Al menos 20 jueces han denunciado intimidaciones

El juez que le plantó la cara al nacionalismo en Polonia

En un país que se ha posicionado en Europa como el bastión de la ultraderecha, Igor Tuleya se ha ganado numerosas amenazas por acercarse a la población y tratar casos sociales mal vistos por el gobierno.

El juez polaco Igor Tuleya durante una manifestación en Varsovia.Getty Images

El gobierno polaco considera al juez Igor Tuleya como un enemigo del Estado, lo han intimidado con violencia, lo obligaron a evacuar su sala de audiencias por amenazas de ataques con ántrax y ha sido satanizado como un títere comunista en los medios de comunicación de derecha. Luego de que alguien esparciera excremento en la puerta de su apartamento de Varsovia, su casero pensó que era demasiado problemático y lo desalojó.

En la lucha, que ya lleva un año, por el Estado de derecho en Polonia a menudo los jueces han sido unos baluartes, con frecuencia calumniados, pero también liderando los intentos de detener la campaña del gobierno nacionalista para endurecer el control sobre el Poder Judicial. En los últimos dos años, al menos 20 jueces han informado sobre acoso político, mientras que otros cientos y abogados enfrentan amenazas de procesos disciplinarios, los cuales mucha gente cree que tienen un motivo político.

En el centro de la controversia está Tuleya, cuyos fallos, etiquetados como “políticos” por Ley y Justicia, el partido gobernante en Polonia, han sido considerados por las autoridades como una de las razones por las que tienen que poner en orden el Poder Judicial del país. La reforma ya generó un proceso en Bruselas que podría contemplar que Polonia se convirtiera en el primer país de la Unión Europea en perder sus derechos de voto.

Tuleya, de 49 años, al igual que muchos de sus colegas, señaló que no tiene otra opción que luchar, sin importar el costo profesional o personal.

“Tal vez el próximo año nos retiren del cargo, y los que permanezcan serán acosados para que obedezcan”, dijo durante una entrevista en los Tribunales de Distrito de Varsovia, donde trabaja como juez en materia penal. “Regresaremos a la época del comunismo, cuando el poder judicial estaba bajo el yugo de los políticos. Tenemos que defender nuestra postura mientras podamos”.En esta época Tuleya, junto con algunos de sus compañeros de la Asociación de Jueces de Polonia, pasa cada vez más tiempo fuera de los tribunales, viajando por el país, para ayudar a educar a la población sobre las consecuencias de las amenazas gubernamentales a la independencia judicial.

En los tribunales, Tuleya, quien es soltero y se le conoce por su comportamiento serio, siempre lleva traje debajo de su toga escarlata. Sin embargo, fuera de estos, prefiere una chamarra verde militar y playeras modernas con osadas frases como “Este juez no está muerto”, “Tribunales libres, pueblo libre” y la consigna cada vez más popular del movimiento de protesta: “Konstytucja” (que en español significa “Constitución”).

Tuleya cree que las medidas de Ley y Justicia han originado la figura de un “juez cívico”, un nuevo tipo que “no está aislado del mundo, sino que atiende a la población fuera de los tribunales”.

“Tal vez este no sea un modelo que se conozca en las democracias más antiguas de Europa, pero no creo que esté en conflicto con sus criterios”, comentó. “Puede ser algo nuevo y aquí es muy necesario”.Parece que esos intentos por acercarse a la población son lo que pretende atacar un proyecto legislativo propuesto por Ley y Justicia en diciembre que busca castigar a los jueces que critican la campaña del gobierno y cambiar al Poder Judicial y a quienes participan en “actividades políticas” no especificadas.

“Ninguno de los cambios que han realizado en los últimos cuatro años han hecho que los tribunales sean más eficientes, transparentes o cordiales con los ciudadanos”, comentó Tuleya. “Su objetivo solo ha sido ocupar los puestos claves con sus partidarios”.El 11 de enero, a los jueces polacos encabezados por Tuleya, entre otros, se les unirán sus colegas de cerca de 20 países europeos en la Marcha de las Mil Togas Escarlatas en Varsovia, para protestar contra el nuevo proyecto de ley.

