Colombia pidió a la OEA intervenir en crisis de Nicaragua

Furia asesina en Masaya

Las fuerzas del gobierno de Daniel Ortega arremeten contra los habitantes de esta ciudad, que exigen la renuncia del mandatario. Crece la violencia.

Un grupo de manifestantes en contra de Daniel Ortega se cubren detrás de una barricada en Masaya. / AFP

Declararse en rebeldía contra Daniel Ortega le está saliendo muy caro a Masaya. Esta ciudad, cuna de la revuelta en contra del gobierno de Nicaragua, es hoy blanco de una salvaje represión por parte de las fuerzas gubernamentales.

La situación es de tal gravedad ¬desde abril de 2018, cuando estallaron las protestas, han muerto cerca de 200 personas, según datos de organismos de derechos humanos¬ que el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, le pidió ayer a la Organización de Estados Americanos (OEA) intervenir en la crisis.

Crisis que se intensifica con la reacción del gobierno frente a las ciudades en donde la protesta crece. Según reporta el periódico La Prensa, de Managua, el brutal ataque perpetrado por fuerzas regulares y paramilitares contra Masaya, foco de la inconformidad contra Daniel Ortega, dejó el primer día seis muertos y más de 35 heridos.

Ya había desatado su fuerza asesina sobre Managua y Jinotepe, en donde cientos de jóvenes han muerto a manos de supuestos francotiradores.

“Denunciamos las maniobras y mentiras sistemáticas de Ortega y Murillo (Rosario Murillo, esposa del presidente y vicepresidenta), quienes proclaman la paz pero desarrollan una guerra terrorista y cobarde en contra de la ciudad de Masaya”, denunciaron sus habitantes.

La ciudad se declaró el martes en “rebeldía” para exigir la salida del poder de Ortega. “Masaya es un territorio libre del dictador”, gritaban sus habitantes que, con árboles, piedras y montones de basura, bloquearon la carretera que conecta con Managua. Las barricadas fueron arrasadas por fuerzas gubernamentales al día siguiente y ayer los grupos de choque de Ortega “tomaron la vía principal mientras tiraban a matar contra los jóvenes que se mantenían atrincherados en las barricadas”, relata la prensa.

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La Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH) denunció el miércoles que “efectivos militares vestidos de policías realizan ataques selectivos en Masaya, en donde llegaron a incendiar un hotel, tras detener a 20 mujeres que protestaban con cacerolas”.

“Son militares vestidos de policía, son paramilitares los que están haciendo ataques selectivos, después de la masacre del martes en Masaya”, dijo a Efe el presidente de la ANPDH, Álvaro Leiva.

Por los hechos, el alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra'ad al Hussein, consideró urgente que una comisión internacional investigue la violencia en ese país y dijo que la mayoría de las víctimas “lo han sido a manos de fuerzas policiales o de grupos progubernamentales, incluso con la participación de francotiradores”.

En las faldas del volcán

Masaya, ubicada en las faldas del imponente volcán del mismo nombre, fue una de las primeras ciudades en levantarse contra el Gobierno de Ortega. Ubicada a 35 kilómetros al sur de Managua, sus pobladores reportan constantes balaceras y ataques de hombres armados. Las campanas de la iglesia de Masaya lo confirman, pues repican anunciando la arremetida armada. Ayer no dejaron de sonar.

“La situación que vive Nicaragua pareciera repetir paso por paso lo que sucedió hace 40 años, cuando la gente salió a las calles a protestar contra los abusos de la dictadura de la dinastía Somoza. Pero hay una diferencia fundamental que tiene algo de trágica ironía. Quien lideró la revuelta contra el dictador Somoza, quien articuló la rebeldía anárquica y la convirtió en conciencia revolucionaria, el líder sandinista Daniel Ortega, izquierdista y democrático, hoy es el tirano que hay que derrocar. La gente salió a las calles cantando que “Ortega y Somoza son la misma cosa”, relataba un columista en La Prensa.

Ver más: La fuerza bruta es la única fuerza que controla Ortega, y la está usando, denuncia periodista 

El miércoles se escuchaban disparos en distintos puntos de la localidad, mientras que pobladores reportaron balaceras y ataques de hombres fuertemente armados en las ciudades de Jinotepe, León, Matagalpa y Estelí.

“Son situaciones de extrema violencia que ya están sobrepasando los límites, y la verdad es que nos encontramos en una indefensión total”, dijo a la AFP la directora ejecutiva del Cenidh, Marlin Sierra.

La Policía Nacional califica las protestas contra el Gobierno de Ortega como actos terroristas y acusa al crimen organizado que opera en Nicaragua, “con armas de fuego, artesanales, morteros y bombas molotov”, de alterar el orden público, la paz y tranquilidad de los nicaragüenses.

“La Policía Nacional hace un llamado a respetar la vida, la propiedad pública y privada, el derecho de las personas a circular libremente en todo el territorio nacional y reitera su compromiso de continuar trabajando por la paz, la seguridad y la tranquilidad de las personas, familias y comunidades”, continuó.

¿Quiénes son los parapolicías?

Los parapolicías, llamados así por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), son hombres encapuchados, fuertemente armados, que se desplazan en camionetas Hilux junto con la Policía Nacional, realizan arrestos, asaltos y disparan contra la población.

Organizaciones humanitarias locales e internacionales señalan a los parapolicías entre los responsables de unos 200 muertos y más de 1.500 heridos, dejados por la crisis sociopolítica que atraviesa el país.

Ver más: Armadas con cacerolas, mujeres repelen ataque bélico

Amnistía Internacional (AI) denunció que las autoridades nicaragüenses usan grupos paramilitares para reprimir a los manifestantes. El presidente Ortega ha negado que tanto la policía como el ejército hayan disparado contra civiles. Pero los que han muerto lo han hecho por tiros certeros en cabeza, cuello y pecho. “Son gente preparada, gente especializada, que los tiros son exactamente letales. Son (a la) cabeza, abdomen, tórax”, explica Javier García, manifestante.

“Esto está horrible, ya no se puede vivir en paz, la gente se está muriendo por este gobierno que no se quiere ir”, dijo a AFP Ramona Alemán, una ama de casa de 40 años, en el cementerio del norte de Masaya, donde ayer enterraban a Marvin López, muerto a tiros la víspera en una trinchera por un disparo de bala en la garganta.

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