Ecos de las elecciones francesas

Europa: crisis e ilusión

La pasada elección presidencial en Francia representó un “punto de inflexión” en el contexto europeo.

Migrantes desalojados de un campo ubicado cerca de La Chapelle, en París. / AFP

La elección de Emmanuel Macron como presidente de Francia dio un nuevo aliento para aquellos que creen fielmente en el proyecto de integración europea y es una esperanza para los sectores liberales. Sin lugar a dudas, el nuevo mandatario se enfrentará más a la incertidumbre que a la certeza y su estancia en el palacio del Elíseo no será un camino de rosas, en el que la crisis económica, la desesperanza, el desempleo y la inseguridad están a la orden del día.

La pasada elección presidencial en Francia representó un “punto de inflexión” en el contexto europeo, particularmente por el temor a la llegada de partidos de derecha a espacios de decisión política, en uno de los países que se consideran pilar de la unión y civilización europea. Este escenario hipotético, no traía buenos recuerdos para aquellos están familiarizados con la historia política de la región en la primera mitad del siglo XX. Cuando debido a la insolidaridad regional, producto de la crisis económica de comienzos de los años treinta, inclinaron a cada uno de los países de Europa a buscar soluciones extremas (que incluyeron el totalitarismo y el ultranacionalismo que los condujo a la hecatombe que fue la Segunda Guerra.

Recientemente el reto ha venido de la economía, la diversidad cultural y la amenaza externa. La crisis económica que comenzó en el sur de la Unión, a finales de 2009, se ha extendido a los demás países de la zona. Naciones como Francia y Alemania han presionado para que sus vecinos salgan de sus problemas económicos de manera autónoma frente a su propia situación.

Segundo, la inmigración masiva de Medio Oriente y África —sobre todo la representada por la población musulmana— ha puesto en aprietos la identidad regional. Los europeos contemporáneos están inmersos en un debate sobre el hecho de mantener sus valores culturales o respetar los de los recién llegados a costa de su propia seguridad, en algunos casos. El debate topless versus burkini.

Tercero, el gobierno de Vladimir Putin y la búsqueda de un reposicionamiento de Rusia en el escenario internacional, tiene como su primer objetivo el espacio europeo. Esto, demostrado en los numerosos ataques cibernéticos mediante noticias falsas provenientes de Moscú. El temor crece en estos países, debido al sentimiento de vulnerabilidad e indefensión frente al creciente militarismo ruso y sobre todo por la falta de una política exterior y militar común.

En este escenario las derechas han tomado fuerza como alternativas extremas, las cuales se caracterizan porque se oponen a la integración regional, instan por la salida de la OTAN y el fortalecimiento militar autónomo, el fin de la libre circulación en el espacio Schengen, la no recepción de migrantes, y el rompimiento de los vínculos económicos con la eurozona.

A pesar de esto, los franceses no eligieron la opción antiliberal, representada en Marine Le Pen. No obstante, esta tendencia regional ya se había hecho presente en las pasadas elecciones en Gran Bretaña, en las que una parte importante de los ciudadanos decidió abandonar la Unión Europea (brexit). De haber ocurrido esto en Francia, la UE habría perdido un miembro con capacidad nuclear disuasoria, que los hubiera obligado a depender exclusivamente de EE.UU. para su seguridad.

Los ciudadanos no están convencidos con los políticos en el poder, con los partidos políticos tradicionales ni con las políticas implementadas. La búsqueda de alternativas que brinden soluciones rápidas y menos inestabilidad ha generado un espacio fértil de liderazgos de personalidad: políticos que llenan las expectativas del electorado, pero cuya relación está sustentada casi exclusivamente en el cumplimiento de las promesas electorales.

Investigador U. Sergio Arboleda