Así se politizó el Departamento de Estado de EE. UU. durante el gobierno de Donald Trump

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P. Michael McKinley, exasesor principal de Mike Pompeo y exembajador de Estados Unidos en Colombia, dice que el Departamento de Estado es ahora casi una institución politizada; una prueba de eso sería la amenaza de Pompeo de publicar los correos electrónicos de Hillary Clinton “con la clara intención de ayudar a la campaña de reelección del presidente”.

“He visto cómo Pompeo y su predecesor, Rex Tillerson, han armado la institución para los objetivos políticos internos de la administración Trump”, escribió P. Michael McKinley, quien por casi 40 años trabajó en el Departamento de Estado de Estados Unidos: fue cuatro veces embajador en el extranjero —ocupó ese puesto en Brasil, Afganistán, Perú y Colombia— y trabajó como asesor principal del secretario de Estado, Mike Pompeo.

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McKinley, en una columna publicada por The Atlantic, dice que Pompeo estaría a punto de politizar por completo el Departamento de Estado luego de que “a pocas semanas de las elecciones presidenciales, el secretario de Estado anunció que autorizaría, aparentemente a instancias del presidente Donald Trump, la publicación de más correos electrónicos de Hillary Clinton”.

Esto sin importar que hace un año, en una investigación liderada por el mismo Departamento de Estado, no se encontró ningún esfuerzo generalizado por parte de los asistentes de Clinton para manejar mal la información clasificada.

“Si bien hubo algunos casos de información clasificada que se introdujo de manera inapropiada en un sistema no clasificado para promover la conveniencia, en general, las personas entrevistadas estaban al tanto de las políticas de seguridad e hicieron todo lo posible para implementarlas en sus operaciones”, dice el informe emitido el 16 de octubre de 2019.

Todo empezó con Rex Tillerson

McKinley, quien vivió de cerca los cambios en el Departamento de Estado en la era Trump, dice que la trasformación comenzó con Rex Tillerson quien llegó con el objetivo de “rediseñar” el Departamento de Estado.

"Tillerson marginó a los profesionales de carrera de alto nivel; a menudo excluyendo a los oficiales de las reuniones de los líderes de departamento. Y como ha demostrado un informe del inspector general, la Oficina de Asuntos de Organizaciones Internacionales de Tillerson acosaba a empleados de carrera con la premisa de que eran ‘desleales’”, dice el exasesor de Mike Pompeo.

Esto llevó a que más de 100 de los 900 oficiales superiores del Servicio Exterior, incluidos los oficiales de carrera hispanos, afroamericanos, del sur de Asia y mujeres de alto rango más visibles, fueran despedidos durante el primer año de la administración Trump, de acuerdo con el exasesor de Mike Pompeo.

“Tillerson también redujo o congeló la contratación de nuevo personal civil y del Servicio Exterior y eliminó o suspendió trabajos cruciales que normalmente ocupaban los familiares de los empleados de la embajada", dijo McKinley.

Y es que esta última medida causó resentimiento, pues al congelar estos puestos se obstaculizó el trabajo diario de las embajadas, que dependen en gran medida de los familiares de los diplomáticos. "El Departamento de Estado también sufrió un número récord de vacantes en nombramientos de altos directivos y decenas de embajadas quedaron sin embajadores, ni profesionales ni políticos”, agregó McKinley.

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La llegada de Mike Pompeo

Trump despidió a Tillerson en marzo de 2018, y todo parecía indicar que con la llegada de Mike Pompeo el panorama iba a mejorar. “Pompeo parecía comprometido a alejarse de las decisiones más dañinas de Tillerson, y acepté el puesto de asesor principal”, contó.

Pompeo puso en marcha la contratación de la nueva generación de funcionarios del servicio exterior, por lo que decenas de profesionales de carrera fueron confirmados para embajadores.

“El Departamento de Estado estaba de vuelta en la mesa de políticas. Pompeo dijo que no se pondría en contra de las inclinaciones políticas de nadie; incluso agregó a críticos de Trump a puestos de enviado especial”, dijo. Pero las cosas empezaron a cambiar y uno de los indicios más claros de una posible politización del Departamento de Estado se dio con el escándalo de Ucrania, “en el que el presidente retuvo la ayuda a Ucrania de manera efectiva para obligar al mandatario de ese país a investigar al exvicepresidente Joe Biden”, agregó.

Las acusaciones en contra de Joe Biden empezaron en 2019 cuando los republicanos insistieron en que el hoy candidato demócrata, cuando era vicepresidente en la administración de Barack Obama, presionó para despedir a un fiscal que estaba investigando a la empresa de energía ucraniana Burisma por corrupción, y donde su hijo Hunter Biden participaba como miembro de la junta directiva en 2015. Aquí le contamos más del tema: El Espectador le explica: el oscuro caso de Joe Biden y Ucrania

“El subsecretario y el subsecretario de Asuntos Políticos desanimaron y cerraron cualquier discusión dentro del edificio del escándalo que se desarrollaba (...) El secretario y otros altos funcionarios del Estado eludieron mis esfuerzos para obtener declaraciones de apoyo a colegas, incluida la embajadora Marie Yovanovitch, quienes fueron atraídos a la investigación del Congreso”, contó McKinley quien agregó que a raíz de lo ocurrido, renunció el 11 de octubre de 2019.

“El liderazgo del Departamento de Estado, durante un período prolongado, apoyó los esfuerzos de la administración para hacer un mal uso de los profesionales de carrera en Washington y en el extranjero para buscar una ventaja electoral estadounidense”. De hecho, McKinley explicó que en Mayo Trump despidió a Steve Linick, el inspector general del Departamento de Estado, que estaba investigando las actividades de Pompeo.

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“En este contexto disfuncional, Pompeo ahora amenaza con publicar los correos electrónicos de Clinton, con la clara intención de ayudar a la campaña de reelección del presidente. La fuerza laboral del departamento continúa brindando servicios a nuestros ciudadanos en el extranjero y apoyando la política exterior en estos tiempos difíciles. Pero el Departamento de Estado es ahora casi una institución politizada".

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