Brasil y la geopolítica suramericana

La política exterior del capitán Bolsonaro

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Si Jair Bolsonaro gana la Presidencia brasileña hoy, como indican los sondeos, la región vivirá tiempos complejos por su limitada visión regional.

Hoy los brasileños acuden por segunda vez a las urnas para elegir a su próximo presidente y todo parece indicar que el capitán Jair Messias Bolsonaro será el ganador. Este hombre logró hacer una campaña estratégica, utilizar con eficiencia las redes sociales —incluyendo fake news—, interpretar el pensamiento de la mayoría de los brasileños, eludiendo los debates sobre las grandes cuestiones nacionales, leyendo una cartilla que en cualquier lugar del mundo despertaría temor colectivo: supresión de derechos humanos y sociales, no aceptación de pensamiento divergente, desprecio por las mujeres, LGBT, negros e indígenas, ausencia de consciencia ambiental y apología de la violencia.

Sin embargo, a pocas horas de que el capitán de la reserva llegue al Palacio del Planalto (sede presidencial brasileña), es impresionante observar la connivencia de la élite brasileña con los planteamientos del bolsonarismo, la aparente normalidad con la cual gran parte de la sociedad observa este hecho y la renuencia de los demócratas clásicos a asumir una postura para por lo menos intentar detener este viraje del país a la extrema derecha.

¿Qué se podrá hacer para salvar la democracia brasileña y al pueblo de su propia elección?

Los gritos de las mujeres para decir Ele Não (él no), las campañas para recordar el pasado autoritario del país con el eslogan: “1964 nunca más”, los análisis de la prensa crítica, la alarma de varias partes del mundo sobre “Bolsonaro, la nueva amenaza de América Latina” no fueron suficientes para vencer el rechazo al Partido de los Trabajadores (PT), el dolor de los brasileños por la corrupción en el país o por lo menos para buscar una solución intermedia: un giro hacia el centro.

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Vencerá el populismo de derecha, el mismo que se ha difundido en Estados Unidos, Europa y América Latina. Una figura caricaturesca como Jair Bolsonaro fue la única capaz de canalizar el odio, el resentimiento y el dolor colectivo. Porque es bien cierto que él no llegará a la Presidencia de Brasil por sus méritos, ni por su inteligencia estratégica. Bolsonaro fue una creación lenta y paulatina, que emergió de los escombros provocados por la caída vertiginosa del PT y de los partidos políticos tradicionales, el abuso del poder judicial, la extrapolación de los medios de comunicación dominantes y el cansancio de los brasileños con la violencia urbana y la corrupción.

Lo que está hecho no está por hacer y Brasil será entregado a un capitán de la reserva, al general Hamilton Mourão (su vice, de línea más dura que él) y a un Congreso conservador.

Como un cohete, asciende Jair Bolsonaro. Es probable que su llegada a Brasilia dé inicio una nueva ola del populismo de derecha: una mezcla inusitada de militarismo, neoliberalismo y religión que impactará no solamente a Brasil, sino a América Latina.

Hace 24 años, la entrada de México al Tratado de Libre Comercio para América del Norte (NAFTA) marcó uno de los mayores cambios geopolíticos regionales. Entonces se desarticuló gradualmente un importante polo de resistencia y contrapeso en la relación de América Latina con la Casa Blanca y el mundo.

A partir de ahí se inició la firma de TLC entre Estados Unidos y países claves de América Latina, lo que fracturó los intentos de integración regional y demostró las dificultades estructurales para profundizarla y volverla real.

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Es posible que la llegada de Bolsonaro alinee a Brasil con el pensamiento trumpniano, pese a la poca importancia que su Gobierno ha concedido a América Latina. El capitán del Ejército, de acuerdo con sus afirmaciones, podría estar dispuesto a utilizar ciertas estrategias puestas en marcha por el presidente estadounidense: críticas contundentes a China, retirar la Embajada de Palestina de Brasil y aceptar que la capital de Israel se traslade a Jerusalén, entre otras. Decisiones todas que herirían la política exterior del Estado de Brasil, hasta ahora con una de las diplomacias más profesionales y respetadas del mundo.

Brasil posee una frontera de más de 15.000 km en paz. América del Sur ha sido declarada como zona de paz, por la ausencia de conflictos de alta intensidad entre los países vecinos. ¿Qué pasará con la llegada de Bolsonaro al poder? ¿Respetará a sus vecinos? ¿Cómo se posicionará con relación a Venezuela? El general Mourão, su vice, declaró que si resultan elegidos, la primera fuerza de paz sería en Venezuela.

La llegada de Bolsonaro al poder, con la visión limitada que ha demostrado acerca de la región y del mundo, puede hacer retroceder avances regionales en integración y concertación política como por ejemplo: Mercosur, Unasur y CELAC, además del papel de Brasil como “soft power”.

Según su programa de Gobierno —titulado “El camino de la prosperidad, propuesta del Plan de Gobierno constitucional, eficiente y fraterno”, cuyo eslogan es: “Brasil por arriba de todo y Dios por arriba de todos”—, la nueva Cancillería será así: “La estructura del Ministerio de Relaciones exteriores deberá estar al servicio de valores asociados al pueblo brasileño.

Fomentar el comercio exterior con países que puedan agregar valor económico y tecnológico a Brasil.

Dejaremos de glorificar dictaduras asesinas y despreciar o atacar a democracias importantes como EE. UU., Israel e Italia.

No haremos más acuerdos comerciales espurios o entregaremos el patrimonio del pueblo brasileño a dictadores internacionales.

(Ver más: El fenómeno electora de Brasil, racista y misógino)

Además de profundizar la integración con todos nuestros hermanos latinoamericanos que estén libres de dictaduras, necesitamos direccionar nuestro eje de alianzas.

Países que intentaron aproximarse pero fueron rechazados por razones ideológicas tienen mucho que ofrecer a Brasil, en términos de comercio, ciencia y tecnología, innovación, educación y cultura. Énfasis en las relaciones y acuerdos bilaterales”.

La llegada de Bolsonaro fragmentará más a América Latina y pondrá a Brasil, la región y sus recursos en la ruta de los controvertidos intereses de las corporaciones transnacionales. América Latina podrá ser un nuevo campo de batalla por el petróleo, el agua y la Amazonia.

 

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