Hoy, jornada histórica en la Cámara de Representantes de EE. UU.

Impeachment a Trump: el muro republicano que salvará al presidente en su juicio

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La Cámara de Representantes de EE. UU. votará este miércoles los cargos contra Donald Trump para abrirle un juicio político. Si estos se aprueban, el siguiente paso para destituirlo se dará en el Senado, donde el presidente cuenta con un poderoso refugio en sus aliados republicanos que, por ahora, parecen no permitir que el mandatario sea removido de la Casa Blanca de ninguna manera.

Esta podría ser la Navidad más amarga en la vida de Donald Trump. Los miembros de la Cámara de Representantes de Estados Unidos están citados este miércoles para decidir, en una histórica jornada, si aprueban la destitución del presidente por abusar de su poder y obstruir las labores del Congreso en el marco del polémico Ucraniagate. En caso de que el voto sea afirmativo, el mandatario tendría que presentarse a un juicio en el Senado para rendir cuentas y demostrar que no violó la ley. Allí es donde en realidad se jugará su futuro, pues en caso de que dos tercios de los senadores apoyen la destitución, el republicano será removido de su cargo marcando un hito en la historia del país. Pero a pesar de lo macabro y cercano que pueda verse este escenario, Trump luce extremadamente tranquilo, pues él más que nadie sabe que el Senado actualmente está controlado por su partido, lo que hace que una condena en su contra en última instancia se considere poco probable.

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El único muro con el que de verdad cuenta Trump hoy es con el que el Partido Republicano levantó en el Senado. Esta es una estructura impenetrable, por lo menos por ahora, que ha dejado muy en claro que hará lo imposible por defender a su presidente de cualquier amenaza y que es capaz de ponerlo a él antes que los valores democráticos y de justicia que ostenta la nación. Aunque se supone que en el juicio los senadores republicanos son parte del jurado, estos han demostrado estar totalmente parcializados en el proceso. El líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConell, declaró hace unos días, sin rodeos, que trabajaría en “coordinación total” con la Casa Blanca en el hipotético juicio. “No habrá diferencia entre la posición del presidente y nuestra posición sobre cómo manejar esto en la medida en que podamos”, dijo McConnell a la cadena Fox News.

“La declaración fue extremadamente reveladora. En lugar de dar a los artículos de juicio político una audiencia justa y un juicio serio, el líder de la mayoría en el Senado solo le dará a Trump total impunidad”, declaró Julian Zelizer, analista político de CNN y profesor de historia y asuntos públicos en la Universidad de Princeton. En este caso, “el presidente Trump pudo haberse sentido libre de ejercer su poder presidencial de la manera en que lo hizo, porque los republicanos del Congreso lo han protegido desde el primer día. A pesar de muchos momentos de refunfuños privados, los republicanos siempre han apoyado al presidente. Independientemente de si su lealtad proviene del miedo a perder sus trabajos o una genuina afinidad con el presidente, Trump ha podido contar con su partido para salvarlo”, agregó Zelizer.

Para muchos analistas, los senadores republicanos podrían estar apoyando al mandatario en su proceso de destitución por temor a las consecuencias políticas que tendría apoyar al bando contrario. “Es comprensible que los republicanos no quieran cometer suicidio político, ni para ellos ni para su partido. Casi todos los observadores políticos reconocen que un republicano que vota por la destitución se verá más adelante desafiado por un candidato que defienda a Trump al 100 %. Las últimas encuestas muestran que el 94 % de los republicanos apoyan al presidente y están en contra de la destitución. También es probable que Trump haga campaña por cualquier rival que asuma una votación predominante republicana por juicio político”, explica Robert Stern, expresidente del Centro de Estudios Gubernamentales con sede en Los Ángeles a Los Ángeles Times.

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Hay un evidente factor electoral en la toma de decisiones en este juicio político contra Trump. Y, en medio de ello, tiene sentido que los republicanos guarden silencio y no voten por una condena, aunque lo que esté en juego sea algo tan grande como el futuro de la nación. Sin embargo, hay un factor mucho más profundo e impactante, y es el político, que demuestra por qué los republicanos no se alejarán del presidente.

