EE.UU. no habla de otra cosa: Oprah, presidenta

¿La mujer que puede ganarle a Trump?

Un discurso emotivo puso a Oprah Winfrey como la posible rival de Donald Trump en 2020. Ella, sin experiencia política como el actual mandatario, pero muy popular, suena como una alternativa. Trump ya respondió: “Yo le ganaría sin problemas”.

Oprah Winfrey superó múltiples dificultades en su infancia y ahora es la dueña de US$2.800 millones como patrimonio personal. Barack Obama le debe buena parte de su triunfo. / AP

Oprah Winfrey no es una persona. Es un concepto. Oprah es lo más cercano a lo trascendente que un americano promedio encuentra en la pantalla de su televisor o en el supermercado, o en la tienda de ropa, o en la librería, o en la droguería, porque Oprah está en todas partes y en ninguna; tiene el don de la ubicuidad. Es decir, Oprah no es su pelo, ni sus huesos, ni su humanidad, aunque también. Oprah es, sobre todo, lo que representa: la superación personal, el dinero por montones, la fama, la filantropía, el triunfo de las mujeres afroamericanas por encima de la discriminación y el racismo. Ese concepto, o la mujer que lo encarna, quiere ser la próxima presidenta de Estados Unidos.

Así lo dice la prensa. Según CNN, dos amigas de la estrella que prefirieron, guardar su nombre para hablar con libertad, confirmaron que Oprah estaría considerando seriamente su candidatura.

La velada de los Globos de Oro, en donde se premia lo mejor de la televisión, sirvió de escenario para que los rumores empezaran a tomar eco. Su discurso fue tan emotivo y político, que al día siguiente ya aparecía citado en la prensa como un posible lanzamiento de su campaña presidencial.

“En 1964 era una niña pequeña sentada en un piso viejo en la casa de mi mamá en Milwaukee, mirando a Anne Bancroft presentar el Óscar a mejor actor para la edición número 36 de los Premios de la Academia. Abrió el sobre y dijo cinco palabras que literalmente hicieron historia: ‘El ganador es Sidney Poitier’(...). Nunca había visto a un hombre negro siendo celebrado así. Intenté muchas, muchas veces, explicar qué significa un momento como ese para una niña pequeña, que miraba todo desde unos asientos baratos, mientras mi madre entraba por la puerta con los huesos cansados de limpiar las casas de otras personas”, dijo con firmeza y emoción.

Más adelante, robándose la ovación de la audiencia, agregó: “En 1982, Sidney recibió el premio Cecil B. DeMille (a toda una vida de trabajo) aquí en los Globos de Oro y no en vano, en este momento, hay niñas mirando mientras me convierto en la primera mujer negra en recibir este mismo galardón. Es un honor, es un honor y es un privilegio compartir la velada con todos ellos y también con los increíbles hombres y mujeres que me han inspirado”.

 

Seth Meyers, mundialmente conocido por ser parte del programa Saturday Night Live, fue de los primeros en sugerir el potencial de Oprah para convertirse en la líder más importante de su país. Meyers, aprovechando su rol como presentador de la ceremonia, recordó su impase de hace siete años: “En el 2011 hice algunas bromas sobre nuestro actual presidente en la cena de corresponsales de la Casa Blanca, bromas sobre cómo no estaba calificado para ser presidente. Algunos me han dicho que esa noche él se convenció de presentarse a la campaña. Si eso es cierto, solo me gustaría decir: ‘Oprah, nunca serás presidenta’”.

Pero Meyers no es el único que ve en ella potencial, y ni siquiera es el más importante. “Oprah. Amo a Oprah, Oprah siempre será mi primera opción”, dijo Donald Trump en una entrevista con Larry King en 1999, cuando le preguntó quien sería su posible compañero de fórmula, en caso de que él quisiera abandonar su vida como magnate en Nueva York, para dedicarse a la política y ocupar la Casa Blanca. Trump tendrá que empezar a retractarse de sus palabras, traídas de nuevo a la palestra por Doreen St. Félix, para “The New Yorker”.

