Sigue crisis venezolana

El verdadero rostro del poder en Venezuela

Ni Nicolás Maduro ni Juan Guaidó. El hombre que tiene la solución a la grave situación venezolana se llama Vladimir Padrino López, ministro de Defensa, líder de la cúpula militar y más chavista que Chávez.

Vladimir Padrino López, el hombre que sostiene a Nicolás Maduro en el poder. / Getty Images

Un grupo de militares seguían al pie de la letra el plan trazado por el comandante Hugo Rafael Chávez Frías, el 4 de febrero de 1992, para derrocar al entonces presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez. La función de Vladimir Padrino López, quien comandaba el Batallón Bolívar de Caracas, era esperar en la retaguardia las órdenes para rematar con tanques el ataque contra el Palacio de Miraflores, en Caracas.

Padrino López era uno de los pocos en quien Chávez confiaba para cuidarle la espalda. Se habían conocido años atrás en los cuarteles y compartían no solo la admiración por Simón Bolívar, sino que los unía una inconformidad con la situación del país, que entonces pasaba por una grave crisis económica. Pero algo pasó aquella fatídica noche y el jefe de unidad, un tal “comandante Quintero”, encargado de darle la señal de ataque a Padrino, nunca apareció. La intentona militar había sido un fracaso y su líder, Chávez, y otros uniformados fueron a parar dos años a prisión. Padrino se salvó de ir tras las rejas, continuó con su carrera militar y se convirtió en uno de los 2.000 generales ascendidos durante la Revolución.

Aunque su ascenso mayor llegó en 2002, cuando era Chávez el que sufría la traición de algunos militares. Ese año, mientras el presidente se encontraba retenido en la base militar de La Orchila, tras un golpe de Estado que lo sacó del poder por 48 horas, Vladimir Padrino dirigía el comando del Batallón Bolívar, una unidad del Fuerte Tiuna, en Caracas, que se rehusó a levantarse en contra del jefe de Estado. Su papel fue clave para retornar a Chávez a Miraflores, por lo que su fidelidad fue reconocida por el líder bolivariano, quien dos semanas después lo condecoró y le aseguró un ascenso en el mundo militar.

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El 5 de julio de 2012, ocho meses antes de la muerte Chávez (marzo 2013), fue nombrado segundo comandante del Ejército y jefe del Estado Mayor. En su alocución le dio la tranquilidad necesaria al mandatario para partir: “Se hacen presentes en la avenida Monumental de Los Próceres 10.890 patriotas, bolivarianos, socialistas, antiimperialistas, revolucionarios, adiestrados y equipados para asumir el sagrado deber de la defensa de la nación, su legado será continuado”, dijo Padrino.

Muerto Chávez, Padrino y otros altos mandos militares vigilaron que el proceso de adoctrinamiento ideológico que comenzó con la Revolución Bolivariana en los cuarteles continuara. “Nunca más estaremos al servicio de la apátrida burguesía y sus amigos imperialistas”, repiten convencidos miles de uniformados, los mismos que Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional (AN) y quien se autoproclamó y juramentó como presidente de Venezuela esta semana, quiere convencer de cambiar de bando.

Para eso les ofrece una ley de amnistía, que será publicada este domingo y que promete “respeto a las garantías democráticas a todos los funcionarios civiles y militares que colaboren en la restitución del orden democrático del país”. Guaidó les pidió a los venezolanos imprimir la ley y entregarla a todos los familiares y amigos uniformados, y aseguró que en su país hay unos 159 militares presos por procesos de insubordinación y en los últimos años se presentaron 3.000 bajas en la fuerza pública. “Esta realidad determina que es cuestión de tiempo para que un número mayor de militares se unan a la oposición”, agregó. Una fuente militar venezolana confirmó que la deserción en las fuerzas armadas y cuerpos policiales venezolanos ronda el 60 %.

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Pero los altos mandos están con el chavismo. Así lo dejó claro Vladimir Padrino López: “No aceptamos a un presidente impuesto a la sombra de oscuros intereses ni autoproclamado al margen de la ley, solo reconocemos al presidente constitucional, Nicolás Maduro”, aseguró, flanqueado por toda la cúpula militar. Señaló que “sectores de ultraderecha auspiciados descaradamente por agentes imperiales fraguan desde hace tiempo un vulgar golpe de Estado contra el gobierno legítimamente constituido de Venezuela”. Poco antes ocho generales que comandan regiones estratégicas del país ratificaron su “lealtad y subordinación absoluta” a Maduro, en mensajes difundidos por la televisión estatal.

¿Pueden esos generales más que miles de subordinados? “La mayoría que está desertando son muchachos jóvenes de los cuarteles que pasan hambre. Los otros llevan 20 años de ideologización, están convencidos de que son las fuerzas armadas bolivarianas, antiimperialistas y socialistas. Un recital dentro de las academias y los cuarteles que cobra fuerza cuando Estados Unidos se pone a amenazar con una opción militar o cuando personas como Marco Rubio advierten sobre consecuencias… eso solo despierta la fibra nacionalista y en Venezuela hay un sentimiento antiyanqui indudable”, señaló una fuente cercana al chavismo.

“Eso es lo que estamos viendo, sectores de la ultraderecha plegados a intereses imperiales, tratando de fragmentar, de destruir a Venezuela. Nosotros, los hombres y mujeres de uniforme (...) seríamos indignos de portar nuestro uniforme si no defendiéramos la Constitución, nuestra independencia y nuestra soberanía, hemos jurado morir con nuestra patria, nuestra Venezuela, nuestro pueblo, y lo vamos a hacer”, dijo Padrino ante los llamados de EE. UU., la oposición y otros sectores a ponerse del lado de Guaidó.

¿Fiel a Maduro?

