El trágico final de Alan García

DURANTE 35 AÑOS FUE PROTAGONISTA de la vida política de Perú, acosado por la sombra de la corrupción, de la que logró escapar con éxito en numerosas ocasiones. El caso Odebrecht lo arrinconó y lo llevó a la muerte.

A las 6:30 de la mañana del Miércoles Santo, un grupo de agentes a cargo del fiscal Henry Amenábar tocó a la puerta de la casa del expresidente de Perú Alan García (1985-1990 y 2011-2016) en el barrio Miraflores, en Lima. Previa identificación, le informaron que iba a ser detenido por petición del fiscal contra lavado de activos, José Domingo Pérez, quien investigaba su participación en un caso de sobornos hechos por la empresa Odebrecht.

García, según el relato de los agentes, pidió un momento para hacer una llamada a su abogado y se fue a su habitación, ubicada en el segundo piso de la vivienda. “A los pocos minutos se escuchó un disparo de arma de fuego. La policía forzó la puerta y encontró a García en posición sentada y con una herida en la cabeza”, contó el ministro peruano del Interior, Carlos Morán.

Cuatro horas después, y tras inútiles esfuerzos de los médicos del hospital de emergencias Casimiro Ulloa, que informaron que sufrió tres infartos en el quirófano, García (69 años) falleció producto de “una hemorragia cerebral por proyectil de arma de fuego y paro cardiorrespiratorio”, según el parte del centro médico.

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El arma con la que se disparó García era una de las tres que guardaba en su casa para defensa personal. Todas tenían licencia vigente hasta 2021, al igual que una pistola de colección.

Un trágico final para uno de los protagonistas más polémicos de la vida política peruana, cuya carrera siempre estuvo a la sombra de escándalos de corrupción, de los cuales escapó con gran astucia. En 1992, tras ser acusado de enriquecimiento ilícito y de haber ordenado matanzas de presos por terrorismo, Alan García huyó y se refugió en la Embajada de Colombia en Lima. Luego llegó a Bogotá y de ahí se fue a Francia, en donde permaneció hasta 2001, cuando la Corte Suprema de Perú declaró prescritos aquellos delitos por los que nunca fue juzgado.

Con su expediente limpio, se volvió a postular a la Presidencia en 2006 y le ganó en segunda vuelta al militar nacionalista Ollanta Humala, a quien se le identificaba con Hugo Chávez.

“Solo Dios y los imbéciles no cambian”, señaló García para apartar los fantasmas de su primer gobierno, cuando fue acusado de impulsivo e inexperto. Consiguió que los peruanos le perdonaran su desastroso primer gobierno, cuando dejó al país sumido en una profunda crisis política y moral. No obstante, la sombra de la corrupción lo siguió persiguiendo. Su gobierno coincidió plenamente con el período entre 2005 y 2014, en el que Odebrecht reconoció haber pagado dádivas y sobornos en Perú.

Nacido en Lima el 23 de mayo de 1949, su vida familiar fue azarosa. Padre de seis hijos de tres relaciones diferentes, también tenía un nieto. Estuvo residiendo hasta el año pasado entre Lima y Madrid, donde vivía su actual pareja con su hijo menor.

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Pero hasta España llegaron las investigaciones y García tuvo que regresar a Lima a rendir explicaciones. “Demuéstrenme algo, imbéciles”, les gritó a los periodistas al negar que hubiera cometido un solo acto de corrupción.

Pero los indicios lo acorralaron. Quien fuera su viceministro de Comunicaciones durante su segundo mandato, Jorge Cuba, fue detenido acusado de recibir un soborno de US$8 millones. Cuba se convirtió en delator premiado y comenzó a revelar a otros implicados en la trama corrupta de Odebrecht.

Además, los fiscales encontraron que el pago de US$100.000 que recibió en 2012 el ya expresidente Alan García, por una conferencia en São Paulo, salió de una cuenta oculta con la que el gigante constructor brasileño pagaba sus sobornos.

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Para completar, la semana pasada se conoció que la Fiscalía había detectado que el exsecretario presidencial de García, Luis Nava, había recibido más de US$4 millones en sobornos en cuentas en paraísos fiscales. Los investigadores sospecharon que Nava era testaferro del exmandatario.

La detención de García se iba a producir pocos días antes de que los fiscales peruanos a cargo del caso viajaran a Brasil para interrogar a Jorge Barata, exdirector de Odebrecht en Perú, considerado el testigo clave de este caso.

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Con la justicia cada vez más cerca y una orden de detención en su contra por delitos de lavado de activos, colusión y tráfico de influencias relacionadas con la empresa Odebrecht, la justicia peruana emitió una orden de prisión preliminar por “riesgo de fuga”.

“Tomó la decisión de dispararse”, dijo su abogado Erasmo Reyna. La salida más trágica en un Perú conmocionado por la corrupción, en donde cinco expresidentes han sido imputados por recibir coimas de Odebrecht y por otros crímenes.

“El suicidio de García va a querer ser usado por quienes pidan al Poder Judicial que “modere” sus investigaciones. Lo cierto es que García siempre se ufanó de que él, a diferencia del grueso de la vieja guardia aprista, había sido siempre lo suficientemente hábil para evitar la cárcel por motivos políticos que muchos de ellos pasaron por años”, señaló Isaac Bigio, analista peruano.

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Angélica Lagos Camargo

El Mundo

El trágico final de Alan García

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