Más primeras veces de Oprah

La descripción más común sobre Oprah en la prensa dice que ella es la encarnación del sueño americano y una de las mujeres más poderosas del mundo, o la más poderosa de todas.

La descripción es común por una razón: es cierto. Oprah, una mujer de raza negra, que vivía con menos de lo necesario, encontró en las pantallas y en la posibilidades del libre mercado la fortuna personal y monetaria.

Es la mujer afroamericana más rica del mundo, según The Telegraph, y la primera y única “multibillonaria” en Estados Unidos.

Lo logró todo a punta de primeras veces: fue la pionera en ese formato que la llevó a la cima, conocido como talk show, en donde se convirtió, como dice The New Yorker, en una especie de guardiana de las ansiedades de la clase media estadounidense: la dieta, las empresas, la crianza de los niños, las vacunas. Y repartía premios y escuchaba tormentosas historias y saludaba y sonreía. Una política en el mundo del entretenimiento.

Además, fue la primera en popularizar un estilo comunicativo íntimo, emocional, cercano, que demandan los televidentes y lectores. Sus muy conocidas entrevistas a celebridades se caracterizan por buscar los detalles humanos, por escarbar en la vida del entrevistado y mostrar, entonces, que son personas como cualquiera. Muchas celebridades solo aceptan entrevistas con Oprah. Jennifer Lawrence dijo que uno de sus sueños cumplidos era ser entrevistada por ella.

Todo esto sin dejar de recordarle siempre, a su público que también es de carne y hueso y que su vida empezó con todas las dificultades posibles. Que fue violada por un primo cuando era una niña, que se vio obligada a trabajar desde muy temprano, que su mamá padeció hambre.

De su nombre, incluso, se han desprendido palabras nuevas: ‘oprahfication’, por ejemplo, para describir las confesiones públicas, televisadas, que funcionan como terapia.

Oprah, entonces, no será una candidata fácil de vencer. Sin ella, varios movimientos por los derechos civiles e incluso, la misma campaña de Barack Obama a la presidencia se habría quedado coja. Obama le debe más de un millón de votos que ella encauzó para su elección en el 2008. Trump fue inteligente al considerar, en su momento, que Oprah sería la fórmula vicepresidencial perfecta.

Estados Unidos: De Trump a Oprah

Después de los Globo de Oro el hashtag “#Oprah2020” se hizo realidad. No obstante, para muchos analistas sería un total despropósito, tal y como pasó con Trump.

“Esto pone de relieve hasta dónde el respeto a las celebridades y las calificaciones, el repudio de la experiencia y la experiencia ha infectado nuestra vida cívica. El político ideal post-Trump será, al menos, una figura profundamente seria con un sólido historial de servicio público. Sería una herida devastadora y autoinfligida para los demócratas conformarse con una mímica benévola del acto de circo alucinatorio del Sr. Trump”, dice Thomas Chatterton Williams para The New York Times. Para algunos, Oprah es la versión femenina, liberal y feminista de Donald Trump. Pero al fin y al cabo, su versión.

El mismo medio, en otro artículo, sugiere que los demócratas están divididos frente a sus sentimientos por Oprah.

Eso significa que, por lo menos, lo están pensando. No pueden dejarlo pasar como un simple chisme de la farándula, ya no. Antes de Trump, la idea de una celebridad manejando las riendas del país ni siquiera hacía parte de guiones para comedia. Ahora es una posibilidad real. “Oprah 2020” no es un chiste, ni una fantasía. Oprah, presidenta en el 2020, puede ser el futuro, aunque el propio Trump descarte su triunfo: “Me gusta Oprah. No creo que se vaya a presentar (...) Y si lo hiciera yo le ganaría sin problemas”.

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