Hijos de genocidas argentinos quieren dar testimonio en contra de sus padres

Bibiana R. forma parte del colectivo "Historias desobedientes y con faltas de ortografía" que quiere denunciar a los familiares que estuvieron involucrados en los crímenes de lesa humanidad durante la dictadura argentina. Pero el código procesal penal en Argentina lo prohíbe.

Una mujer sostiene un cartel que hace referencia a los 30.000 desaparecidos durante la dictadura (1976-1983) en Argentina.EFE

A los 21 años, Bibiana R. (1956, Buenos Aires), licenciada en psicopedagogía, se enteró de que su padre no volvía del trabajo con las manos limpias. El oficial del ejército coordinaba los grupos que hacían tareas de inteligencia durante la dictadura argentina. 40 años después, ella forma parte del colectivo "Historias desobedientes y con faltas de ortografía" que quieren conseguir que los hijos puedan dar testimonio de los crimenes de sus padres. 

¿Quién fue su padre?

Mi padre fue oficial del ejército. Se retiró como mayor en 1970; en 1972 volvió a los servicios de inteligencia en el ejército como personal civil. Desde ese momento, él coordinaba grupos de personas que hacían tareas de inteligencia en esos años. Después empezaron con los secuestros y demás.

¿Cómo fue su infancia?

Toda mi infancia y mi adolescencia la viví en dictadura. En 1976, llegó el golpe y la última dictadura. Yo tenía 21 años y ya había ingresado en la universidad de Buenos Aires. Así que ya tenía mi propio criterio y mi forma de pensar e iba construyendo un pensamiento diferente al de mi familia, que eran todos muy de derecha. Mi pensamiento fue más hacia lo social y siempre fue ligado a la justicia social.

Crecí en una familia de derecha, con cierto clima autoritario y violento. En general, digamos, en estas familias los hijos son silenciosos e introvertidos. Yo era muy tímida y silenciosa cuando era chiquita. Siempre era buena alumna, porque ni hablaba. Mi familia me dio lo que pudo y siempre tuve un vínculo de afecto con mi padre.

¿Cómo le recuerda?

Fue una persona muy contradictoria... Un ser humano muy contradictorio, porque conmigo era un buen papá y con los amigos era un buen amigo. Pero  fue responsable de decir a quién iban a secuestrar y a quién no. Él coordinaba los grupos de personas que iban a secuestrar a otros. Y estos secuestrados eran torturados. Él no los torturaba directamente, pero era quien decía a quién iban a buscar y a quién no.

(Le puede interesar: "Nunca voy a pedir perdón", Alfredo Astiz, el ángel de la muerte.)

¿Cómo fue la relación con su padre?

Mi relación, en ese momento, no era tan estrecha, porque no vivíamos juntos. Mis padres estaban separados desde que tenía 14 años, pero lo veía con frecuencia. Siempre tuvimos una buena relación, aunque siempre estaban incluidos los enfrentamientos, las discusiones, las contradicciones y confrontaciones. A medida que pasaron los años se hicieron mayores.

¿Cómo se dio cuenta del trabajo oscuro de su padre?

Fue todo muy progresivo. En el año 1977 entré a trabajar en la obra social de correo. Me enteré de que al marido de mi jefa Isabel lo secuestraron de su casa. Él era médico. Mientras estaban durmiendo entró un operativo violento, lo golpearon, se lo llevaron herido y les robaron todo lo que pudieron. Yo estaba muy angustiada, siendo testigo cercano de lo que le estaba pasando a mi jefa. Pregunté por la situación a mi padre, lo enfrenté: ¿Qué carajo está pasando? En esta noche tuvimos una confrontación y un enfrentamiento bastante fuerte.

¿Y qué respondió su padre?

Él me dijo que estábamos en una guerra, que era una guerra muy sucia en la que morían inocentes, algo que siempre pasa en las guerras. Esta respuesta marcó una distancia entre nosotros.

¿Cómo se sentió usted con el pasado de su papá?

