Vuelven las pesadillas de la Guerra Fría

La amenaza nuclear en la era Trump

Según la NBS, el presidente Trump pidió incrementar el arsenal nuclear estadounidense. En menos de un año, el mandatario logró revivir las tensiones que sólo vivían con la Unión Soviética.

Trum durante la campaña presidencial. / AFP

Lo poco que se sabía de la reunión que el presidente Donald Trump sostuvo con sus consejeros de seguridad el pasado 20 de julio era que, al final, algunos de los asistentes reportaron que la palabra “imbécil” salió de la boca del mismísimo secretario de Estado para referirse al mandatario estadounidense. Lo que provocó el insulto de Rex Tilerson tuvo especulaciones de muchos hasta que, este miércoles, la cadena NBC publicó un reporte que daba pistas sobre el asunto y causó la furia del presidente, quien, después de acusar a la cadena de televisión de difundir noticias falsas, se preguntó sobre la conveniencia de revocar su licencia.

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Según la NBC, tres oficiales presentes en la reunión confirmaron que el presidente había sugerido multiplicar por 10 el arsenal nuclear de Estados Unidos, una petición que iría en contra de varios tratados internacionales encaminados a la no proliferación de ese tipo de armamento.

Aunque los altos mandos militares le explicaron a Trump la imposibilidad de llevar a cabo su solicitud, se espera que a finales de este año o comienzos de 2018 una comisión presente un informe sobre las posibilidades de Estados Unidos frente al tema.

“Creo que no podemos llevar a otra generación a ir por el mundo bajo la amenaza de ese tipo de armas y sabiendo que, en algún lugar, un loco puede apretar el botón”, solía decir el presidente Ronald Reagan en los 80, durante la época en la que, junto con el líder de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov, sacó adelante varios acuerdos que lograron reducir el inventario de bombas y misiles nucleares de ambas potencias.

A pesar de ser conservadores, miembros del Partido Republicano y estrellas del mundo del espectáculo, con sus respectivas carreras en el cine y en los realities, Reagan y Trump están muy lejos en cuanto a sus posiciones frente al armamento nuclear.

Durante la campaña presidencial, Trump hizo énfasis en el mal estado del arsenal nuclear estadounidense y en la falta de presupuesto destinado a su mantenimiento. “Ni siquiera sabemos si funciona”, se le oía repetir en las entrevistas. Sin embargo, y aunque su postura siempre fue ambigua, nunca llegó a insinuar que pediría un incremento en el arsenal nuclear. “Para mí, el problema más grande del mundo es el nuclear y la proliferación”, le dijo en marzo del año pasado a The New York Times.

El viraje de Trump frente a las armas atómicas se da a conocer en medio de una escalada de tensiones que se deben, en gran medida, a la torpeza de Trump en el campo diplomático.

Por un lado está el régimen de Pyongyang, que este año ensayó una de sus bombas atómicas y no ha parado de lanzar misiles balísticos intercontinentales. Cuando a comienzos de octubre se supo que su secretario de Estado, el mismo que lo llamó “imbécil”, tenía una línea de comunicación directa con el régimen norcoreano y estaba buscando la forma de negociar con Pyongyang el modo de reducir su producción de bombas y misiles, el presidente describió la iniciativa como una “pérdida de tiempo”.

Por el otro lado está Irán, que en 2015 logró un acuerdo sin precedentes con Estados Unidos y Alemania, para limitar su programa nuclear a la producción de energía eléctrica a cambio de alivios frente a las sanciones económicas que le había impuesto Occidente. A Trump el acuerdo siempre le pareció “el peor trato de la historia” y desde hace días se rumora que la Casa Blanca no certificará el cumplimiento del tratado por parte del gobierno iraní.

Aunque no certificar el acuerdo no significaría su fin, pues estaría en manos del Congreso decidir si lo pactado con Irán sigue en pie, la postura de Trump implicaría un fuerte golpe a la credibilidad de Estados Unidos, pues como le dijo a The New York Times Wolfang Ischinger, el embajador alemán en Washington, “sería una falta de respeto total a los aliados estadounidenses”.

En el acuerdo logrado con Irán no sólo intervino Alemania y Estados Unidos, sino que también contó con el aval de China, Rusia, Gran Bretaña y Francia. A eso se suma que, hasta el momento, Irán ha cumplido a cabalidad con lo pactado por lo que aumenta la sensación de que Trump no tiene muchos argumentos para dejar de certificar el acuerdo.

Para la premier británica, Theresa May, el acuerdo con Irán es “de vital importancia para la seguridad regional”, y a comienzos de septiembre la canciller alemana, Ángela Merkel, propuso tomar el acuerdo logrado con Irán como modelo para negociar con Corea del Norte, algo que demuestra la seriedad con la que se toman el acuerdo las potencias occidentales y que, sin embargo, no llegaría muy lejos si Trump insiste en ponerle zancadilla al pacto.

Si Estados Unidos decide darle reversa al pacto con Teherán, el Congreso tendría 60 días para pronunciarse sobre el tema. Desde el partido de gobierno, voces como la del senador republicano Bob Corker, que ha descrito a la Casa Blanca de Trump como un asilo para ancianos, y a las actitudes de Trump como infantiles y encaminadas a una “tercera guerra mundial”, podrían inspirar un poco de optimismo, pero lo cierto es que, en menos de un año, Trump ha logrado revivir las tensiones nucleares que el mundo no veía desde la Guerra Fría.

 

 

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