Coronavirus: La batalla política mundial que esconde la carrera por la vacuna

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Encontrar la cura del COVID-19 tiene compitiendo a Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Europa por el primer lugar. En caso de que alguno halle una que funcione, hay quienes temen que la vacuna se politice y sean las potencias las que decidan cómo será producida y distribuida.

La promesa de una vacuna contra el coronavirus para fin de año ha formulado una difícil pregunta en materia de geopolítica y de salud pública: ¿quién la conseguirá primero y a qué costo?

Laboratorios de todo el mundo se encuentran desarrollando en este momento más de 155 vacunas contra el COVID-19. Desde Estados Unidos, hasta Australia, pasando por Reino Unido, Alemania y Rusia, son varios los países que han dirigido sus esfuerzos para buscar una solución a la pandemia.

Las vacunas generalmente requieren años de investigación y pruebas antes de llegar a fase clínica, pero debido la urgencia que ha provocado el COVID-19, infectando a más de 11 millones de personas, matando a más de 500.000 y con las economías en crisis, los científicos están compitiendo para producir una vacuna segura y efectiva. De acuerdo con el diario estadounidense The New York Times hay 23 vacunas que se encuentran ya en fase avanzada.

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Una de estas es la desarrollada por el laboratorio británico AstraZeneca, en conjunto con la Universidad de Oxford. Esta semana los científicos anunciaron con entusiasmo que la fase tres, que comenzó en abril y en la que participan unos 1.000 voluntarios sanos, estaba mostrando “resultados prometedores”, pues la posible vacuna estaría generando los anticuerpos y las células T que podrían ser las adecuadas para generar una respuesta inmune contra el virus.

Sin embargo, esta no fue la única noticia sobre la vacuna británica que hizo eco en la semana. El jueves, el Centro de Ciberseguridad Nacional del Reino Unido alertó que presuntos piratas informáticos vinculados con agencias rusas de inteligencia atacaron a científicos británicos que trabajan en el desarrollo de la vacuna. contra el COVID-19.Y aunque Rusia negó las acusaciones en su contra e incluso afirmó que estaba trabajando de la mano con el laboratorio de Oxford, el presunto “hackeo” contra los británicos puso de nuevo en la palestra pública un debate al que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y expertos en salud pública de todo el mundo le tienen miedo: ¿quién ganará la carrera por la vacuna y qué implicaciones tendrá?

Potencias mundiales, incluidas Estados Unidos, China, Brasil, Francia, Alemania e Italia, han estado cerrando acuerdos con las empresas farmacéuticas para desarrollar y producir vacunas en masa para sus propios ciudadanos, una situación que genera gran preocupación para la Organización Mundial de la Salud, y en especial para los países más pequeños o en vías de desarrollo.

De hecho, ya la OMS advirtió que el proteccionismo en cuanto a la distribución de la vacuna podría limitar la disponibilidad global de las dosis. “Quienes tengan más dinero asegurarán esas vacunas y medicamentos y, básicamente, gran parte del mundo en vías de desarrollo estará completamente fuera del panorama”, le comentó a “The New York Times”, Simon Evenett, profesor de Comercio Internacional y Desarrollo Económico de la Universidad de San Galo.

“A corto y mediano plazo significará que la pandemia se desate en países sin insumos. A largo plazo, habrá consecuencias por alcanzar la cooperación global en otros asuntos”, dice por su parte Thomas Bollyky, director del programa de salud global del Consejo de Relaciones Exteriores, think-tank estadounidense especializado en política exterior y en los asuntos internacionales de Estados Unidos, a “Foreign Policy”.

La preocupación por la disponibilidad de vacunas se produce a medida que los contagios por coronavirus van en aumento, en especial en zonas vulnerables como en América Latina, actual epicentro de la pandemia. “Lo peor está por venir”, ha dicho Tedros Adhanom Ghebreyesus, jefe de la OMS. “Todos queremos seguir con nuestras vidas. Pero la dura realidad es que esto ni siquiera está cerca de terminar”.

Pero detrás del principio del “bien público mundial” subyacen en realidad dos problemas distintos: la propiedad intelectual y la distribución de las primeras dosis. El primero puede ser más fácil de resolver que el segundo, de acuerdo con expertos.

África, por ejemplo, reclama una vacuna sin patentar, según dijo el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa en abril durante una Asamblea de la OMS. Pero para pesar del líder africano, es poco probable que esto se materialice, pues los laboratorios querrán recuperar los miles de millones que han invertido en el desarrollo de la vacuna durante estos meses.

“La peor situación sería, si estas herramientas están disponibles, que vayan al mejor postor, eso sería terrible para el mundo”, comentó Melinda Gates, quien, junto con su esposo Bill Gates, lidera la Fundación Bill & Melinda Gates, que dedica miles de millones de dólares a la investigación en salud.

También está la cuestión relacionada de cómo se compensará a las empresas que desarrollan una vacuna exitosa si se les exige que otorguen licencias de patentes y conocimientos a los productores de otros lugares. La OMS y la Unión Europea han pedido cooperación a los laboratorios y que no haya exclusividades en caso de hallar una posible cura.”Necesitamos desarrollar una vacuna, debemos producirla y desplegarla en todos los rincones del mundo, y ponerla a disposición a precios asequibles. Esta vacuna será nuestro bien común universal”, dijo Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, al presentar en abril una propuesta de colaboración histórica, con la que buscaban recaudar 8.300 millones de euros.

¿A quién se le distribuirán primero?

Si bien los esfuerzos por buscar una vacuna que se distribuya por todos los rincones del mundo parece ser la opción ideal, lo cierto es que las acciones de las potencias durante la pandemia han mostrado, al menos por ahora, que su objetivo es el de cuidarse a sí mismas.

A pesar de ser uno de los grandes escépticos de la pandemia, el gobierno de Estados Unidos, liderado por Donald Trump, no se ha quedado quieto y ha invertido cientos de millones de dólares desde febrero en cuatro vacunas experimentales (Johnson & Johnson, Moderna, Sanofi, Oxford/AstraZeneca), con la esperanza de que una o varias tengan éxito y se fabriquen en Estados Unidos.

De hecho, el director general del grupo farmacéutico francés, Paul Hudson, afirmó en mayo que si Sanofi hallaba la vacuna contra la enfermedad, la entregaría “primero” a Estados Unidos.

Las palabras de Hudson generaron fuertes reacciones de indignación dentro de Francia, en especial de su presidente Emmanuel Macron, que le recordó a Sanofi que se había beneficiado de cientos de millones de ayudas públicas y exenciones fiscales para su investigación.

Pero estos enfrentamientos como el de Francia, Sanofi y Estados Unidos son los que la OMS y diferentes actores en salud pública temen que se presenten una vez se halle la vacuna. La distribución del antídoto quedaría supeditado a las potencias que financiaron las investigaciones, dejando a los demás al final de la cola.

De hecho, en un momento en el que Estados Unidos se encuentra en campaña presidencial, y en el que Trump les ha declarado la guerra a la OMS y a gobiernos como el de China, hay expertos que temen que los intereses geopolíticos interfieran en una potencial distribución de la vacuna, en la que los países que ganen la carrera compartan la cura con países amigos y lepongan trabas a sus enemigos.

“No hay mucha discusión sobre cooperación mundial en estos momentos”, explica Michael Collins, investigador asociado del Consejo de Relaciones Exteriores, a la revista de análisis político “Foreign Policy”.

China, por su parte, parece estar siguiendo un rumbo diferente, aprovechando el desarrollo de vacunas para aumentar su influencia entre los países en desarrollo. En mayo, el presidente Xi Jinping dijo que cualquier vacuna que produciera su país sería un “bien público global” y se compartiría con los países pobres.

“Esta será la contribución de China para garantizar la accesibilidad y asequibilidad de las vacunas en los países en desarrollo”, dijo Xi a la OMS en una reunión virtual.

Incluso Europa, a pesar de todo lo que profesa sobre el multilateralismo y la cooperación, se está cuidando a sí misma. Alemania, Francia, Italia y los Países Bajos madrugaron y formaron la denominada Alianza Inclusiva por la Vacuna (IVA, por su sigla en inglés), grupo que cerró con los científicos británicos un acuerdo para adquirir 400 millones de dosis para sus países.

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La medida molestó a otras potencias europeas, incluida Bélgica, que se quejaron de que estos cuatro países estaban socavando los esfuerzos de la Unión Europea para comprar vacunas en nombre de todos sus Estados miembros.

Y en América Latina, a pesar de la terquedad del presidente Jair Bolsonaro, que ha desestimado en varias ocasiones los efectos de la pandemia, el gobierno de Brasil anunció un acuerdo con el laboratorio AstraZeneca británico y la Universidad de Oxford que le permitirá contar con 100 millones de dosis de la vacuna en desarrollo y lo habilitaría a producirla en el país con autonomía.

El acuerdo compromete a Brasil con un desembolso de US$288 millones por los 100 millones de dosis y la transferencia de tecnología de una vacuna que, aunque prometedora, aún está en su tercera fase de pruebas clínicas (con humanos).

Todos contra todos

La carrera mundial por conquistar la vacuna ha preocupado a actores como la Fundación Bill y Melinda Gates, que en estrecha colaboración con la Comisión Europea y la OMS lanzaron en abril la iniciativa COVAX, un mecanismo multilateral diseñado para recaudar fondos y garantizar un acceso rápido, justo y equitativo a las vacunas en todo el mundo.

El problema es que, aunque 160 países manifestaron su interés de participar en COVAX, la iniciativa no ha recaudado los fondos suficientes, gracias en parte a que no cuenta con la participación de varios de los pesos pesados.

“No es solo que el esfuerzo de COVAX carece de fondos adecuados, la nula participación de Estados Unidos y China, y de una autoridad clara la hacen irreal. Los gobiernos seguramente estarán bajo una enorme presión para cuidar primero a sus propios ciudadanos. El nacionalismo en cuanto a la vacuna es casi seguro que vencerá al multilateralismo de la vacuna”.

Y mientras Estados Unidos, Rusia, China, la Unión Europea y otros más se aseguran, con el pasar de los días, cada vez más y más millones de posibles dosis, los países pobres o en vías de desarrollo ven con impotencia cómo estos negocios de los ricos con los laboratorios los dejan a un lado. La Organización Mundial de la Salud ha dicho que sería más efectivo garantizar que las poblaciones vulnerables en todo el mundo fueran las primeras en recibir la vacuna para prevenir futuros rebrotes de la pandemia, pero las grandes potencias, al menos por el momento, no contemplan esa posibilidad.

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