Estados Unidos: la pesadilla se hizo realidad

Noticias destacadas de El Mundo

Donald Trump se encargó de sembrar dudas sobre el resultado electoral antes del 3 de noviembre. Con su declaración de victoria, las acusaciones de fraude y la amenaza de llevar los resultados a la Corte Suprema les resta legitimidad al proceso, a las instituciones y al futuro gobierno.

Al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, siempre le estorbaron las normas, los reglamentos y los procesos. Cuando llegó a la Casa Blanca, en 2016, se tropezó con una incómoda realidad: la democracia del país estaba regida por un delicado equilibrio de poderes y no siempre podía hacer su voluntad.

Pero Trump es Trump y entonces se dedicó a romper las normas, a quitar a cuanto funcionario no se sometiera a su voluntad, a presionar a las instituciones y a quebrar casi todas las reglas, muchas informales, que han sostenido la democracia estadounidense: los límites del poder y el juego limpio.

Este martes 3 de noviembre lo volvió a hacer. Sin importar que el país vive la peor crisis social desde la Segunda Guerra Mundial, que la pandemia convirtió al país en el epicentro de los contagios (más de 9 millones) y que la polarización y el odio racial se enquistaron en varios sectores de la sociedad, declaró que le habían robado las elecciones.

Anoche, cuando la pelea con su rival demócrata, Joe Biden, iba cabeza a cabeza en varios estados claves (Pensilvania, Carolina del Norte y Georgia), no tuvo problema en salir a reclamar la victoria y aumentar el manto de duda sobre las papeletas enviadas por correo. Juego sucio.

Ver más: Mujeres que hacen historia en las elecciones de EE. UU.

“La pasada noche estaba liderando, a menudo con fuerza en muchos estados claves, en casi todas las instancias (en estados) controlados y regidos por demócratas. De repente, uno por uno comenzaron a desaparecer mágicamente mientras papeletas sorpresa eran contadas”, señaló en su cuenta de Twitter.

Pero no hubo fraude. Expertos explicaron que la tendencia a favor del demócrata era previsible en Pensilvania y otros estados, en donde la cantidad de votos llegados por correo por cuenta de la pandemia podría hacer cambiar las tendencias una vez se comenzaran a contar esas papeletas. Trump anticipaba ese escenario y por eso desde mediados de año insistió en que el voto por correo era fraudulento, desalentó el uso de esta modalidad e inició batallas legales en estados como Pensilvania para prohibirlo.

Trump sabe que puede perder y no está dispuesto a aceptar una derrota. Ayer, cuando Biden tomaba la delantera en Michigan, demandó a la justicia detener el conteo. “Hemos iniciado una demanda en un tribunal de reclamaciones de Michigan para detener el conteo hasta que nos concedan un acceso significativo”, indicó en un comunicado la campaña de Trump, sin aportar pruebas de que han sido vedados de los locales electorales.

Horas después el actual mandatario sufría una derrota en Wisconsin, otro estado clave, que le otorga al demócrata 10 votos para el Colegio Electoral, lo que aumenta su ventaja a 248 frente a 213 de Trump. Su campaña, en pie de guerra contra todo resultado que le resulte adverso, pataleó de nuevo. Dijo que había rumores (sin pruebas) de “irregularidades y que la campaña republicana pediría un recuento”. Faltaban los resultados en Pensilvania, Georgia y Carolina del Norte.

Ver más: El cinturón azul que se volvió clave en el resultado electoral de EE. UU.

Esto sume al país, ya presa de la polarización y la división social, en un escenario preocupante. Miles de personas se toman las calles exigiendo que “cada vote cuente”, repitiendo las acusaciones de fraude. “Trump paraliza el sistema político y a través de las impugnaciones lleva la decisión a las cortes, así el sistema electoral pierde legitimidad”, explicó Miguel Benito-Lázaro, historiador e internacionalista, quien agregó que cualquier cosa que no sea su reelección “será un fraude para Trump”.

