¿Está viendo mucha televisión Donald Trump?

Al parecer el problema no es que pase muchas horas frente al televisor, está viendo los programas equivocados...

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. AFP

Puesto que el presidente Trump ha dicho que es un lector —un lector de ligas mayores: lee documentos, los mejores documentos—, espero que esté leyendo esto y no viendo, por ejemplo, una grabación de “Fox & Friends” en la gigantesca pantalla plana que instaló en el comedor de la Casa Blanca, aunque dice que rara vez ve televisión.

Debemos hablar del hábito televisivo del presidente. Del que no tiene.

Trump ha estado enfrascado en una especie de riña con esta organización noticiosa a causa de un informe reciente acerca de su rutina en la Casa Blanca. El presidente contratacó, y no por las descripciones del caos en su personal o de su prodigiosa ingesta de Coca-Cola de dieta, sino por la noticia de que “pasa por lo menos cuatro horas al día, y a veces hasta el doble de eso, frente al televisor”.

Trump se tomó una pausa de su costumbre de publicar tuits mientras ve “Fox & Friends” y “Morning Joe” para negar ese detalle: “Otra historia falsa, esta vez en el decadente @nytimes, de que veo de cuatro a ocho horas de televisión al día… ¡Mentira! Además, rara vez, si acaso, veo CNN o MSNBC, porque los considero noticieros falsos. Jamás veo a Don Lemon, ¡a quien alguna vez llamé el hombre más tonto de la televisión! Mal periodismo”.

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Hay algo extraño acerca de un presidente que fue estrella de la telerrealidad —alguien que aparecía de manera recurrente en la televisión décadas antes de “The Apprentice”— y que siente la necesidad de negar su apego al medio que lo hizo célebre. Hay algo aún más extraño en el hecho de que tuitee una negación que se contradice no solo por su extenso registro público sino, al parecer, por lo que dice esa misma publicación en Twitter (¿o acaso Trump se hizo esa opinión de Don Lemon leyendo documentos?).

Sin embargo, defenderé a Trump por lo menos en cuanto a esto: no me importa cuánto tiempo pase viendo televisión. Como crítico de televisión, soy la última persona que puede juzgar a alguien por pasar demasiado tiempo de calidad con su DVR.

El problema no es cuánta televisión ve Trump, sino el tipo de televisión que ve.

Como los colaboradores de Trump lo informan y su muro de Twitter lo confirma, su ingesta preferida de video son las noticias por cable, la programación más perturbadora y psíquicamente tóxica en la que te puedes adentrar, aun si no tienes acceso a los códigos nucleares.

Esto no quiere decir que las noticias por cable sean periodismo deficiente. Hay gente talentosa en el negocio que hace grandes reportajes. Más bien estoy diciendo que las noticias por cable —como género, como terapia, como entorno para pasar horas enteras cada día— por naturaleza son inquietantes y provocadoras.

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Ese es el modelo de negocio de las noticias por cable. El conflicto implica urgencia, y la urgencia significa que los espectadores estarán pegados al canal. Así que busca peleas y provoca. Es una máquina diseñada para generar estrés y emociones negativas.

Y no es que a Trump le haga falta algo de esto. Toda su filosofía profesional se ha tratado de que pelear es el estado más productivo de la humanidad, de que la reacción de lucha o huida debe disfrutarse y cultivarse.

¿Qué ve Trump en televisión?

Así que busca más de eso en la televisión por cable y lo utiliza para encontrar motivación o afirmación, para azuzarse antes de una batalla. Hierve en sus jugos ácidos y llenos de enojo, agitándose, tuiteando y enviando más olas de hostilidad para que las noticias por cable las respondan.

Debido a que este ciclo de retroalimentación da como resultado noticias por doquier, todos terminamos atrapados en la mentalidad de un furioso adicto a las noticias por cable, aunque no las estemos viendo. Es como ser fumadores pasivos.

Algunos críticos han sugerido que Trump vea una programación diferente… quizá algo de la edificante televisión con guion. Su predecesor, Barack Obama, era fan de “The Wire” y “Game of Thrones”, así que sabemos que la Casa Blanca tiene el presupuesto suficiente para pagar HBO.

Sin embargo, honestamente, no veo mucha evidencia de que Trump tenga el nivel de introspección para cambiar gracias a una obra de ficción. Eso requiere la capacidad de reconocer que las perspectivas ajenas son válidas y que podrías aprender algo de ellas.

Superación personal

En 2002, el documentalista Errol Morris entrevistó a Trump sobre su filme favorito, “Citizen Kane”, acerca de un magnate de los negocios con ambiciones políticas, cuya sed de poder lo dejó sin amigos y vacío. Trump veía la fuente de los problemas del protagonista de otra manera. Su consejo para Charles Foster Kane: “Consíguete una mujer distinta”.

Así que táchenme de escéptico por no creer que Trump pueda ver toda una temporada de “The West Wing” y convertirse en un admirador del debate razonado y sesudo. El arte no funciona así ni bajo las circunstancias más apropiadas. No es medicina ni hipnosis.

Pero no importa: la televisión no debe ser un vehículo para la superación personal. A veces solo es un escape. Sin embargo, el instinto de Trump es usarla de la manera opuesta, como un toro que ondea una capa roja frente a él mismo.

Sería más feliz si Trump simplemente pasara su tiempo frente a la pantalla por la mañana y en las noches con cualquier tipo de programación que no estuviera diseñada para enojarlo más. Una comedia sosa. Una película vieja (¡“Citizen Kane” está en Amazon!). Un partido de fútbol americano —bueno, no, eso solo le recordará su pleito con la NFL— u otro deporte. Cualquier cosa para relajarse, en vez de alborotarse.

Se ha informado mucho acerca de los esfuerzos del director de personal de Trump, John F. Kelly, para controlar el flujo de información y las visitas al presidente. Quizá la medida más efectiva que Kelly podría tomar sería, en secreto, hacer que el servicio de cable de la Casa Blanca elimine todo excepto el canal de golf.

@ The New York Times