En esos años, todavía era como que uno no podía creer a qué nivel estaban pasando las cosas. A medida de que pasaron los años, fui siendo cada vez más consciente. Cuando fui totalmente consciente fue algo muy vergonzoso para mí. Un nivel de vergüenza terriblemente dolorosa.

¿Usted seguía queriendo a su padre después de eso?

Sí, por lo contradictorio que parezca, pero justamente esta contradicción le da un poder más genuino a mi posición. Es mucho más fácil repudiar a alguien que uno no conoce, no quiere o no tiene vínculo ningúno. Cuando uno tiene un vínculo afectivo todo se vuelve sumamente más complejo, difícil y doloroso. Siempre fue una vergüenza muy profunda, lacerante y fuerte.

¿Pudo hablarlo con sus familiares?

Dentro de las familias hay mucho silencio. Es un tema del que no se habla. Hay mucha dificultad para hablarlo, porque es un asunto profundamente doloroso, contradictorio y complejo. Solamente puedo compartirlo con mi media hermana.

¿Logró hacer las paces con su padre?

Mi padre murió en el 2002 sin haberme dicho casi nada. Cuando dejó los servicios de inteligencia en el año 86 le exigí que me hablara, que confesara, que me diera un dato de una familia que se apropió de algún bebé. Algo. Sentía la obligación moral o ética. Quería darle paz por lo menos una familia. Pero no. La verdad no lo logré. 

(Le puede interesar: Declaran monumento histórico mayor cárcel ilegal de la dictadura argentina)

Usted forma parte del colectivo: historias desobedientes, hijas, hijos y familiares de genocidas. ¿Cómo salió este grupo?

Somos algo totalmente inesperado. Nadie espera que una hija o un hijo, que quiere a su padre, repudie su accionar. Es una situación muy paradójica y contradictoria, pero de esa tensión hay como una exigencia ética de posicionarse en un lugar. Como fui construyendo mi identidad, mi propio pensamiento diferente a mi familia, me exigió tomar esta posición ética de repudio.

Hubo una necesidad ética de justicia que no podemos seguir solos y desperdigados y callados. Estas cosas son difíciles hablarlas cuando uno es una pieza suelta.

(Le puede interesar: Histórico juicio por crímenes en la dictadura argentina termina con 48 condenas)

¿Qué quieren conseguir con el colectivo?

Pedimos que los hijos y familiares directos podamos dar testimonio y que podamos denunciar en casos de delitos de lesa humanidad. Hay dos artículos en el código procesal penal que prohíben que los hijos y los familiares directos denuncien y se desestima sus testimonios para mantener la cohesión familiar. Pedimos que esto se reformule para los casos de delitos de lesa humanidad.

Usted hubiera declarado contra su padre si hubiera tenido la oportunidad.

Hubiera sido totalmente liberador, aliviante en sentido ético y moral. Absolutamente.

¿Perdonó a su padre?

No se trata de haberlo perdonado. No se trata de una cuestión personal. En lo personal nos despedimos sin mucha paz. Pero el asunto viene por el lado de la justicia de la verdad y la memoria. Por esto nosotros pedimos esta reforma del código procesal penal. Porque la cuestión no tiene que ver si los hijos perdonamos o no, sino con la justicia que no podemos permitir las prisiones domiciliarios, no podemos permitir el 2x1.

¿Qué significa la justicia en estos casos para usted?

Para mí la justicia son dos cosas: Primero, que los culpables confesaran y que hablaran: ¿Dónde están los cuerpos desaparecidos que son miles y miles y miles? ¿Dónde están los niños desapropiados que desconocen todavía su identidad? ¿Qué hicieron con ellos?

En segundo lugar, que mueran en la cárcel, después de haber hablado y habiendo confesado. Ni siquiera digo que se arrepientan porque ya sería una utopía demasiado grande y una ingenuidad muy grande, pero que confiesan y que digan algo para morir con un poquito de paz.