Las autoridades consideran esas manifestaciones como expresiones erróneas y egoístas de solidaridad entre los jueces. El presidente Andrzej Duda dijo recientemente que los jueces se oponen a los cambios porque no quieren “que se les retiren ni sus privilegios ni su poder sobre el pueblo”.

La primera vez que Tuleya se dio a conocer fue en 2013, cuando emitió su fallo en el juicio de Miroslaw Garlicki, un distinguido cirujano del corazón a quien el gobierno dirigido por Ley y Justicia acusó de recibir sobornos, de acoso sexual y de matar a sus pacientes. Los fiscales lo describían como la personificación de la élite poscomunista corrupta e inmoral que tenía que ser erradicada.

Para el momento en que Tuleya emitió su veredicto, ya habían votado en contra de que Ley y Justicia siguiera en el poder. Pero su fallo significó una dura acusación de las acciones del gobierno mientras estuvo en el poder. Vea también: Europa, cátedra de nacionalismos

Pese a que declaró culpable a Garlicki de aceptar dinero y regalos de sus pacientes, lo exoneró de todos los demás cargos. Señaló que los métodos utilizados por las fuerzas policiales y los fiscales -a instancias de los dirigentes políticos- eran una reminiscencia de las “épocas estalinistas más recalcitrantes”. Esos métodos incluían interrogatorios nocturnos, amenazas y arrestos injustificados de los testigos.

Desde ese fallo los servicios de noticias que favorecen al gobierno han lanzado una campaña incesante para desacreditar a Tuleya. Cuando Ley y Justicia recuperó el poder en 2015, los funcionarios del gobierno señalaron ese fallo como una prueba de la corrupción en el Poder Judicial.

Tuleya comentó que ahora, cada semana, enfrenta amenazas y ataques verbales en la calle. Observa cómo, en el Twitter, la gente habla de asesinarlo. En dos ocasiones, la amenaza de un ataque con ántrax provocó la evacuación de miles de personas del edificio de los Tribunales de Distrito donde trabaja.Pese a los esfuerzos de Tuleya y de otros, Ley y Justicia ha tenido mucho éxito en sus intentos por controlar el sistema judicial. Los expertos afirman que ahora los funcionarios tienen todo el control del Tribunal Constitucional, la Procuraduría General y el Consejo Nacional de la Judicatura.

No obstante, fracasó un intento de depurar la Corte Suprema luego de que la presidenta, Malgorzata Gersdorf, se rehusara a renunciar y la Comisión Europea amenazara con imponer sanciones si se aplicaba la jubilación a una edad obligatoria impuesta recientemente.A pesar de la oleada de aseveraciones por parte del gobierno de que Tuleya no es imparcial y de que es un agente político, él dice que nadie del partido ha solicitado su remoción en los casos que tienen que ver con ellos, lo que indica que, pese a su retórica, esperan tener una audiencia justa. Le puede interesar: Europa: ¿nueva identidad política?

“Pudieron haberlo hecho, pero nunca lo hicieron”, señaló. “Esas aseveraciones de que los jueces son políticos son mera manipulación”.El juez advirtió que en este momento no hay lugar para la crítica constructiva sobre las políticas debido a que el gobierno considera que todas esas manifestaciones de preocupación son ataques políticos.

“Pero no solo se trata del derecho que tenemos como jueces a hablar sin tapujos cuando se está amenazando el Estado de derecho, sino que también es nuestro deber”, dijo. “He tenido que enfrentar duras consecuencias por mis fallos; he sobrevivido a todas y ahora me siento con la libertad de decir lo que pienso”.

 

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Joanna Berendt - The New York Times

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