La guerra de 30 años terminó en 2009

El largo conflicto que Sri Lanka intentó superar

Los sangrientos atentados del domingo evidencian que desde hace diez años la tensión étnico-religiosa no ha terminado.

Musulmanes (7 % del país) rechazaron los ataques en Sri Lanka.  / AFP
Musulmanes (7 % del país) rechazaron los ataques en Sri Lanka. AFP

El estado de máxima alerta se mantiene en Sri Lanka, dos días después de las ocho explosiones que provocaron una salvaje matanza durante el Domingo de Resurrección.

Sin duda, el ataque más devastador que sufre el país en los últimos diez años. En mayo de 2009 terminó una guerra civil de casi tres décadas que enfrentó a la mayoría budista y a la minoría hindú tamil —segunda etnia del país—, y que causó, de acuerdo con datos de Naciones Unidas, cerca de 100.000 muertos.

Parecía ser el final de una guerra que lastró el desarrollo y la integración del país; pero la realidad pronto aterrizó a la gente de Sri Lanka, que no ha podido superar la tensión étnico-religiosa.

En los últimos cinco años, los enfrentamientos entre budistas y musulmanes han sido recurrentes. En 2017 se produjeron cerca de 16 incidentes violentos contra musulmanes, que generaron la creación de “comités de reconciliación” en todos los distritos del país. Le recomendamos: Sri Lanka: sangriento domingo de resurrección 

El mismo año, la Alianza Nacional Evangélica Cristiana de Sri Lanka registró un centenar de casos de discriminación contra los cristianos de la isla. Todo esto llevó a que, en 2018, se declarara el estado de emergencia en 12 estados. ¿Por qué no se logró una reconciliación tras la sangrienta guerra? Analistas y activistas políticos coinciden en señalar que el gobierno apenas se interesó en promover la reconciliación.

Una vez acabada la guerra, el gobierno de Sri Lanka transformó la derrota del movimiento insurgente de los Tigres de Liberación de Eelam Tamil (LTTE) en una victoria sobre toda la población tamil de religión hindú, desplegando alrededor de 400.000 militares en la isla, según estudios del Centro de Políticas Alternativas (CPA).

Paikiasothy Saravanamuttu, director de este laboratorio de ideas, explicaba que después del fin de la guerra, “la militarización se ha hecho más fuerte que nunca con la confiscación de tierras del norte tamil para uso militar y turístico. Así como la intimidación de la población local”.

De acuerdo con un informe del centro de análisis Crisis Group, “el proceso de paz se centró exclusivamente en dos bandos: el Partido Nacional Unido (UNP) y los Tigres de Liberación de Tamil Eelam (LTTE). Las élites políticas del sur fueron excluidas del proceso e incluso, entre los tamiles, quienes no eran del LTTE no tuvieron ningún papel; tampoco lo hizo la importante comunidad musulmana, que representa alrededor del 7 % de la población. Gran parte de la dinámica del conflicto está dentro de las comunidades étnicas, y el hecho de que el proceso de paz no haya abordado este problema hizo improbable la paz”.

Tras la guerra también surgió un movimiento de monjes budistas radicales liderado por el grupo Bodu Bala Sena (BBS), que atacan a las minorías religiosas, a las que consideran una amenaza para la integridad religiosa budista de Sri Lanka.

El gobierno adjudicó los atentados del domingo al grupo National Thowheeth Jama’ath, un pequeño movimiento islamista radical. Según el experto en terrorismo Rohan Gunaratna, citado por Reuters, el NTJ es la rama del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) en Sri Lanka.

 

Según Sameer Patil, miembro de la seguridad nacional de Gateway House —un grupo de investigación en India—, como el Estado Islámico perdió recientemente su último bastión en Siria ahora es más probable que los combatientes extranjeros del grupo regresen a casa en Sri Lanka y otros territorios. Lea también: Sri Lanka apunta a movimiento islamista como autor de atentados 

“No se trata de un movimiento separatista. Se trata de religión y castigo”, dice Anne Speckhard, directora del Centro Internacional para el Estudio del Extremismo Violento.

Según cuenta la experta, National Thowheeth Jama’ath busca difundir el movimiento yihadista global en Sri Lanka y crear odio y divisiones en la sociedad.

Sherine Xavier, directora de la organización El Arquitecto Social, cuyo objetivo es velar por los derechos humanos en el país, declaró que “desde principios de abril se hablaba de que habría un ataque inminente en el país. El gobierno decía que solo eran habladurías para desestabilizarlo”.