Parlamento chino podría aplazar su sesión anual por la crisis sanitaria

La estrategia de control social de China durante el coronavirus

Noticias destacadas de El Mundo

A través de un complejo sistema tecnológico y de la mano de miles de voluntarios, el gobierno chino busca llevar a cabo una de las campañas de control más ambiciosas de su historia.

El gobierno chino es famoso por su rígida forma de interpretar las libertades civiles. Cuenta con una infraestructura política, social y tecnológica diseñada y construida para mantener a sus ciudadanos lo más impermeables posible a Occidente. Ahora, el brote del coronavirus, que ha contagiado a cerca de 70.000 personas, de las cuales hasta ayer se reportaban 1.765 fallecidos, se atravesó en el camino del gigante asiático y está obligando al Partido Comunista a desatar una de las campañas de control más grandes en la historia de China.

Desde que se encendieron las alarmas por el virus se tomaron cartas en el asunto para acomodar todas las fichas y evitar desastres. Porque sí, la crisis de salubridad es una necesidad imperante en las altas esferas del gobierno, pero no hay que olvidar que en este espinoso terreno hay una fuerte tensión comercial con Estados Unidos y lo último que necesita China es mostrarse vulnerable frente a Donald Trump.

Le puede interesar: En Tik Tok no hay espacio para la política

El paisaje que se vive en Wuhan, ciudad en donde comenzó el coronavirus, recuerda lo frágil que es nuestra compleja sociedad y lo fácil que se puede caer en una distopía digna de la ficción. Pantallas gigantes con mensajes de ánimo, apariciones presidenciales retransmitidas en televisión, ataques a Estados Unidos, censura en los medios y purgas de funcionarios: esa es la apuesta del gobierno chino para ganar la batalla de la opinión pública.

Desde que estallara una inusual tormenta de críticas por la gestión de la epidemia, en particular tras la muerte la semana pasada del doctor Li Wenliang, el primero en dar la alarma y ser reprendido después por “difundir rumores”, el gobierno chino ha intensificado sus mensajes para disminuir el descontento.

Li fue aclamado como héroe en las redes sociales chinas, cuya indignación corrió sin freno despertando un renovado impulso en favor de la libertad de expresión: “Algo histórico ha sucedido en China. Hay un héroe fallecido en silencio con un noble epitafio construido por las lágrimas y la ira de millones de personas”, comenta a Efe un ciudadano que prefiere mantenerse anónimo.

Según explica la fuente anónima, “hay en China millones de personas despiertas pero silenciadas, que se secan las lágrimas y siguen luchando, desde el viejo desempleado que cedió sus ahorros para ayudar contra el virus al camionero que condujo durante dos días para entregar paquetes de fideos instantáneos a la primera línea de la epidemia”, relata. Las críticas no cayeron bien en las filas del Ejecutivo, por lo que todos los comentarios negativos en la web o que insinuaban deficiencias en el actuar del gobierno fueron eliminados.

“Desde que Xi Jinping llegó al poder ha aparecido un problema tras otro y parece que en todos ha sido incapaz de manejarlo con efectividad”, aseguró a la revista Time Jude Blanchette, analista de China del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington. Más allá del despliegue tecnológico con el que cuentan las ciudades, cientos de miles de trabajadores y voluntarios se han instalado en los puntos críticos para monitorear la temperatura de los ciudadanos y vigilar las cuarentenas. Incluso están utilizando el personal para que, ayudados por equipos digitales, rastreen a la gente que tal vez haya estado expuesta al virus.

“Los proveedores de telefonía celular controlados por el Estado facilitan que los suscriptores envíen mensajes de texto a una línea de asistencia que genera una lista de las provincias que han visitado en fechas recientes. La semana pasada, en una estación de trenes de alta velocidad en Yiwu, una ciudad al este, trabajadores con trajes de protección les exigieron a los pasajeros que, antes de salir, enviaran los mensajes de texto que desplegaran la información acerca de su ubicación”, afirma The New York Times.

Sobre el tema, Alexandra Phelan, especialista en legislación médica internacional en la Universidad de Georgetown, afirmó al medio estadounidense: “La salud pública se basa en la confianza de la población. Estas cuarentenas a nivel comunitario y el carácter arbitrario con el que se están imponiendo y vinculando con la policía y otros funcionarios prácticamente las están convirtiendo en medidas punitivas: una estrategia coercitiva más que de salud pública”.

