Desde 2010 han aumentado las movilizaciones

La primavera de 2019: El año de las movilizaciones sociales

El primer semestre del año ha estado marcado por numerosas protestas sociales en el planeta. Hong Kong, República Checa, Kasajistán, Argelia y Sudán son algunos de los territorios en donde la ciudadanía es cada vez más exigente con los poderosos.

La policía de Hong Kong dispara gases lacrimógenos contra un grupo de manifestantes que había irrumpido en la sede del Parlamento el 2 de julio.AFP

Una revolución siempre necesita una chispa. La tuvo la cubana luego de la fallida toma del Cuartel Moncada; la rusa, tras las fuertes hambrunas que sacudieron al país tras la Primera Guerra Mundial, o las de 1989 en Europa del Este, cuando los movimientos sociales de Polonia y Hungría provocaron un efecto dominó que culminó con la caída de la Cortina de Hierro.

En la que parece una tendencia global de movilizaciones sociales, 2019 parece retomar algunos elementos de hace 30 años. Alrededor del mundo son muchos los países que están viviendo procesos sociales complejos, en los que la ciudadanía cada vez más les pide mayor responsabilidad a quienes ostentan el poder.

“Desde aproximadamente 2010 hemos visto un aumento aparente en la movilización de gente que por lo general no se moviliza”, señaló Helen Margetts, profesora en la Universidad de Oxford y coautora de un libro sobre redes sociales y las protestas políticas a The New York Times. Esto incluye a “jóvenes, minorías étnicas y personas en Estados autoritarios”, comentó.

Uno de esos casos es el de Hong Kong, que está viviendo una crisis política sin precedentes desde que regresara a la soberanía china en 1997. En un hecho sin precedentes, varios centenares de jóvenes irrumpieron por la fuerza en el edificio del Parlamento. Los manifestantes accedieron a la institución, donde ocasionaron numerosos destrozos en distintas dependencias parlamentarias.

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La chispa de las protestas hongkonesas fue provocada por una polémica ley de extradición, impulsada por el gobierno autónomo, que permitía la entrega a varios países, entre ellos a China, de sospechosos de delitos. Las protestas reflejan el temor de los habitantes de Hong Kong ante la creciente influencia del gobierno de China en el territorio autónomo, que cuenta con un régimen especial desde 1997. Aunque ese año el Reino Unido le devolvió el territorio a China, quedó estipulado que por los próximos 50 años, es decir, hasta 2047, ambos coexistirían bajo el modelo de “un país, dos sistemas”.

Pero lejos de considerarse el inicio de un proceso revolucionario, las protestas hongkonesas muestran que las cosas en China y en el mundo han cambiado. A diferencia de lo ocurrido hace 30 años en Tiananmén, cuando el gobierno de China irrumpió por la fuerza y ocultó lo ocurrido, hoy el planeta los observa de cerca. Y los hongkoneses, envalentonados, ahora no solo piden la derogación de la ley, sino también libertad y democracia.

Porque apagar los incendios no necesariamente termina extinguiendo la chispa. Aunque el gobierno de Hong Kong, encabezado por la ahora cuestionada Carrie Lam, anunció que no seguiría adelante con la ley, las protestas continuaron. De nada sirvieron las explicaciones del gobierno autónomo, que insistió en que la extradición no podría aplicarse en casos de persecución política. Esas aclaraciones no fueron suficientes para acallar las dudas sobre las garantías que podría ofrecer el opaco sistema legal chino. 

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De Hong Kong a Praga

Un hombre sostiene una bandera nacional checa durante un mitin exigiendo la renuncia del primer ministro checo, Andrej Babis, el 23 de junio de 2019. Foto: AFP

Hong Kong no es en la única parte del mundo en donde la gente está manifestándose contra sus gobiernos. Dos semanas atrás, 250.000 personas colmaron las calles de Praga, capital de República Checa, para pedir la dimisión de su primer ministro, Andrej Babiš, un nostálgico del comunismo soviético y a quien acusan de corrupto.

Al mismo tiempo, en Kazajistán, protestas masivas en contra de Kasim-Yomart Tokáyev, el nuevo presidente, han provocado decenas de manifestaciones que han terminado con miles de arrestos y condenas. Los ciudadanos se manifestaron en contra de su elección tras considerarlo el sucesor de Nursultán Nazarbáyev, hombre fuerte del país que se mantuvo en el poder desde su independencia en 1991.

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Las movilizaciones sociales, además, también han provocado el cambio de gobierno en países como Argelia y Sudán, donde cayeron Abdelaziz Bouteflika y Omar al-Bashir de Sudán, con 20 y 26 años, respectivamente, en el poder. (En contexto: Después de Buteflika y Al Bashir, ¿caerán otros mandatarios )

Sin embargo, de acuerdo con expertos, a veces las protestas masivas pueden ser un arma de doble filo. Un aumento de las movilizaciones, impulsadas por el poder de la internet, no necesariamente produce el renacer de las democracias, sino períodos de inestabilidad. Dos ejemplos de ello se encuentran en Latinoamérica, específicamente en Nicaragüa y Venezuela, en donde a pesar de años de descontento social, las protestas están todavía lejos de provocar un cambio real.

“A la gente se le puede sacar a la calle a través de las redes sociales”, dice Helen Margetts. “La siguiente parte es la difícil”, concluye.

 

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Jesús Mesa / @JesusMesa

El Mundo

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