La política en Estados Unidos no es la misma que hace 45 años, cuando el presidente republicano Richard Nixon estaba al borde de un proceso de destitución por el escándalo de Watergate. En ese momento, en 1974, hay que recordar dos cosas: el propio partido del presidente lo abandonó. Las pruebas eran tan contundentes, que el 7 de agosto de ese año una comitiva de líderes republicanos caminó a la Casa Blanca para decirle a Nixon que su presidencia había terminado. Dos días después, eso desembocó en su renuncia. Pero, por otro lado, además del rechazo de su partido, hay que destacar el apoyo que tenía Nixon de parte de unos demócratas. Estas condiciones ya no se ven hoy porque, como explica Alex Seitz-Wald, analista político de la NBC, tras el escándalo de Watergate hubo una división masiva en la vida política estadounidense, en la que “se odia al otro equipo más que nunca” y hay un clima mediático que alimenta y refuerza el abismo entre los dos partidos.

“Hasta hace relativamente poco, los partidos políticos eran coaliciones confusas de grupos regionales, ideológicos y raciales que incluían demócratas conservadores en el sur y republicanos liberales del noreste… (En el caso Nixon) tanto el apoyo como la oposición al juicio político fueron bipartidistas”, dice Seitz-Wald. Pero “desde entonces, los partidos demócrata y republicano se han congelado lentamente en monolitos de estadounidenses con ideas afines que no solo votan de la misma manera, sino que también tienden a vivir en el mismo tipo de vecindarios, escuchan el mismo tipo de música e incluso usan el mismo tipo de jeans”, agrega. Y el profesor Norm Ornstein, del American Enterprise Institute, concuerda con él, pues explica que ahora “significa que cualquiera que no sea parte de tu tribu es el enemigo. Y todo lo que hagas para enfrentarte a tu propia tribu se convierte en herejía. Eso es diferente de lo que teníamos antes”.

El exsenador William Cohen afirma que hoy “el Partido Republicano no es fiel a los principios como tales, sino leal a la persona de Trump. Realmente es una figura de culto. Nixon no. Con él no sentían lealtad personal hacia el hombre, sino al partido”. A esto se le conoce como partidismo negativo, una tendencia motivada por querer castigar al otro más que promover su propia causa. Esta división, en gran medida, ha sido promovida por los medios de comunicación que surgieron tras el escándalo de Watergate. Antes de este punto solo se encontraban las principales redes de comunicación oficiales. Pero hoy, con medios en los diferentes polos extremos de la política, como Fox News, la verdad se ha visto deteriorada en servicio de ataques politizados.

“Nixon pudo haber sobrevivido si hubiera habido un Fox News”, dice John Dean, exabogado de la Casa Blanca durante la era Nixon, quien además es conocido por testificar contra el presidente. “Pero la polarización no puede ser una justificación para los hechos, la moral y el estado de derechos republicanos o demócratas. Si la polarización justifica múltiples realidades, la democracia tal como la hemos conocido ha terminado”, sentencia Dean.

A pesar de que el futuro en el Senado es casi claro, la puerta a una reacción diferente no está cerrada. Según analistas, los demócratas deberán jugar bien sus cartas de ahora en adelante para presionar a los republicanos para obtener un juicio mucho más justo y abierto, en el que se puedan obtener testimonios de la Casa Blanca que hasta ahora han sido negados por el gobierno. Para ello buscarán citar el modelo del proceso contra Bill Clinton, el último presidente en enfrentar una situación similar a la de Trump en 1999, en el que se pudieron introducir testimonios de testigos y otras pruebas mediante una negociación entre las dos cámaras.

Para algunos analistas, la decisión de los demócratas de iniciar el juicio político fue apresurada. “No importa cuán convincentes sean las pruebas contra el presidente, y son bastante convincentes, pero en última instancia no lograrán sacarlo de su cargo”, escribió Charles Sykes, editor general de Bulwark. Sin embargo, como él explica, esto tiene objetivos más modestos y dignos, como mover a la opinión pública de cara a la carrera electoral por la presidencia del próximo año, pero para generar un efecto verdadero debería, según dice, bajar la velocidad. “A este ritmo, una votación rápida en diciembre y una absolución del Senado en enero probablemente se olvidarán en mayo. Es el mundo en el que vivimos. Por lo tanto, es valioso reducir la velocidad y dejar que las pruebas clave se sumerjan en el público. Hay que pausar y enfocarse en los elementos claves. La repetición, la amplificación y el contexto son tus amigos”, explica Sykes.

Si Trump enfrenta una condena es un hecho casi descartado. Aunque no imposible. Pero si este juicio golpeará sus intenciones de reelección, todavía es algo que habrá que observar más adelante.

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