El enfrentamiento de Salvini en el mar

La guerra de Italia contra los barcos de rescate va en aumento

La negativa de Matteo Salvini, el primer ministro de Interior Italiano, a permitir el desembarco del Open Arms en territorio italiano es una muestra de cómo el país que se angustiaba por la pérdida de vidas migrantes ahora les ha declarado la guerra a los barcos que los rescatan.

El barco de la ONG española Open Arms, con 107 migrantes en su interior, sigue bloqueado desde hace 18 días junto a la isla italiana de Lampedusa. / EFE

Se ha convertido en un ritual con el gobierno antiinmigrante de Italia. Dejar a la deriva un barco de rescate lleno de migrantes africanos durante semanas en el Mediterráneo mientras Matteo Salvini, el ministro del Interior de línea dura de Italia, gana puntos políticos negándole atracar.

Sin embargo, el último conflicto, entre Salvini y el barco de rescate español Open Arms, con unos 150 migrantes a bordo, muestra cómo culminó la evolución de Italia de un país que se angustiaba por la pérdida de vidas migrantes a uno que en esencia les ha declarado la guerra a los barcos que los rescatan.

Los primeros ataques de los anteriores, e izquierdistas, gobiernos italianos en contra de esas embarcaciones a final de cuentas provocaron que este mes el Parlamento de Italia aprobara una nueva ley de seguridad impulsada por Salvini, la cual codifica la visión del ministro, que considera los barcos de rescate cómplices de traficantes de seres humanos.

La ley le confiere a Salvini el poder de negar la entrada a aguas italianas a los barcos de rescate, confiscar botes e imponer una multa de un millón de euros a los capitanes de las embarcaciones que lo desobedezcan.

Para empeorar el panorama del Open Arms, el barco ha navegado directamente hacia un huracán político. Hace unos días, Salvini terminó con un gobierno que él ayuda a liderar a fin de forzar nuevas elecciones. Si tuviera lugar esa votación, lo más probable es que Salvini la ganara, y estaría con firmeza a cargo de un nuevo gobierno.

Para generar apoyo, Salvini se ha vuelto a meter al pozo antiinmigrante. Open Arms y otro navío llamado Ocean Viking —el cual transporta a 350 personas en busca de asilo, entre las cuales al parecer habría 103 menores— son campañas publicitarias flotantes para su estrategia de línea dura.

“¿Timidez? ¿Apelar a una falsa concepción de ‘humanidad’? ¿Puertos abiertos? ¿Llegadas de miles de personas? ¡No en mi nombre!”, tuiteó el viernes Salvini, quien pasó gran parte del mes pasado haciendo campaña en las playas italianas. “¡Italia levanta la cabeza de nuevo!”.

Esa tarde, los operadores del Open Arms invitaron a doctores a bordo, según comentaron, para dar consulta a los 28 menores sin acompañante del barco, y solicitaron una evacuación de emergencia de todas las personas a bordo, pues aseguraron que la salud física y psicológica de los pasajeros se había deteriorado a un grado crítico. “Su seguridad está en riesgo”, escribió la organización en Twitter.

Salvini afirma que sus políticas de línea dura han disuadido a los migrantes, y a los contrabandistas, de realizar la travesía mortal. Se refirió a las estadísticas de su ministerio, que muestran un declive del 80 % en las llegadas de migrantes, y una disminución significativa en el número de muertes en el mar.

Sus opositores aseguran que las estadísticas muestran que la probabilidad de morir que tienen esos migrantes al arriesgarse a cruzar ahora es mucho más alta que antes.

El Movimiento Cinco Estrellas, el cual pronto será su excompañero de coalición y el que había apoyado sus medidas antiinmigrantes, de repente está expresando descontento, al decir que ha ido demasiado lejos. Se espera que el martes el primer ministro, Giuseppe Conte, quien técnicamente es neutral, pero tiene una clara cercanía con el Movimiento Cinco Estrellas, enfrente un voto de confianza, a solicitud de Salvini.

El ministro de Interior italiano les dijo a los reporteros que Conte le había pedido que permitiera la entrada de los pasajeros del barco. Conte mencionó que había solicitado el desembarco de los niños; luego llamó “traidor” a Salvini y lo acusó de tener una “obsesión” con los migrantes.

Eso era justo lo que estaba esperando Salvini.

“Conmigo los puertos están y permanecerán cerrados a los traficantes y sus colaboradores extranjeros”, respondió Salvini en una publicación de Facebook, para luego agregar que estaba compitiendo en contra de “aquellos que trabajan para reabrir el grifo de la inmigración ilegal”.

Los liberales arguyen que Salvini, quien es responsable del cumplimiento de la ley en Italia, se ha puesto sobre esta al rechazar las órdenes judiciales que aceptan a los migrantes.

El 13 de agosto, el Open Arms presentó una queja ante un tribunal administrativo de Italia, en la que argumentó que negar el permiso para entrar a aguas italianas violaba la ley internacional y los derechos humanos de los migrantes a bordo.

Los operadores del barco afirmaron que habían recogido a los migrantes en aguas internacionales y el 1.° de agosto contactaron de inmediato a los países seguros más cercanos, Italia y Malta, para solicitar un puerto. Los malteses se rehusaron. Los italianos respondieron con un correo electrónico en blanco que contenía como documento adjunto la nueva ley de seguridad de Salvini, señaló Veronica Alfonsi, una vocera de Open Arms.

Por lo tanto, solicitaron ayuda a un tribunal italiano.

El tribunal apoyó al barco de rescate y este entró a aguas italianas. Sin embargo, Salvini simplemente emitió una nueva orden para negar la entrada de la embarcación.

En junio, otro barco de rescate, el Sea Watch, había atracado sin permiso en Lampedusa, acción que produjo una condena de Salvini y una mayor polarización en Italia entre los que estaban del lado de los migrantes y aquellos que querían acordonar las fronteras del país. Para Salvini, fue claro que la mayoría de los italianos estaban de acuerdo con él.

Alfonsi señaló que el barco Open Arms, consciente de las duras multas de la nueva ley, no iba a intentar atracar sin permiso.

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Jason Horowitz THE NEW YORK TIMES

El Mundo

La guerra de Italia contra los barcos de rescate va en aumento

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