Ver más: Los centros de reeducación que China quiere esconder

¿Dónde estaba Xi Jinping?

 

“Todos y cada uno de los chinos, todos los que pertenecen a este país, deben sentirse orgullosos de vivir en esta fantástica era. Ninguna tormenta, ninguna tempestad detendrán nuestro avance”. Mientras Xi Jinping pronunciaba esas palabras, la ciudad de Wuhan estaba siendo aislada, hecho que pasó inadvertido para el líder chino. Los días siguientes no se le vio más, y no es que sea inusual algo así, pero llamó la atención teniendo en cuenta el pánico que se vivió desde finales de enero.

Cuando reapareció ante el público lo hizo usando mascarilla y rodeado de cámaras para visitar una comunidad de vecinos y un hospital de Pekín con el objetivo de, según los medios oficiales, autoproclamarse “comandante en la lucha del pueblo chino contra el coronavirus”.

La propaganda es omnipresente a lo largo del país y eso se atestigua en sus calles: “La prevención y el control de la epidemia son responsabilidad de todos”, se lee en una pancarta colgada a la entrada de una de las zonas turísticas más populares de Pekín, ahora completamente vacía, mientras en una concurrida plaza comercial una enorme proyección proclama: “¡Ánimo, China!”.

Otro detalle es el hecho de que el secretario del Partido Comunista de China (PCC) en Hubei fue sustituido la semana pasada por Ying Yong, hasta ahora alcalde de Shanghái y afín a Xi, mientras dos altos cargos de la Comisión de Sanidad provincial han sido reemplazados por el subdirector de la Comisión Nacional de Sanidad, Wang Hesheng, quien hace parte del comité formado por el gobierno central para enfrentarse a la epidemia.

¿El motivo? Algunos expertos consideran que el Partido Comunista pretende apaciguar los ánimos para que las emociones no se desborden, y recuerdan que el propio Xi ya avisó de que se debía guiar a la opinión pública y fortalecer el control informativo: el próximo paso es convencer de que “la economía no va a sufrir” por la crisis.

Se reactiva la maquinaria

 

“Más chinos se han quejado de la forma en que se ha manejado la crisis del coronavirus, pero las consecuencias políticas serán limitadas”, anticipa a Efe el director del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Baptista de Hong Kong, Jean-Pierre Cabestan. Según el profesor, la muerte del doctor Li ha provocado un movimiento telúrico a nivel social, pero está por verse su recorrido.

“El PCC ha reactivado su maquinaria propagandística. Xi quiere usar la crisis para consolidar su legitimidad y la del régimen, así como mantener débiles y silenciados a los críticos”, agrega. La construcción de un hospital en tan solo diez días o el envío de 4.000 médicos militares para combatir el brote también resuenan en los medios oficiales, pieza clave en la propaganda gubernamental.

De acuerdo con una publicación del sábado 15 de febrero de la revista Qiushi (Buscando la verdad), Xi Jinping sabía del virus dos semanas antes de darlo a conocer al público. La publicación reveló un discurso del 3 de febrero, secreto hasta ahora, en el que el presidente chino aludía a una reunión que tuvo con el comité permanente del Partido Comunista Chino (PCC), en el poder, el 7 de enero, en donde reconoce que ordenó contener un patógeno desde entonces.

Ver más: Ejército de EE. UU. está usando Tik Tok como herramienta de reclutamiento

“Emití órdenes durante una reunión del comité permanente el 7 de enero para contener el brote. El 20 de enero di órdenes especiales sobre los trabajos para impedir y controlar la epidemia, y dije que teníamos que estar muy atentos a ello”, afirmó Xi en el discurso que publica Qiushi. Ahora el Parlamento chino evalúa si aplazar su gran cita anual, que debería comenzar el 5 de marzo.

En Wuhan, capital de Hubei, la prensa estatal se ofrece como testigo a la internacional, que tiene limitado su acceso a la ciudad: “El Departamento Central de Propaganda del PCC ha enviado 300 periodistas allí para generar publicidad positiva”, asegura a Efe el analista Joseph Cheng, coordinador de grupos prodemocráticos en Hong Kong. Agrega que la prioridad de las autoridades es sobrevivir: “Xi quiere mantener su poder y su prestigio, demostrar que está al mando. Pero, sobre todo, desea evitar culpas”.

Comparte en redes: