La anexión israelí de partes de Cisjordania se aproxima con más dudas que certezas

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Quedan solo dos semanas para el inicio del plan de anexión anunciado por el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y todavía hay más preguntas que respuestas. Expertos de la ONU advierten que, de continuar con este plan, se crearía un “apartheid del siglo XXI”.

A menos de dos semanas de la fecha prevista para que el Gobierno israelí ponga en marcha su plan de anexión de partes de Cisjordania, las incógnitas sobre cuándo, cómo y en qué formato se llevará a cabo marcan el debate y arrojan dudas sobre un polémico proceso del que aún se desconocen muchos detalles.

El primer ministro, Benjamín Netanyahu, concibe la anexión como el principal elemento de su agenda política, y reitera casi a diario que seguirá adelante con ella, pero tiene varios frentes abiertos pendientes de resolver que podrían poner trabas a la activación del plan para el día que él mismo marcó, el próximo 1 de julio.

Una división interna

A solo 13 días de la fecha señalada, el jefe del Gobierno aún no ha acordado una estrategia conjunta sobre el método y extensión de territorios a anexionar con su principal socio de coalición, el titular de Defensa y primer ministro alterno, Beny Gantz, reticente a dar pasos unilaterales y que se inclina a que la tierra incorporada a la jurisdicción israelí sea más bien reducida.

A ello se suma la lenta coordinación con Estados Unidos, que este enero validó la anexión de colonias y del geoestratégico Valle del Jordán con la presentación de su propuesta de paz, pero también puso condiciones: cualquier paso que tome Israel se debe coordinar con la Administración norteamericana y ésta debe dar su visto bueno a un proceso sobre el cual aún no ha dado su beneplácito final.

Pendientes quedan varias cuestiones, una de ellas cartográfica: un comité israelí-estadounidense debe diseñar un mapa definitivo con los nuevos límites de Cisjordania, un complejo procedimiento que parece estar lejos de concluir y que se ve obstaculizado por la falta de consenso dentro del Ejecutivo israelí, informan medios locales.

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La postura de Estados Unidos

El embajador de Estados Unidos en Israel, David Friedman, se ha reunido en varias ocasiones con Netanyahu y Gantz en los últimos días para que estos acerquen posiciones, pero no se ha informado de progresos en este sentido. La Casa Blanca ve necesario el consenso para que la anexión -a la que se oponen palestinos y gran parte de la comunidad internacional- tenga al menos apoyo de una parte importante de la población israelí.

La distancia entre ambos es aún grande y están lejos de resolver sus diferencias, señala hoy el periódico "Haaretz", que cita a fuentes cercanas a Netanyahu. Los partidarios del plan temen que, si no llegan a un acuerdo pronto, el Gobierno estadounidense pierda interés y relegue el asunto a un segundo plano, lo que implicaría dejar pasar el "momentum" y desperdiciar una oportunidad que podría no repetirse.

Gantz -inicialmente contrario a una anexión sin coordinación con la comunidad internacional- insiste en la necesidad de llegar a entendimientos con los países árabes cercanos a Israel, sobre todo Jordania y Egipto, los únicos Estados vecinos con los que el país firmó unos acuerdos de paz que podrían estar en cuestión si el proceso se lleva a cabo de forma unilateral, sin tener en cuenta a todas las partes.

Una anexión, dos fases

Según el diario conservador "Israel Hayom", Netanyahu valora la opción de aplicar la anexión en dos fases: comenzaría incorporando las colonias del interior de Cisjordania -un 10% de territorio- para presionar a los palestinos a negociar, y anexionaría en una segunda etapa los bloques de asentamientos y el Valle del Jordán, llegando al 30% de territorio que permite el plan de Estados Unidos.

Esta estrategia, aún en fase preliminar según el diario, le serviría para capear las presiones de distintos sectores: no anexionar inicialmente el Valle del Jordán le daría un respiro ante Jordania -muy reacia a este paso, al ser esa zona fronteriza-, mostraría un perfil más moderado a los países árabes y a los grupos moderados de Estados Unidos, y a su vez aplacaría el descontento colono.

Muchos líderes colonos -con gran influencia dentro de la derecha israelí- se oponen a la anexión en el formato que plantea Estados Unidos, quieren un plan que les beneficie más y presionan para perfilar un mapa de Cisjordania según sus intereses, en el que unas 19 colonias de su interior no queden relegadas en enclaves. Se han convertido en un detractor inesperado con el que Netanyahu también debe lidiar.

Con todo, a estas alturas la anexión es aún un misterio: Netanyahu no concreta sus detalles en público, fuentes oficiales declinan hablar con medios sobre este tema y son las filtraciones, especulaciones y rumores los que marcan un debate poco claro sobre un plan que amenaza con desestabilizar todavía más una región marcada por décadas de conflicto.

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