, pero aún así, no hace nada. Me gustaría saber por qué no hace algo", dice Claudia Labeguerie, una víctima de 26 años.

Las noches de los horrores

Según cuentan las víctimas hoy, los días de los abusos eran los sábados por las noches cuando el instituto se quedaba solo porque muchos de los niños se iban a la casa con sus familias. Solo quedaban los que eran huérfanos o muy pobres y sus papás no podían llevarlos a sus casas. Una de las víctimas relató que cuando se iban a dormir, los curas los obligaban a quitarse los audífonos. "Para no escuchar los gritos", le dijo a los abogados. 

Les prohibían usar el lenguaje de señas, porque el método Provolo, reemplazaba la mímica por la palabra. "En realidad era para que no le contáramos a nadie", agrega mientras recuerda cómo los abusados cuando crecían se convertían en abusadores de los más pequeños porque así lo ordenaban los curas que se convertían en espectadores de las vejaciones. Ataban a los menores de pies y manos durante los abusos y las monjas eran las encargadas de darles duras golpizas. 

 

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