"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 6 horas
“Devastará el país”, dijo el director nacional de emergencias

La hora cero para Florida

El huracán Irma llega a EE. UU. después de haber provocado caos en el Caribe. Una vez se convierta en tormenta tropical, Alabama y Georgia podrían estar en su camino.

Más de un millón de personas que se encuentran en la ruta prevista del huracán recibieron la orden de evacuar sus casas y refugierse en albergues. EFE

Decenas de miles de personas sin techo deambulan por el Caribe. Antes de llegar a Estados Unidos, la estela de destrucción dejada por el huracán Irma, considerado el más fuerte de la historia del Atlántico, incluía una veintena de personas muertas, escasez de agua potable, fallas enormes en el servicio eléctrico y, en algunas islas, la destrucción de centenares de viviendas, nueve de cada diez en el caso de Barbuda.

El viernes en la madrugada, la noticia de que Irma había bajado de categoría no llegó a ser alentadora para el más de un millón de personas llamadas a evacuar obligatoriamente las regiones costeras de Florida. Si bien Irma empezó a desacelerar antes de pasar por Cuba, llega a Estados Unidos con vientos de 240 kilómetros y su potencial destructivo sigue siendo, en palabras del presidente Donald Trump, de “proporciones épicas”. “Va a devastar el país”, afirmó el director nacional de emergencias, Brock Long.

En los últimos días, las dos autopistas que comunican a Florida con el resto del país estaban llenas de carros que se dirigían al norte y en los que los habitantes del estado del sol intentaban ponerse a salvo del huracán. En el sentido contrario, vehículos militares pasaban como bólidos hacia el sur para proveer de combustible a quienes todavía no habían logrado escapar, reportó la AFP.

Pero si las filas en las autopistas eran monumentales, sólo eran comparables con las que durante la semana pasada llenaron los supermercados, que no tardaron en quedar con sus estanterías vacías y colgar letreros que advertían que el agua potable estaba agotada en todas sus presentaciones.

Los habitantes de Florida tienen experiencia con este tipo de fenómenos naturales. En 1992 fueron golpeados por Andrew, un huracán de categoría 5 que hasta la fecha ha sido el más fuerte en llegar a suelo estadounidense y al que, sin embargo, Irma supera en tamaño. “La tormenta es más ancha que el estado”, dijo el gobernador Rick Scott, que recomendó a los ciudadanos que no logren salir del camino de Irma aprovisionarse con comida no perecedera, medicamentos y agua para tres días. “La tormenta ya casi está aquí. Es la tormenta más catastrófica que nuestro estado ha visto”, advirtió.

Lixon Avila, especialista del Centro Nacional de Huracanes (NHC por sus siglas en inglés), describió para The Guardian las proporciones del riesgo que enfrentan quienes deciden quedarse: “La amenaza de una inundación por oleaje a lo largo de la costa suroccidental de Florida se ha incrementado y las inundaciones de 1 a 3,5 metros sobre el nivel del suelo son posibles”.

Una de las principales preocupaciones de las autoridades en la zona es la cantidad de población joven que nunca ha pasado por la experiencia de un desastre natural de las proporciones de Irma y que puede llegar a omitir las advertencias de las autoridades. Así lo expresó Thomas Bossert, asesor presidencial de seguridad interior y contraterrorismo: “Esperemos que no haya una amnesia de huracanes, pero tengo que decir que hay gente, probablemente el 20 % de la población, que puede no haber pasado por un huracán en Florida. Si no les ha pasado, tómenselo en serio y pregúntenles a quienes sí”.

Aunque es imposible determinar su curso con certeza, las previsiones muestran que, después de Florida, Irma podría seguir avanzando por el territorio estadounidense mientras pierde fuerza y se convierte en una tormenta tropical. De nuevo, si ese es el caso, los prospectos no son muy alentadores para los habitantes de Florida, especialmente para quienes huyeron a Georgia o Alabama, dos de los estados que podrían estar en el camino del fenómeno natural.

Si bien no ha llegado a negar el cambio climático, como sí lo hace el presidente Trump, Scott se enfrentó en 2015 a una tormenta de críticas cuando una fundación dedicada a investigar casos de corrupción dio a conocer que sus empleados, consultores y voluntarios habían sido disuadidos de usar términos como “cambio climático” o “calentamiento global” en documentos oficiales. Esa postura es al menos cuestionable cuando se considera que, si los niveles del mar siguen creciendo, el 30 % de las playas de Florida podrían desaparecer.

Aunque las administraciones locales han logrado sacar adelante proyectos de mitigación, gran parte del presupuesto que han usado fue aprobado por Charlie Crist, el predecesor del actual gobernador y para quien el cambio climático era un riesgo para la existencia de Florida.