¿Qué decide la Corte?

Esta situación anticipa que la pelea será larga y difícil. El 8 de diciembre todos los estados deberán reportar sus resultados al Colegio Electoral, que se reunirá el 14 de diciembre para proclamar al presidente salido de las urnas. Lo cierto es que el 20 de enero, día que está contemplado en la Constitución para que asuma el presidente, debe haber una persona que asuma el cargo.

“Esta elección confirma lo que se ha sabido hace mucho tiempo, que somos un país dividido; las elecciones recientes han tenido resultados muy reñidos y esta vez el que gane debe llevar la mayoría de votos por correo, cuyo aumento se dio por cuenta del COVID-19, hay preocupación en la campaña de Biden porque esto termine en las cortes y se profundice la polarización”, explicó Lawrence Gumbiner, exdiplomático norteamericano y analista internacional.

Ver más: Así reacciona el mundo ante la incertidumbre electoral en EE. UU.

Sin embargo, vale la pena mirar la historia. En el año 2000 se presentó una situación similar: entonces Al Gore, demócrata, y George Bush, republicano, disputaban la Presidencia. “Todo se resolvió relativamente bien por la actitud de Gore, quien a pesar de que tenía recursos para seguir peleando su elección, decidió respetar el orden constitucional y le otorgó el triunfo a Bush. Pero esta vez estamos frente a Trump y dudo que él quiera calmar las aguas”, agregó Gumbiner.

Benito Lázaro dijo que toda esta situación le impone un enorme estrés al sistema político y electoral, en el que no hay un consejo central electoral que decrete el vencedor, sino que se depende de que el derrotado reconozca al vencedor. “En esta situación ya vemos que Trump va a intentar no reconocer a Biden... Habrá que ver qué hace Biden y hasta qué punto está dispuesto a litigar”, explicó el historiador. Los demócratas ya anticipaban este escenario y tienen listo un equipo de abogados para pelear en las cortes, reportaba el periódico The New York Times.

Pero, ¿qué decide la Corte? Y aquí todas las miradas se centran en la recién nombrada jueza conservadora Amy Coney Barrett en el Tribunal Supremo hace unas semanas, luego de mucha polémica y presión por parte de Donald Trump. Muchos temen que ella y otros jueces puestos en el cargo por Trump terminen favoreciéndolo. “Pero las cortes no deciden al ganador de la contienda, deciden cuánto tiempo se pueden mantener los recuentos y los pleitos sobre los votos abiertos. El que tenga más votos cuando la Corte decida, es el que gana”, explicó Benito-Lázaro.

Ver más: Claves de la pesadilla electoral de EE. UU.

Y otro detalle: a los jueces y a la Corte se les presupone la imparcialidad, aunque sean nominados por un determinado presidente, “pues la independencia se supone con base en que los jueces son vitalicios y el presidente no tiene autoridad o control sobre ellos”, agregó.

Arlene B. Tickner, columnista de este diario y profesora de la Universidad del Rosario, explicó que “aun si gana Biden, que sigue siendo probable, la sombra de duda que Trump ha arrojado sobre el resultado significa que un gobierno demócrata arrancaría no solo dentro de un contexto muy complejo de polarización heredado de Trump, sino con limitada legitimidad, sobre todo entre las bases de Trump”.

Pero “si en cambio gana Trump, seguirá gobernando con bajos niveles de aceptación entre la población y deficiente legitimidad. No obstante, tratándose de un líder con claras tendencias autoritarias, ello no incidirá en su estilo de liderazgo, toda vez que un segundo período, en especial si hay control republicano del Senado, habrá mayor desinstitucionalización y desdemocratización del país”. Juego sucio.

¿América primero?, un eslogan que el presidente Trump repite solo cuando le conviene. Y esta no es la ocasión.

Comparte en redes: