La dictadura vecina

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, en un acto en Caracas. AFP

El retroceso democrático en Venezuela es pasmoso, la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) es un instrumento de persecución de disidentes y opositores, una argucia de ilegítima legalidad para derruir las instituciones democráticas y un instrumento para sostener a un gobierno que usa la mentira como base del ejercicio del poder.

A lo cual se suma el hecho de que la ANC es presidida por Delcy Rodríguez, quien en su paso por la Cancillería se caracterizó por actuar de mala fe contra el Estado, el gobierno y los ciudadanos colombianos. El derogado decreto 1787, con el cual el gobierno venezolano pretendió fijar frontera marina y submarina unilateralmente; la persecución y expulsión de compatriotas en territorio venezolano; el cierre por casi un año de la frontera y la posterior intermitencia que aún prevalece, son algunos ejemplos.

Dadas estas circunstancias se ha cuestionado la necesidad de mantener relaciones bilaterales con la dictadura venezolana. El gobierno de Nicolás Maduro suele ser agresivo y grosero con el Estado colombiano y sus representantes. El presidente venezolano ha cifrado en Colombia el origen de todos los males del vecino país, argumentando que la delincuencia y la violencia criminal que han hecho de Venezuela uno de los lugares más peligrosos del mundo es causada por el denominado “paramilitarismo colombiano” y de otro lado suele acusar al llamado “contrabando de extracción” de la crisis económica y de la estrepitosa pérdida de valor adquisitivo del Bolívar.

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No obstante lo anterior, es necesario mantener relaciones e incluso profundizarlas. La interdependencia colombo-venezolana es infranqueable, las diferencias de modelos políticos, democracia liberal vs. dictadura chavista, las diferencias de modelos económicos, libre mercado vs. centralismo de Estado, son retos que demandan altos niveles de habilidad diplomática en un contexto de mutua desconfianza y alta sensibilidad.

Un tema que es necesario abordar con el incómodo gobierno de Maduro, es el de las remesas de venezolanos en Colombia. A pesar de las diferencias entre los estados, las remesas que envían diariamente los venezolanos a sus familiares y amigos que viven en territorio del vecino país demandan la creación de instrumentos de regularización y registro de dichos movimientos de dinero. Hoy un venezolano que trabaja en Colombia, legal o ilegalmente, debe enviar sus remesas por fuera de cualquier sistema financiero o de registro. Habitualmente pasan por la frontera importantes sumas de dinero que los hacen objetivo de bandas criminales y grupos delincuenciales, incluso dichos grupos se están robusteciendo ante la falta de coordinación.

Es necesario crear un instrumento que le permita a los hermanos venezolanos enviar las remesas a su país de forma segura y que le permita a las autoridades colombianas registrar y cuantificar dichos movimientos sin que se termine convirtiendo en una válvula de oxígeno para el régimen encabezado por Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez.

Profesor e investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario.

 

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