La masacre más grande del nuevo Egipto

Hace cuatro años, la primavera árabe tuvo un final sangriento. Más de mil personas murieron en un solo día.

EFE

La plaza tuvo que cambiar de nombre después del 14 de agosto de 2013. Dejó de ser la plaza Rabaa al Adawiya de El Cairo y fue rebautizada en honor del fiscal egipcio Hisham Barakat, quien fue asesinado en la misma ciudad. Para muchos, él era la representación del hombre que protegía al pueblo. No para todos. La verdad es que Egipto no se pone de acuerdo desde aquel día. La verdad es que Egipto no se repone de aquel día.

Era este el Egipto después de Hosni Mubarack, que había sido derrocado en el 2012. El país entero se sentía orgulloso de haber logrado, con la presión social, tumbar un gobierno de 30 años para celebrar, al fin, unas elecciones democráticas. Se hicieron documentales de los estudiantes que marcharon. Se hicieron crónicas de largo aliento sobre lo sucedido. Parecía ser Egipto el ejemplo de la revolución. Una revolución pacífica, llena de símbolos.

Mohamed Mursi, en ese momento, se convirtió en el primer presidente en ser elegido democráticamente desde 1952. Pero los seguidores de Mubarack no perdieron su fuerza. Y el grueso de la población que no estaba contenta con Morsi salió a protestar. Sentían que no los representaba y que no estaba cumpliendo son las demandas sociales y económicas de la nación. Los militares aprovecharon la situación para dar un golpe de Estado. Morsi es llevado a prisión y le quitan todos sus derechos. Y entonces los militares montan un gobierno civil, encabezado por  Abdelfatah Al-Sisi.

Cuentan que muchos jóvenes se tatuaron el nombre en el pecho, porque sabían que, de salir a las calles en aquel 14 de agosto, no regresarían a sus casas. Muchos de ellos decían que no estaban allí por Morsi, no estaban para defenderlo a él, pero sí para oponerse a la violencia. Escribió Nadine Haddad, para el portal de Amnistía Internacional que, “había que sortear los disparos de los francotiradores sólo para entrar o salir del centro. Dentro, las escenas eran de urgencia y caos. Escaseaban las camas y el material médico. Muchos heridos yacían en cualquier espacio disponible en el suelo, incluso junto a los cuerpos de los fallecidos.  El hedor a muerte invadía todo”.

Shadi Hamid, editor del portal The Atlantic escribió que su escritura se convirtió en una cosa oscura desde la masacre. Hamid cree que esta es una historia de lo que sucede cuando mucha gente pierde la fe en la política. “El proceso de transición del gobierno autoritario de Hosni Mubarak fue defectuoso desde el principio. Mohamed Morsi, elegido en junio de 2012, era la persona equivocada en el momento equivocado. En la medida en que los egipcios insisten en sentir orgullo en su país, es un orgullo atormentado por los acontecimientos que millones de ellos -incluyendo miembros de mi propia familia- fueron cómplices.

Cuatro años después, Donald Trump recibe al presidente Al-Sisi en la Casa Blanca. En abril, por primera vez el mandatario egipcio pisó la casa de su homólogo estadounidense. Obama se había mostrado reacio a establecer relaciones con El Cairo, a raíz del golpe de Estado y de las frecuentes violaciones a los derechos humanos. Trump, por el contrario, aseguró que “Al-Sisi está haciendo un trabajo fantástico” y prometió restablecer las relaciones comerciales y militares entre ambas naciones.

 

 

 

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