HISTORIA

Europa resurgió de sus cenizas hace 70 años

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Superando rivalidades y conflictos, en el suelo arrasado por las guerras se inició en 1951 la construcción del mayor bloque de integración del mundo.

Hace 70 años, el 18 de abril de 1951, Europa dejó atrás siglos de rivalidades y conflictos al dar un paso que fue un ejemplo para el mundo. Gracias a la alianza entre Alemania y Francia, los dos países de más peso en el continente, ese día fue creada la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), que convirtió en socios a los que habían sido rivales y se habían enfrentado varias veces con las armas. Esta fue la primera piedra de la unión económica y política forjada por los países europeos para construir una paz duradera.

El sueño de una Europa unida fue abrigado por muchos estadistas del continente desde antes de la Segunda Guerra Mundial, precisamente para superar la histórica rivalidad entre Alemania y Francia. El primer ministro Aristide Briand propuso en 1926 la creación del eje franco-alemán para articular la integración de Europa y prevenir un nuevo conflicto. Pero los desarrollos de la política alemana frustraron la idea y condujeron al mundo a la peor catástrofe que ha conocido. Esta tuvo que pasar para que renaciera el proyecto, que Winston Churchill planteó en 1946 como la creación de “los Estados Unidos de Europa”. Un año después el canciller alemán Robert Schuman, considerado el padre de la integración europea, propuso la creación de la CECA, establecida en 1951 por el Tratado de París.

La CECA facilitó el comercio del carbón y del acero entre sus países miembros, que fueron, además de Alemania y Francia, Bélgica, Italia, Luxemburgo y Países Bajos. Su exitosa experiencia condujo seis años más tarde, mediante el Tratado de Roma de 1957, a la creación de la Comunidad Económica Europea (CEE), que aglutinó a la CECA con la Comisión Europea de Energía Atómica (Euratom) y la Comunidad Económica constituida previamente. Tres décadas y media más tarde, todas estas entidades se fusionaron en la Unión Europea (UE).

Dificultades iniciales

El largo camino recorrido por los países europeos en busca de la integración no estuvo exento de obstáculos. En 1960 el Reino Unido y otros seis países buscaron crearle un contrapeso a la CEE con la creación de la Asociación Europea de Libre Comercio, que pretendió rivalizar con ella. Sin embargo, el Reino Unido reconsideró su posición el año siguiente y solicitó su ingreso a la CEE, solo para encontrar el rechazo del presidente de Francia, Charles de Gaulle. La solicitud solo fue aprobada después de que el general De Gaulle salió del gobierno.

La historia de la UE está llena de grandes realizaciones. Nacida en medio de la Guerra Fría, la CEE significó un paso gigantesco. Gracias a ella Europa logró en la década siguiente su despegue económico, reflejado, entre otras cosas, en los excedentes de producción agrícola. Desde 1970 el número de miembros empezó a aumentar con el ingreso de Dinamarca y el Reino Unido, y en los años siguientes el proceso de ampliación continuó en forma sostenida. Con la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, el derrumbe del comunismo, la incorporación de nuevos miembros y el nacimiento del euro en 1995, surgió la Europa sin fronteras.

Crisis e inmigración

Los buenos tiempos comenzaron a pasar a comienzos de la década pasada, cuando Europa recibió el golpe de la crisis económica mundial, las revueltas y guerras en África y el Medio Oriente provocaron una inundación de migrantes hacia el continente y, por si fuera poco, este se vio atacado por el terrorismo. El malestar político generado por todos estos fenómenos se reflejó en el avance de los euroescépticos en las últimas elecciones del Parlamento Europeo.

Por otra parte, el peso de la alianza franco-alemana se vio reducido por la ampliación de la UE hacia el oriente y también por la aparición de serias diferencias entre París y Berlín acerca de temas cruciales, como el euro. Las reformas propuestas en los últimos años por el presidente Emmanuel Macron han sido vistas con desconfianza y hasta con desdén en los círculos de poder alemanes, donde hizo carrera la idea de que Macron quiere salvar a Europa a costa de Alemania. Pero Francia sigue siendo esencial para la UE, con mayor razón tras el retiro del Reino Unido. La alianza se hace más necesaria que nunca ante la rebelión de gobiernos como los de Polonia y Hungría contra algunas de las normas comunitarias y el temor de estos y otros antiguos miembros del bloque soviético como Letonia, Lituania y Estonia, de ser tratados como socios de segunda clase.

Avance derechista

El populismo de derecha, alimentado sobre todo por el rechazo a la inmigración, forma parte del paisaje político de casi todos los países miembros de la UE y en varios de ellos ya está en el gobierno: Austria, Dinamarca, Eslovaquia, Finlandia, Hungría y Polonia. Aunque hay diferencias entre ellos, coinciden en el propósito de acabar con el “supergobierno” de la UE, que les impone reglas inaceptables para ellos como los controles ambientales y las cuotas de recepción de inmigrantes.

Una de las consecuencias de esta situación ha sido el debilitamiento de la UE en el campo internacional, algo que se ha hecho evidente en la compleja relación con Rusia. Esta última es el mayor vecino de la UE, con una frontera de 2.200 kilómetros, y un socio estratégico como proveedor de energía. Más de la mitad del comercio exterior ruso se realiza con la UE, pero en otros campos son rivales.

Recientemente las relaciones llegaron a su punto más bajo con motivo del envenenamiento y detención en Moscú de Alekséi Navalny, el principal opositor del presidente ruso Vladimir Putin. El impasse, que provocó sanciones europeas contra Moscú y retaliaciones proporcionales de Rusia, no ha sido solucionado, entre otras razones porque no todos los 27 miembros de la UE comparten los mismos objetivos de política exterior. Los gobiernos dominados por la extrema derecha se oponen a incrementar las sanciones contra Rusia y llegaron a bloquear una condena conjunta por el caso Navalny. Pero nada de esto borra lo que han logrado unidos los países europeos: una economía sostenible y una sociedad inclusiva que ha enfrentado con éxito las crisis, incluyendo la provocada por la pandemia del Covid-19.


Los euroescépticos

En momentos críticos han aparecido dudas en Europa sobre la conveniencia de mantener la unión construida a lo largo de los últimos 70 años. En años recientes el discurso euroescéptico ha sido utilizado por políticos de varios países apelando a la resistencia que genera la llegada de inmigrantes.

Los principales voceros de esta política han sido los líderes ultraderechistas del Frente Nacional de Francia, Marine Le Pen; de la Unión Cívica Húngara, Víctor Orbán; del Movimiento Nacional de Polonia, Ronert Winnicki; del Partido Popular Austríaco, Sebastián Kurz, y de la Liga Norte de Italia, Mateo Salvini.

Sin embargo, los euroescépticos no han logrado convencer a las mayorías europeas. Del total de 705 diputados que integran el Parlamento Europeo tras la reducción producida por el retiro del Reino Unido, solo 76 pertenecen a partidos euroescépticos y enemigos de la inmigración. Los tres bloques dominantes en el Parlamento son el Demócrata Cristiano, con 187 diputados, el Socialdemócrata, con 146, y el Liberal, con 98.

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