La sucia maquinaria del chavismo

La jugada con la que Maduro se salió con la suya en Venezuela

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Lo que sucedió el domingo en el Parlamento venezolano no fue una sorpresa, es una nueva muestra de la concentración de poder sin ninguna ética, del abuso que hace Nicolás Maduro de las instituciones y de la penosa división opositora. Así opera el chavismo.

Juan Guaidó ni siquiera logró entrar al Parlamento el domingo. Cuando llegó para ser reelegido como presidente de la Asamblea Nacional (AN) (contaba con 93 votos y necesitaba apenas 85) no lo dejaron ingresar. La Policía Nacional Bolivariana y la Guardia Nacional les pusieron todo tipo de trabas a él y a otros diputados opositores, mientras los congresistas oficialistas, así como un pequeño grupo disidente de la oposición, pudieron entrar sin problemas. En una vergonzosa y rocambolesca jornada, Juan Guaidó intentó escalar las rejas del Parlamento mientras en el interior del hemiciclo, Luis Parra, de Primero Justicia, acusado de corrupción, se juramentaba como el nuevo jefe de los diputados.

Nicolás Maduro, con el cinismo que lo caracteriza, no tardó en reconocer al señor Parra como presidente de la AN (jamás lo hizo con Guaidó). En unas reprochables declaraciones, el presidente de Venezuela aseguró que la nueva junta directiva de la Asamblea “continúa siendo de la oposición”. Según dijo, la nueva junta del Parlamento contó con 81 votos de los 150 diputados que estaban adentro, de los cuales 30 pertenecen a la oposición. “Venía sonando un cambio en la Asamblea Nacional. Una rebelión de los propios diputados de la Asamblea. Ya venía sonando que Juan Guaidó iba a ser sacado por los propios miembros opositores”, recalcó. Vea también: Maduro da un golpe y se adueña de la Asamblea Nacional 

Pero Maduro, experto en verdades a medias, no dijo nada de cómo activó la sucia maquinaria del chavismo contra la oposición, que, vale la pena aclarar, tampoco se ha ayudado mucho. Juan Guaidó logró mantener unida a la oposición hasta noviembre, cuando un escándalo de corrupción con parlamentarios de Primero Justicia y Voluntad Popular provocó fracturas y profundizó viejas heridas en su mayoría. Al final, un pequeño grupo de Primero Justicia y Voluntad Popular, todos vinculados con el escándalo de comida subsidiada conocida como CLAP, le dio el golpe de gracia a Guaidó, que al final del día no tuvo más opción que desconocer la nueva junta del Legislativo liderada por Parra y armar una sesión paralela e improvisada con 111 diputados en la sede del periódico El Nacional, donde fue reelegido.

¿Dos Asambleas? ¿Dos presidentes? La última institución democrática que quedaba en Venezuela —el Tribunal Supremo de Justicia y la Asamblea Nacional Constituyente están al servicio de Maduro— hoy es un circo. Luis Vicente León, analista y presidente de Datanálisis, aseguró en su cuenta de Twitter que “no hay una nueva directiva de la AN. Hay una apropiación de facto que materializa la ilegitimación hecha a través del TSJ y la ANC. La AN legítima se mantiene, solo que fuera del hemiciclo, y se agrega una nueva institución que no será reconocida internacionalmente”.

¿Un golpe anunciado?

Desde que Juan Guaidó se proclamó presidente interino, el 23 de enero del año pasado, Maduro ha enfilado sus baterías en contra de la figura con mayor reconocimiento hoy en Venezuela. Pero no era el único. A Guaidó le tiraron piedras desde todos los frentes: el ala radical de la oposición lo criticó por débil y moderado y otros no lo bajaron de títere de Leopoldo López.

De hecho, a comienzo de diciembre de 2019, el periódico español ABC aseguró que el chavismo y un sector de la oposición (con respaldo de algunos países) habían diseñado un plan para salir de Maduro, a cambio de sacrificar a Guaidó. “Estarían planificando una salida ordenada de Maduro de Venezuela y el establecimiento de una junta de transición durante un período de 18 meses a partir de la juramentación de una nueva junta directiva en la AN”, señaló el diario a comienzos de diciembre.

Guaidó, que cuenta con el respaldo de Estados Unidos desde el comienzo de su odisea, no logró sortear con éxito el escándalo de corrupción revelado en noviembre con parlamentarios de Primero Justicia y Voluntad Popular. Entonces, una investigación periodística señaló que ese grupo de la oposición hacía gestiones con varias entidades en Colombia para dar indulgencias a empresarios vinculados con el chavismo. Luego, el exembajador de Guaidó en Colombia señaló que al líder opositor no le había interesado investigar el despilfarro de millones destinados a la ayuda humanitaria y dijo incluso que había encubierto los hechos.

Y en río revuelto... entró Maduro con la llamada operación “maletín verde”. Ante las dudas de varios diputados opositores de cambiar su voto a favor de Guaidó, el presidente venezolano y su combo decidieron meterle plata al asunto. Dólares, para ser más exactos. Así convencieron a un grupo importante. Desde Estados Unidos, el enviado especial para Venezuela, Elliot Abrams, denunció que Maduro ofrecía hasta US$500.000 por voto en contra de Guaidó. La votación del domingo señala que al menos 30 opositores aceptaron el botín.

Los que no aceptaron el jugoso soborno fueron blanco de otras presiones. Como la medida que entró a regir desde comienzo de 2020 en la que se quitaba la inmunidad parlamentaria a diputados opositores. Tres diputados quedaron sin representación por esta medida, emitida por el Tribunal Supremo de Justicia. Maduro también bloqueó competencias de los diputados. Antes ya lo había declarado en desacato y durante dos años (desde 2017) le montó una institución paralela: la Asamblea Nacional Constituyente. Maduro ha acosado directamente a los opositores: 49 tienen procesos judiciales, a 29 se les revocó la inmunidad parlamentaria y hay 30 en el exilio.

Una de las jugadas más astutas de Maduro fue la reincorporación del chavismo al Parlamento en septiembre de 2019, cuando un pacto con una fracción de la oposición hizo posible que 38 chavistas de los 54 que tenían inicialmente volvieran al Parlamento, y curiosamente fueron los que primero entraron a la sesión del domingo. Maduro no tiene límites: el sábado en la noche envió a sus funcionarios del Sebin a hostigar a los diputados de regiones que se hospedaban en un hotel de Caracas. Desde la una de la mañana hasta las 3 de la mañana del domingo 5 de enero, los funcionarios sacaron a los diputados de sus habitaciones diciéndoles que había una “amenaza de bomba”.

La bomba cayó, pero en el hemiciclo, y dejó a la oposición más herida que nunca y a Maduro con todo el poder. ¿Hasta cuándo?

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