El nuevo código penal de Brunéi

El sultán que quiere lapidar infieles y gais

Hassanal Bolkiah, dictador de Brunéi, autorizó la aplicación de la pena de muerte y la amputación, a partir del 3 de abril.

A partir del 3 de abril Brunéi, un pequeño país de 400.000 habitantes, rico en petróleo y de mayoría musulmana, comenzará a aplicar su nuevo código penal. Un conjunto de leyes discutidas durante dos años y que contempla, entre otras cosas, la pena de muerte por lapidación por delitos como la violación, el adulterio, las relaciones sexuales extraconyugales para musulmanes y homosexuales, así como el insulto o la difamación del profeta Mahoma.

El código de Brunéi también castigará con la amputación de la mano derecha a quien robe y del pie izquierdo si hay reincidencia, y el que sea sorprendido tomando alcohol recibirá mínimo cien azotes. Aunque Naciones Unidas y otros organismos de derechos humanos han pedido al sultán del país, Hassanal Bolkiah, no aplicar estas nuevas normas, este hombre, uno de los dictadores más radicales de Asia, no tiene intención de cambiar las leyes. Y no lo hará porque desde que llegó al trono, hace 52 años (1967), ha hecho lo que se le ha dado la gana: durante más de medio siglo ha vivido una vida de despilfarro y excesos, pero gobierna con mano de hierro a sus 400.000 súbditos.

Poco antes de convertirse en el vigésimo noveno sultán de una dinastía que lleva más de cinco siglos gobernando este pequeño país, ubicado cerca de Malasia, en la costa norte de la isla de Borneo, cambió la Constitución para dejar claro que él nunca se equivoca. Hassanal Bolkiah, por ley, siempre tiene la razón y bajo esa norma decidió en 2014 radicalizarse.

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Como el sultán también cumple las funciones de ministro de Defensa, de Finanzas y de Gobierno, ese año ordenó la aplicación de la sharia (ley islámica). Un año después determinó que la Navidad era una celebración que “corrompía los corazones de los musulmanes” y decidió castigar su celebración. Una decisión que no cayó muy bien entre el 9 % de budistas, cristianos e hindúes, que convivían en total armonía con el 80 % musulmán.

Organismos internacionales lo han acusado de ser uno los principales violadores de derechos y han organizado boicots en contra de su cadena de hoteles, Dorchester Collection, a la que pertenecen algunos de los más lujosos hoteles de París, Londres y Roma. Pero nada han conseguido, pues de acuerdo con Forbes, el sultán de Brunéi es el segundo hombre más rico del mundo: su fortuna aumenta US$200 cada segundo, gracias a que su pequeño reino posee enormes reservas de gas (es el primer productor mundial) y petróleo (el cuarto del mundo).

El derroche del sultán

Eso sí, las estrictas normas que ha aprobado y las que comienzan a regir a partir del 3 de abril aplican para todos, menos para su familia. Hassanal Bolkiah tiene 12 hijos, la mayoría de los cuales viven en Europa y Estados Unidos violando todas las normas que se castigan en su país. Hace varios años una pelea con el príncipe Jefri Bolkiah, hermano menor del sultán, sacó a la luz el derroche de los herederos al trono: cada uno tenía un harén de amantes occidentales, organizaban fiestas en donde el consumo de drogas y alcohol era la norma y además eran sospechosos de apropiarse de dinero del reino.

Algo que no fue publicado en los medios del sultanato, pues no hay prensa independiente y si sale una noticia falsa los periodistas son condenados a cárcel: entre tres y seis meses. La gente en Brunéi tampoco protesta, pues a pesar de las restricciones a sus libertades reciben salud y educación gratuita, no pagan impuestos y reciben ayuda para la compra de vivienda.

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Por supuesto, el sultán tiene la casa más grande del reino y quizá del mundo: su propiedad mide 200.000 metros cuadrados, tiene 5.000 habitaciones, 290 baños y varias bóvedas repletas de oro, su obsesión, pues griferías de baños y varias partes de su avión privado están adornadas con este metal precioso. En uno de los salones de la mansión, con capacidad para 5.000 invitados, celebró en 2017 la boda de una de sus hijas.

Su gran debilidad son los automóviles de lujo: de acuerdo con informes de organismos de inteligencia, tiene un garaje con 5.000 carros de marcas que van desde Rolls Royce hasta decenas de Aston Martin, Maserati, Lamborghini, Porsche y Jaguar, entre muchas otras.

Según el diario The Independent, el sultán tiene decenas de asesores a quienes paga muy bien. Se ha casado tres veces, se divorció dos y a sus 73 años podría casarse de nuevo. Total, él nunca se equivoca. Está escrito en la ley.

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