A propósito del IV encuentro de liderazgos políticos LGBTI

La era de los políticos homófobos está terminando: embajador de Noruega en Colombia

John Petter Opdahl lleva 30 años con el servicio exterior de su país y casi 20 de matrimonio con su esposo mexicano. Dice que nada ganan los gobernantes con nombrar a funcionarios retrógrados en materia de derechos humanos y que, en cambio, se quedarán sin votos por una simple razón: el electorado cambió.

El embajador de Noruega en Colombia, John Petter Opdahl. / Diego Cuevas

La Noruega del nuevo milenio es distinta a la de antes. Lleva mucho tiempo en el listado de los países con mejor índice de desarrollo del mundo, pero ha profundizado aún más su trabajo como estandarte de las libertades y de respeto por las minorías. Por ello, a diferencia de países como Colombia, en Noruega no es extraña la presencia de dirigentes abiertamente gais en organismos públicos de alta incidencia política como el Parlamento y los ministerios. También en la policía, los bomberos, los colegios, el periodismo y en todas las esferas de la sociedad.

Su servicio diplomático no es la excepción, y prueba de ello es la presencia de John Petter Opdahl como embajador en Colombia. Locuaz y dicharachero, este politólogo nacido en Oslo es experto en América Latina, pero también fue vicecónsul en Nueva York, consejero en la embajada en Londres y embajador de la sección de migración en Noruega, y ha recorrido el mundo en múltiples asignaciones a las cuales viaja siempre con Francisco Cabrera Gattel, su esposo mexicano, con quien, curiosamente, siempre se hablan en noruego. Son felices. Y para Opdahl la felicidad consiste estar juntos, compartir las alegrías, las tristezas, desarrollarse profesionalmente, complementarse, cuidar de sus dos mascotas (Pepe y Manuel, un boxer y un perro criollo adoptado en Cuba) y, sobre todo, vivir sin discriminación. Nada más. 

En cierta oportunidad, al diligenciar sus documentos de ingreso a un país caribeño, Opdahl y su esposo notaron que no fueron registrados como tales por las autoridades locales, sino con una categoría de relación que, básicamente, evitaba el reconocimiento de que ellos dos eran pareja. Lo tomaron con calma, pero alguien les ayudó a protestar y finalmente quedó claro en todos los documentos del viaje que eso eran: esposos. 

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Tal vez a mucha gente del hemisferio sur le suene extraño, exótico y a algunas comunidades religiosas les parezca hasta tormentoso, pero en buena parte del mundo las uniones entre parejas del mismo sexo no son cosa de escándalo. Es más, en Noruega la población LGBTI se puede casar dentro de una iglesia. Sí, leyó bien. La democracia en Noruega ya se pronunció sobre el tema y allí está perfectamente claro que una pareja del mismo sexo no solo puede registrar su unión por lo civil (lo que en Colombia sería ante notario), sino que desde 2016 puede casarse en una iglesia como la luterana, la más grande confesión religiosa de ese país.

No fue fácil llegar hasta ese punto. De hecho, Opdahl reconoce que algunos líderes eclesiásticos se niegan a practicar dichos matrimonios. Pero la madurez de la sociedad y de los grupos promotores de los respetos por las minorías ha llegado a tal punto que ciertos temas que en América Latina resultan escandalosos para algunos, en los países nórdicos son más que normales. 

“Recuerdo el día definitivo de la aprobación de la ley de matrimonio igualitario en el Parlamento. El debate duró menos de cinco minutos. El sentimiento del pueblo estaba a favor de la ley”, dice el embajador Opdahl.

Se refiere a la ley de 2009, cuya esencia consistió en incluir la expresión “pareja” en vez de “hombre y mujer” en la ley que habla sobre el matrimonio. “Ya. No era más. Había que usar una palabra neutral”, recuerda Opdahl con sincera emoción. Hasta entonces, lo que tenía Noruega era una ley de 1993 que permitía la unión civil. La misma modificación a la norma permitió despejar dudas sobre asuntos como el derecho a heredar los bienes de la pareja en el caso de las uniones entre personas del mismo sexo.

¿En verdad todos estaban tan de acuerdo con la reforma y nadie protestó? Los reparos no vinieron tanto de la Iglesia como de sectores políticos conservadores que incluso hoy siguen hablando en contra de los derechos de los LGBTI, pero que son grupos sin mucha fuerza en la política noruega. El país respalda la igualdad de derechos y vela porque se haga efectiva. Pocos meses después de la reforma de 2009, Opdahl y su pareja hicieron uso de sus ventajas. "Me puse feliz por la ley. Y de inmediato nos casamos", recuerda.Y fueron muchos los noruegos anominos y reconocidos que empezaron a casarse. Como cuando la ley de 1993 permitió la unión civil y la dirigente  política Wenche Lowzow acudió a legalizar su unión con la escritora y también activista Karen-Christine Freile.  Lowzow fue parlamentaria noruega desde los años 70 y en esa época defendía ya la igualdad de derechos para los LGBTI. El ejemplo de ellas fue rapidamente seguido por otras parejas.  

De todas formas, el embajador Opdahl destaca que Colombia tiene un elevado nivel de organización entre los grupos que defienden dichos derechos LGBTI, tanto en el orden nacional como en el regional y local. Conoce el trabajo de Caribe Afirmativo y de Colombia Diversa, por ejemplo. Están muy avanzados, dice, y asegura que ahí radica la esperanza de que algún día pueda existir plenitud de derechos para las minorías en Colombia.  

