Debate crucial para la presidencia francesa

Francia: entre el miedo y el cambio

La candidata de extrema derecha ha ganado algunos puntos en las encuestas, mientras su rival intenta convencer a los indecisos, que de acuerdo con encuestas serán la clave este domingo.

Seguidores de Macron en París. / AFP

Anoche fue el único cara a cara entre los dos aspirantes a las presidenciales en Francia: el centrista proeuropeo Emmanuel Macron, favorito, y la ultraderechista Marine Le Pen.

Esta fue la oportunidad de los aspirantes al Elíseo de confrontar sus planes radicalmente antagónicos sobre economía, inmigración e integración europea, con los que pretenden enderezar una Francia en crisis frente a la globalización.

Después de diez días de una campaña despiadada, Macron sigue liderando cómodamente los sondeos, con alrededor del 60 % de la intención de voto, pero ha perdido entre uno y cinco puntos desde la primera ronda, el 23 de abril.

En 2002, el candidato conservador Jacques Chirac se negó a enfrentarse en televisión a Jean-Marie Le Pen, el padre de la actual candidata y cofundador del Frente Nacional. Pero Macron, un joven político de 39 años que podría convertirse el 7 de mayo en el presidente más joven de la historia de Francia, aceptó el duelo televisivo. “No debatir con el enemigo sería un error”, dijo.

Lo dice porque tanto él como Le Pen buscan seducir a los indecisos y convencer a los abstencionistas de ir a votar el domingo. Según las encuestas, 20 % de los franceses aún no han decidido su voto y 30 % podría abstenerse, un 10 % más que en 2012.

Le Pen, una oradora eficaz que, con 48 años, tiene más experiencia política que su rival, se presenta como la “defensora del pueblo” frente a la “oligarquía” que, según ella, encarna Macron.

Los bastiones de Le Pen

Son muchos los franceses, la mayoría de las idílicas aldeas francesas, a los que Macron tiene que convencer y en donde Le Pen se hace fuerte. Béziers, por ejemplo, es uno de sus bastiones.

Este municipio costero de 75.000 habitantes era una antigua potencia vinícola, pero ahora el desempleo y la desigualdad reinan. Los argumentos de Le Pen gobiernan allí y en otras aldeas.

“Nos han machacado durante más de 40 años”. La idílica aldea de Puget-Théniers es un claro ejemplo de esta ola de indignación en las zonas rurales de Francia, que se ha traducido en el voto por la extrema derecha.

“Estamos hartos de nuestros líderes que favorecen a los grupos financieros, las aseguradoras, los banqueros”, afirma Leo Vellutini, de 56 años, mientras bebe algo con unos amigos en la plaza del pueblo.

Las granjas han ido desapareciendo y con ellas las tiendas locales y el empleo. Los habitantes conducen ahora hasta las grandes superficies o se conectan a internet para hacer sus compras.

No hay duda de que los guiños de Le Pen al “pueblo olvidado”, sobrepasado por los grandes cambios económicos y tecnológicos, encuentra aquí un terreno fértil. Las zonas populares de las grandes ciudades no votan en general por Le Pen.