“El mayor impedimento para que Guaidó asuma en la práctica es el alto mando militar”, dijo a AFP el analista Diego Moya-Ocampos. Tiene razón. La clave para que en Venezuela cambie la situación está en manos de Vladimir Padrino López. Pero su lealtad parece incuestionable. Por eso Nicolás Maduro, consciente de su falta de habilidad política y administrativa, y preocupado por su frágil relación con Diosdado Cabello, número dos del chavismo y con fuerte respaldo militar, puso sus ojos en él. En 2014 lo nombró ministro del Poder Popular para la Defensa.

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Luego lo convirtió en el administrador de la Misión Abastecimiento Soberano y Seguro, es decir, distribución y producción de alimentos, el sector más importante en la Venezuela de hoy, presa de la escasez y el desabastecimiento, también lo puso al frente de la industria farmacéutica e industrial y le ordenó a todo el gabinete que se subordinara a él. Padrino quedó casi al nivel de un jefe de gobierno, pues asumió buena parte de las tareas del gabinete: control sobre los militares, los servicios sobre alimentos, medicamentos, producción, distribución y comercialización de materias.

Según Diego Moya-Ocampos, analista de América Latina para el IHS Global Insight, esos cargos convirtieron a Padrino en un jefe de Gobierno, “no como una especie de superministro, sino que pasó a compartir el gobierno con Maduro, desplazando al vicepresidente en su rol coordinador de la administración pública nacional y la supervisión de ministros, quienes ahora le reportan directamente a él”. Por ello, hoy por hoy es el hombre clave del poder en Venezuela.

Maduro respira hoy tranquilo. Los que conocen a Padrino dicen que tiene una fuerte influencia sobre Maduro y es quien toma las decisiones. No ha sido señalado por el Departamento de Estado estadounidense dentro de la lista de funcionarios relacionados con violación de derechos humanos o narcotráfico. De hecho, durante las violentas marchas de 2017 reprimió a quienes abusaban de la fuerza: “No quiero ver un miembro de la Guardia Nacional Bolivariana más cometiendo una atrocidad en la calle. El que se aparte de la línea de Estado, del respeto de los derechos humanos y que no se comporte como un profesional tiene que asumir su responsabilidad”, afirmó.

Es el único que se atreve a contradecir a Diosdado Cabello. Cuenta una exfuncionaria del chavismo que en 2015, cuando el partido sufrió la peor derrota electoral de su historia, fue él quien salió a reconocer el triunfo de la oposición en las urnas para la Asamblea Nacional.

Hecho que le valió el calificativo de “rata” por parte de Diosdado Cabello. Cuenta la exfuncionaria que su intervención providencial hizo que la entonces fiscal Luisa Ortega se pronunciara sobre el polémico fallo del Tribunal Supremo de Justicia de asumir las funciones de la Asamblea Nacional. Fuentes cercanas al actual ministro de Defensa venezolano le aseguraron a El Espectador que su forma de hablar clara, directa y sin un lenguaje agresivo, usual en voceros chavistas, le ha permitido mantener un vínculo de fidelidad, pero sobre todo respeto con las fuerzas armadas.

Las mismas fuentes señalaron: “Siempre escuché durante sus arengas a la Guardia Nacional o a la Policía que tenían que respetar los derechos de los manifestantes, que tenían que respetar incluso la forma de proceder en las detenciones de las personas que quebraban la ley. Siempre estaba muy pendiente de eso. En ese entonces Miguel Rodríguez Torres era ministro de Relaciones Interiores y militar activo, y en las operaciones siempre estaban ellos dos. Era una preocupación real de ambos”. Hoy Rodríguez Torres está detenido por supuestamente “estar incurso en acciones contra la paz y la tranquilidad pública”.

Quienes han entrado a la oficina de Vladimir Padrino dicen que es un militar diferente. Sin temor a perder su cadena de mando, ha permitido que por encima del presidente Maduro, que se supone es el comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional, esté el difunto Hugo Chávez Frías, a quienes todos veneran como el comandante supremo. Él aparece en tercer lugar. “Esa es una muestra de su carácter, es un hombre de bajo perfil, aunque hoy sea el protagonista en las sombras”, señala la prensa venezolana.

Vladimir Padrino López está hoy en las cábalas de todos los analistas y en el centro de todos los escenarios de lo que puede ocurrir en Venezuela: ¿Con Guaidó, con Maduro o con nadie?

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La opción que menos les gusta a quienes promueven un salida en el país es justo aquella en que Padrino toma el poder. Ya ha dicho que él y el resto de uniformados están “hasta la muerte” con Maduro. Rechazó a Juan Guaidó y la ley de amnistía que se hace pública este domingo. ¿Qué queda? Si las fuerza armadas retiran su apoyo a Maduro, desconoce a la oposición y las divisiones persisten en el país, los militares podrían tomar el control.

Aunque en teoría ya lo tienen: además de tener un Banco (Banfanb), la empresa Agropecuaria de la Fanb (Agrofanb), la empresa Militar de Transporte (Emiltra), la empresa Sistemas de Comunicaciones de la Fanb (Emcofanb), la Televisión Digital de la Fanb (TVFanb), el Fondo de Inversión Negro Primero (Fimnp), la Constructora de la Fanb (Construfanb) y el Agua Mineral Tiuna (empresa mixta dentro del complejo industrial del Fuerte Tiuna), ostentan 11 de los 32 ministerios venezolanos.

“La Fuerza Armada Nacional Bolivariana preserva su unidad monolítica, garantiza y ratifica su lealtad incondicional al señor presidente”, señaló el 10 de enero al describir a las fuerzas armadas como “radicalmente antiimperialista y seguidora del líder socialista Hugo Chávez”.

 

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