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¿Y hay discriminación en Noruega? Claro, como en todos los países. Existen grupos conservadores a los que no les gusta la idea de que minorías como las étnicas de origen africano tengan los mismos derechos que la población europea. Pero también hay normas antidiscriminación muy duras. Todos conocen la ley y todos se esmeran por cumplirla. Para que tales normas sean efectivas, el embajador cree que es clave la suma de factores como un Parlamento que debata y apruebe las reformas que requiere el país, unas autoridades que las hagan cumplir, una comunidad que crea en sus autoridades y una convicción en el colectivo social en el sentido de que las denuncias contra los violadores de las normas no se quedarán guardadas en los despachos de funcionarios policiales.

Claro, lo dice un embajador que viene de un país en el que más del 90 % confía en sus instituciones y cree, por ejemplo, en la transparencia de sus gobernantes.

El ejemplo, recalca Opdahl, debe empezar por los jefes de Estado, de gobierno y las autoridades con mayor influencia social. A él lo conmovió especialmente el discurso que el rey Harald de Noruega pronunció en 2006, en el parque Real de Oslo, al conmemorar los 25 años de su ascenso al trono. Dicho pronunciamiento no solo terminó siendo para los noruegos, sino que es considerado una obra maestra por expertos en política y asuntos internacionales dada su elocuencia en la descripción del estado actual de los derechos humanos y la actitud que deben tener los gobernantes al respecto:

“Los noruegos son chicas que aman a otras chicas, chicos que aman a otros chicos y chicos y chicas que se aman los unos a los otros. Los noruegos son inmigrantes de Afganistán, Pakistán, Polonia, Suecia, Somalia y Siria. No es siempre fácil decir de dónde venimos, qué nacionalidad tenemos. El hogar es donde está el corazón, y eso no entiende de fronteras. En otras palabras, tú eres Noruega. Somos Noruega. Mi mayor esperanza para Noruega es que seamos capaces de cuidar los unos de los otros y que construyamos un país con la base de solidaridad, confianza y generosidad”.

Opdahl prefiere hablar de debates públicos y no de leyes específicas. Ni siquiera menciona que su país ha sido aliado histórico de Colombia, que Bogotá es la sede de su embajada para cuatro países de la región, que Noruega fue garante de los acuerdos de paz con las Farc, mediador en el suspendido proceso con el ELN y es activo cooperante en proyectos ambientales en el país. Se cuida de no entrar en controversia con el gobierno anfitrión, pero dice con claridad que nada ganan los gobernantes de los países con nombrar a funcionarios retrógrados y que los tiempos de los procuradores, contralores, congresistas o funcionarios públicos que restringen los derechos son "los últimos respiros de los tiempos de los viejos hombres".

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Su mensaje es para los políticos y los miembros de los partidos que, en cualquier parte del mundo, se oponen al reconocimiento pleno de las minorías. Si son listos, dice, se habrán dado cuenta de que esos tiempos en los que a algunos se les negaban sus derechos por asuntos de raza, sexo, religión o cualquier otro factor de discriminación ya están pasando, que vivimos la época de los millennials y de los que vienen después de los millennials, y que ellos ya están votando o muy pronto comenzarán a hacerlo. Y para esas nuevas generaciones, continúa el embajador,  las agendas pasan por temas que antes ni siquiera se podían tocar, pero que son cada vez más relevantes: el respeto a los demás, la igualdad de los derechos, el cuidado por el planeta, el medio ambiente, dejar de depredar con la minería y la deforestación: "Si son listos, los gobernantes deben dejar de ponerles barreras a los sectores excluidos y en vez de eso buscar que participen en los temas globales. No solo en el diseño de las políticas para los LGBTI, sino en todos los temas de la esfera pública. Desde la economía hasta la política, pasando por la cultura. En todos".

Y deja salir, ahí sí, una alusión concreta al pais en el que reside: "El partido político que lidera en Colombia sabe todas estas cosas. Tal vez hay gente dentro de ese partido a la que eso no le gusta. Por convicciones religiosas o por cualquier otra cosa que tengan en la cabeza. Pero todos saben que en 2019 no es muy listo tomar una política en contra de los LGBTI".

¿Cómo hacer entonces para que Colombia avance en esa materia? Dejando el miedo, responde el embajador. Las políticas de exclusión y segregación hacia los LGBTI, dice, tienen su origen en el miedo a lo diferente, a lo desconocido. Y lo más grave de eso es que ante el miedo, la ciudadanía se ha acostumbrado a ocultar que tiene miedo, porque el miedo, se cree, no es de machos. 

Encuentro de Liderazgos LGBTI

Noruega respalda el IV Encuentro de Liderazgos Políticos LGBTI que se desarrolla en Bogotá, por iniciativa de Caribe Afirmativo y el Victory Institute, encuentro del cual El Espectador es el medio de comunicación aliado. “No se puede subestimar la importancia de la participación política en el ámbito LGBTI y la de que los políticos activos abiertamente LGBTI estén trabajando en los temas de la actualidad, recalca el embajador John Petter Opdahl.

"También es necesario visibilizar las problemáticas que tiene el país a la hora de garantizar los derechos a estas y a otras comunidades. Es vergonzoso eso de que la población trans de un país tenga una expectativa de vida de 35 años. Como también es preocupante el informe a la JEP sobre agresiones sexuales en Colombia durante el conflicto. Me tiene sorprendido el elevado índice de uniones juveniles, de embarazos adolescentes. Colombia tiene muchas cosas maravillosas, es un gran país, pero debe trabajar para garantizar la igualdad y por eso debe prestar mucha atención a estos y otros problemas. Y visibilizar los casos de éxito que demuestran que los LGBTI están aportando desde lo público para la construcción de ideas que ayuden a mejorar la situación".   

 

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2019-05-16T21:00:00-05:00

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2019-05-21T10:56:38-05:00

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Elber Gutierrez Roa

El Mundo

La era de los políticos homófobos está terminando: embajador de Noruega en Colombia

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