Fomentando su diferencia, Cataluña alimentó el independentismo

El objetivo era cohesionar una sociedad expuesta a sucesivas olas de inmigración. El resultado, una identidad nacional ensalzada que propulsó el nacionalismo.

Archivo AFP

Fomentando sus diferencias culturales durante décadas, Cataluña sembró el actual anhelo de independencia de buena parte de la población.

"Para las nuevas generaciones, la idea de Cataluña como nación es una idea ya bastante inscrita porque ya de alguna manera está presente desde la educación", dice a la AFP el filósofo y analista político catalán Josep Ramoneda.

"Y para ellos es lógico que si es una nación, tenga un Estado", agrega.

Es precisamente lo que piensan los estudiantes instalados en la céntrica Plaza Universidad de Barcelona para contribuir en la organización del referéndum de autodeterminación prohibido.

Junto a una bandera independentista de varios metros que cuelga de la fachada neogótica de la Facultad de Letras, ayudan principalmente a personas ancianas a encontrar dónde les corresponde votar.

Como el referéndum fue suspendido y sus web clausuradas, esta información solo se encuentra en portales de internet más o menos clandestinos.

Estudiante de segundo de Geografía, Humbert Blanco, de 19 años, afirma orgulloso: "Soy nieto de (inmigrantes) andaluces, de personas que ni en broma irían a votar en el referéndum".

Eso sí, su madre es independentista y su padre se mantiene "neutral", reconoce.

El suyo es, según algunos expertos, un ejemplo de la influencia que las políticas identitarias han tenido en las sucesivas generaciones de una región que durante décadas atrajo diferentes olas de inmigración, del sur de España, del norte de África o de América Latina.

'Inmersión lingüística'

Por ejemplo, que todos los niños aprendan catalán es una "manera de integrar a todas las partes en la sociedad catalana" y "evitar la fragmentación social", explica Gabriel Colomé, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Barcelona.

La "normalización" de la lengua catalana, reprimida durante la dictadura de Francisco Franco (1939-1975), centró buena parte de las políticas de los nueve gobiernos sucesivos (1980-2003) del nacionalista conservador Jordi Pujol.

El catalán saltó del círculo familiar al que había sido recluido a ámbitos públicos como la justicia, la economía, la ciencia o el cine.

Ahora en las escuelas públicas, todas las asignaturas -excepto el castellano- se imparte en catalán.

"Es evidente que la inmersión lingüística ha jugado un papel muy importante en la construcción de la nación catalana", reconoce Ramoneda.

También tuvo un papel clave la televisión pública regional, creada en 1983, y que con los años se fue ampliando con canales dedicados al deporte, la cultura, la información o la infancia.

"La televisión será el gran vehículo de socialización cultural y política del país", agrega Colomé.

 '¡España nos roba!'

"Otros elementos integradores, no nada más el idioma, han sido por ejemplo los 'castells'", afirma Ferran Requejo, Catedrático de Ciencia Política en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, en referencia a las torres humanas que ahora animan cada manifestación independentista.

Son "una forma cultural muy típicamente catalana y en ellos participa mucha gente surgida de la inmigración", agrega sobre esta tradición convertida ya en una disciplina deportiva cuyas competiciones se retransmiten en directo por televisión.

En el ámbito del fútbol, "el Barça tambien hizo de aglutinante", afirma, subrayando que su afición no está "solo en Barcelona sino en toda Cataluña".

Pueden parecer políticas positivas pero antiindependentistas acérrimos como el dramaturgo catalán Albert Boadella aseguran que el nacionalismo catalán las aprovechó "para adoctrinar en las escuelas y a través de sus medios de comunicación".

"El catalanismo se ha esforzado en mostrar las diferencias entre el resto de españoles y los catalanes" y ha defendido que "España ha impedido siempre el desarrollo de Cataluña", agrega.

"¡España nos roba!", esta frase se convirtió en uno de los eslóganes de los independentistas cuando el estallido de la crisis económica española en 2008 convirtió a esta rica región en una de las más endeudadas del país.

El descontento se agravó con decisiones como la amputación en 2010 por el Tribunal Constitucional español del estatuto de autonomía catalán.

Y ahora la prohibición de un referéndum que según las encuestas desea más del 70% de catalanes, pese a que solo 41% dice querer la independencia.

Todo esto es leña, esperan algunos independentistas, para alimentar su fuego.

 

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