La sombra de Rusia en EE. UU.

La montaña rusa de Trump

La abrupta salida del director del FBI, James Comey, vuelve a poner sobre el tapete las oscuras relaciones entre Donald Trump y Vladimir Putin. ¿Cuáles son las razones detrás del despido?

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, durante un entrenamiento de hockey. El mandatario niega su interferencia en las elecciones de Estados Unidos. / AFP

Si el pez muere por la boca, el presidente de EE. UU., Donald Trump, se condena por Twitter. El mandatario, que gobierna a través de esta red, se deja al descubierto cuando trata de imponer su “verdad alternativa”. El caso del despido del director del FBI, James Comey, es el ejemplo más reciente. Según dijo Trump, tuvo que prescindir del director de la oficina de inteligencia “porque no hacía bien su trabajo”.

También justificó el abrupto despido diciendo que lo había recomendado el vicefiscal, Rod Rosenstein, quien acusó varias veces a Comey de un pésimo manejo de la investigación sobre el uso de Hillary Clinton de una dirección de correo electrónico personal.

En el memorando es más específico. Rosenstein dice: “Comey usurpó la autoridad del fiscal general cuando recomendó que no se presentaran cargos contra Clinton; se excedió en críticas contra la demócrata en una conferencia de prensa y luego alertó al Congreso sobre nuevos correos electrónicos recién encontrados en vísperas de las elecciones”.

Razones válidas que se quedan sin peso al revisar los comentarios de @realDonaldTrump, quien desde que Comey recomendó cerrar la investigación contra Clinton en junio se convirtió en blanco de sus ataques tuiteros. “Lo que acabamos de descubrir es que el Departamento de Justicia, el Departamento de Estado y el FBI se unieron para hacer que Hillary Clinton parezca menos culpable”, escribió Trump en octubre. Más recientemente, el 2 de marzo, Trump dijo en su cuenta: “El director del FBI Comey fue lo mejor que le pasó a Hillary Clinton. ¡Le dio un pase libre en muchas malas acciones!”.

Hace apenas unos días, ante el Congreso, Comey (independiente, nombrado por Barack Obama en 2013) reconoció graves errores en el manejo del caso de los correos de Clinton, que le costaron a la demócrata la Presidencia y le aseguraron el triunfo a Trump. Algo que levantó más ampollas en el entorno del magnate republicano, que comenzaron a disparar a quemarropa contra Comey.

Esas contradicciones, tan frecuentes con Trump, provocaron que analistas de The New York Times, The Washington Post y The Atlantic, entre otros, señalaran que las verdaderas razones del despido tienen que ver con la investigación que adelantaba Comey sobre la injerencia de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016. Hace apenas unos días Comey le había pedido al vicefiscal más presupuesto para la investigación de la trama rusa.

Y justo después de su despido, Sarah Sanders, una de las voceras oficiales del Gobierno, señaló en una entrevista en la cadena Fox que era hora de dejar atrás la investigación del escándalo ruso: “No hay nada ahí. Es tiempo de enfocarse en las cosas que interesan a los estadounidenses”.

¿Nada? De acuerdo con la cadena CNN, un fiscal federal había emitido citaciones a los asociados de Michael Flynn, el asesor de seguridad nacional de Trump, en relación con el caso ruso.

Flynn tuvo que renunciar la semana pasada, tras comprobarse que mintió sobre el contenido de sus contactos con el embajador ruso en Washington, Serguei Kislyak. También se investiga si el exasesor no cumplió con su obligación de notificar pagos de gobiernos extranjeros tras una visita a Moscú en 2015.

“La decisión del presidente de despedir al hombre que está a cargo de investigar la colusión con Rusia despierta la pregunta de si la Casa Blanca no está interfiriendo en una materia criminal”, señaló el congresista Adam B. Schiff, líder demócrata en el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes.

Otro senador demócrata, Richard Blumenthal, dijo en televisión que las razones que dio Trump para echar a Comey eran risibles y habló sobre una posible crisis institucional, refiriéndose al sometimiento de la Fiscalía a los caprichos de Trump.

¿Detendrá el presidente la investigación sobre el caso ruso? La visita a la Casa Blanca del jefe de la diplomacia rusa, Serguei Lavrov, quien no visitaba Washington desde 2013, levanta aún más sospechas.

“El presidente Trump manifestó su interés en poner en vigor relaciones de trabajo pragmáticas y mutuamente beneficiosas con Rusia”, declaró luego Lavrov, quien tachó de “invención” los alegatos de la injerencia rusa en los comicios de Estados Unidos.

“Aunque aprecio enormemente que usted me informara, en tres ocasiones distintas, que no estoy bajo investigación, aun así estoy de acuerdo con la conclusión del Departamento de Justicia de que usted no es capaz de liderar eficazmente el FBI”, dice la carta de despido de Trump a Comey, en alusión a la pesquisa sobre los supuestos nexos entre su campaña y Rusia. Si la intención era ahogar la investigación sobre Rusia, Trump parece haberse equivocado... de nuevo.