Este sábado comienza cumbre del G7

Emmanuel Macron, el nuevo líder

Aprovechando el declive de Angela Merkel, el presidente francés busca posicionarse como la voz de una Europa atrapada entre las aspiraciones de Trump y Putin.

Emmanuel Macron, presidente de Francia, se ha posicionado como la nueva cara de Europa./ AFP

Frente a la mirada de decenas de bañistas de la playa de Cabanon, dos helicópteros se posan en las colinas rocosas que forman la base del fuerte medieval de Brégançon, en el sur de Francia. Transportan al presidente ruso Vladimir Putin y a su delegación.

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Su anfitrión es el presidente francés, Emmanuel Macron, quien, aparte de un par de visitas bien calculadas a los pueblos de la región , ha pasado las últimas semanas en su retiro de verano frente al mar Mediterráneo.

Con las energías recargadas luego de un año marcado por la revuelta de los chalecos amarillos, Macron comenzaba con Putin una semana que lo ha llevado a entrevistarse con los jefes de Estado de Grecia, India y el Reino Unido. Todo estos antes de la cumbre del G7, que preside desde este sábado en el balneario francés de Biarritz.

“Rusia fue excluida del G7 en el 2014, luego de la anexión de Crimea, pero los líderes mundiales saben que es un aliado al que no pueden menospreciar sin correr el riesgo de que mire hacia China. Putin también es consciente de eso y al recibirlo antes de la cumbre Macron apuesta a posicionarse como el interlocutor perfecto entre Rusia y las 'grandes democracias'”, dice Inna Biei, del laboratorio de ciencias sociales Carism de la Universidad Panthéon Assas.

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Aprovechando la tranquilidad estival de un país que se paraliza en agosto, Macron ha decidido apostarle a su imagen internacional. Irán, Siria, Ucrania y Libia hicieron parte de la agenda discutida con Putin y apenas dos días después, ya de regreso en París, las puertas del Palacio del Elíseo se abrieron para el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, y el recién nombrado británico, Boris Johnson. Con el primero el tema fue la recuperación del país y el manejo de los flujos migratorios; con el segundo, las negociaciones del brexit, bloqueadas mientras se acerca la fecha del 31 de octubre que le costó el puesto a Theresa May.

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Aunque Macron siguió el juego de lenguaje ligero y provocador que Johnson, fiel a su estilo, empezó nada más al bajar del campero negro con la bandera británica que lo dejó en el patio mayor del Elíseo, Macron fue claro: la Unión Europea y el Reino Unido pueden discutir detalles necesarios para garantizar dos elementos en apariencia contradictorios como el mercado libre y la ausencia de frontera entre las dos Irlandas, pero nadie tiene la intención de renegociar un acuerdo que los 27 países de la Unión ya habían aceptado.

No más de eso duró la arrogancia de un primer ministro que se imaginaba fortalecido con el “mes de reflexión” que el día anterior le había acordado la canciller alemana, Angela Merkel, y que el británico había interpretado como una apertura de nuevas negociaciones.

“Merkel sabe que está de salida y entonces le interesa menos mostrarse como la líder europea”, dice el analista Henry Sterdyniak, “nada garantiza que se avance en las conversaciones, pero es claro que Macron pasa por un momento en que puede ser percibido como la cabeza visible de Europa”.

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Más aun cuando su archienemigo italiano Mateo Salvini, al que Macron siempre ha presentado como símbolo del eje populista europeo, enfrenta una crisis de gobierno en Italia que puede terminar saldándose con su renuncia y cuando un mal manejo de la cuestión brexit le bastaría a Johnson para perder su escasa mayoría en la Cámara de los Comunes, algo que, según Sterdyniak, “tal vez es lo que están esperando la mayoría de los líderes europeos".

 

Para terminar su semana pre-G7 Macron recibió al primer ministro Neranda Modi, un encuentro crucial en medio de las tensiones en la región de Cachemira que podrían terminar enfrentando a dos potencias nucleares como son India y Pakistán.

 

Más discretamente, Macron acordó también una cita a Javarka Zarif, ministro de Relaciones Exteriores de Irán, un encuentro realizado contra la voluntad del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para quien no hay nada que negociar con el país del Golfo y que explícitamente se había opuesto, en varias ocasiones, a cualquier acercamiento entre los europeos y la república islámica.

Desde este sábado hasta el próximo lunes, la cumbre del G7 será el terreno en el que el presidente francés espera consolidarse como un vocero de Europa antes de enfrentarse de nuevo al descontento de sus propios ciudadanos, los mismos que han obligado a que, durante este fin de semana, la ciudad balnearia de Biarritz tuviera que convertirse en una fortaleza en la que las protestas están prohibidas para que los líderes del mundo libre puedan hablar tranquilamente.

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Ricardo Abdahllah / París

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Emmanuel Macron, el nuevo líder

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