En holanda han sido frenados en las urnas

¿Es cierto que la derecha se desinfló?

Los 20 escaños que obtuvo el partido del líder populista Geert Wilders fueron insuficientes para darle el primer lugar, pero no significan una entera derrota: sumó cinco, tiene representación en el Parlamento de la UE y avanza a paso lento.

Aunque el movimiento del líder populista Geert Wilders, el Partido de la Libertad (PVV), parecía haberse convertido en un tren sin control en las encuestas previas a las elecciones legislativas, tan pronto pasaron éstas los diarios hicieron a un lado la imagen de Wilders, declararon su derrota esencial y dijeron que Mark Rutte, el primer ministro y líder del Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD), había contenido a los populistas y que la extrema derecha, una vez más, veía cómo se caía su emporio de papel.

Sin embargo, los 20 escaños que obtuvo en la Cámara de Representantes, si bien no le representan el primer lugar, no pueden ser considerados una derrota. El partido de Wilders fue fundado en 2006. En las elecciones de ese año obtuvo nueve escaños; cuatro años después, 24; en 2012 bajó a 15 y este año se apropia de 20. Ha subido, entonces, cinco escaños con respecto a la votación anterior. El VVD, en cambio, no puede decir lo mismo: obtuvo ocho escaños menos que en las elecciones de 2012 y es, de hecho, la primera vez que la brecha entre ambos partidos es tan cerrada: apenas una diferencia de 18 escaños.

Tal vez las encuestas inflaron el número de escaños que Wilders obtendría (dijeron que serían 24), pero su tendencia es a crecer, mientras que el VVD desciende. Eso habla, por lo menos, de un arraigo mayor del PVV entre los votantes. Una prueba de ello podría ser el descenso catastrófico del Partido del Trabajo (PvdA), el principal aliado del gobierno de Rutte: de 38 escaños que obtuvo en 2012, quedó con nueve en estas elecciones.

En los próximos cinco años, por ahora, la tendencia política permanecerá y es probable que Mark Rutte sea reelegido como primer ministro. El PvdA, aunque no aportará muchos escaños para la formación de una coalición de gobierno, ayudará a completar la unión que haría el VVD con otros partidos que obtuvieron buenos números, como la Llamada Demócrata Cristiana, que sumó seis escaños más que en las elecciones de 2012. Sin embargo, Rutte tiene aún la tarea de lograr alianzas con movimientos como Demócratas 66 y el Partido Socialista, que obtuvieron un buen número de votos,.

Las elecciones legislativas en Holanda también fueron consideradas una suerte de examen para la extrema derecha en Europa. Si Wilders ganaba (o incluso de montarse como primer ministro) en un país durante su existencia recientemodelo en convivencia cultural y derechos humanos, ¿por qué Marine Le Pen no podría aspirar con esperanzas verdaderas a la Presidencia en Francia? En ese sentido, los resultados traen noticias buenas y malas: sí, la extrema derecha avanza, a pasos cortos pero seguros; sí, tiene cierta influencia en el Parlamento Europeo (el partido de Wilders tiene cuatro de 26 escaños allí); pero, a pesar de todas las esperanzas, quizá no haya en el futuro cercano un mejor momento para crecer.

El Brexit, el ascenso de Donald Trump y la certera carrera de Le Pen en Francia son signos de un momento distinto, que tal vez Wilders no supo capitalizar como debía. En un momento en que algunas fuerzas políticas con apoyo popular incrementan su poder (Polonia y Hungría están gobernadas por partidos que miran con recelo a la UE y han cerrado sus fronteras a los migrantes), Wilders perdió una oportunidad fundamental para buscar todo cuanto requiere un político para complacerse: poder.

En diciembre pasado, Austria pasó por la misma incertidumbre. Luego de haber anulado los resultados de las elecciones presidenciales de mayo, los austríacos salieron de nuevo a las urnas el 4 de diciembre para elegir a su presidente. Eran dos candidatos principales: Alexander van der Bellen, miembro de Los Verdes, y Norbert Hofer, líder populista del Partido de la Libertad de Austria. Hofer punteó bien en las encuestas y se llevó el 46,2 % de los votos. Van der Bellen obtuvo el 53,8 % y la extrema derecha pareció frenada por el resultado. Pero, era de nuevo un signo del aire de los tiempos: los acontecimientos que sucedían alrededor de Europa parecían darle un último respiro a los liberales, que pervive pero está amenazado.

Este año, Marine Le Pen, líder del Frente Nacional y candidata a la Presidencia de Francia, va con el mismo entusiasmo. Las encuestas la dan como primera en el balotaje, aunque perdería en la segunda vuelta contra Emmanuel Macron, exministro estrella de François Hollande. Pero el caso de Le Pen es particular: su entusiasmo no se sostiene en un crecimiento previo. Su partido tiene dos de 577 escaños en la Asamblea Nacional y en su candidatura en 2012 a la Presidencia obtuvo 17,9 % de los votos (y tiene 24 de 74 escaños en el Parlamento Europeo).

Aunque son tiempos distintos y su competencia principal, François Fillon, es investigado por corrupción, Le Pen no parece tener los votantes necesarios para alcanzar la Presidencia. Una investigación que pesa en su contra, también por corrupción, no es asunto menor.

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2017-03-16T23:58:34-05:00

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2017-03-17T05:49:35-05:00

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juan David Torres Duarte

El Mundo

¿Es cierto que la derecha se desinfló?

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