Tras paso histórico por Corea del Sur

La “princesa” norcoreana que rompió el hielo en los Olímpicos

Kim Yo-Jong, hermana menor del líder norcoreano Kim Jong-un, fue fundamental en los acercamientos diplomáticos que dejan los juegos de Invierno en Corea del Sur.

Durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de invierno, en Pyeongchang, el vicepresidente estadounidense, Mike Pence, fue uno de los pocos invitados que se quederon en su silla mientras el presidente surcoreano, Moon Jae-in, y la hermana del líder norcoreano Kim Jong-un se unían al público para aplaudir de pie a la delegación de ambas Coreas desfilando bajo una misma bandera, un hecho histórico si se considera que, técnicamente, los dos países están en guerra de desde la década del 50.

De regreso a Estados Unidos, y según lo reporta el Washington Post, la actitud de Pence era otra: “Si quieren hablar, hablaremos”, afirmó el vicepresidente, aunque también advirtió que la presión de su gobierno sobre el régimen norcoreano no cederá hasta que existan acciones significativas hacia la desnuclearización. Hasta entonces, aclaró Pence, “la campaña de máxima presión va a continuar y se va a intensificar”.

Abrir una ventana para el diálogo con EE.UU. no fue el único logro de la delegación diplomática encabezada por Kim Yo-Jong, la hermana menor del líder norcoreano y una de las figuras más emblemáticas del régimen. La participación de Corea del Norte en los Olímpicos consiguió que le presidente surcoreano suspendiera los ejercicios militares que realiza regularmente y consiguió abrir un canal de comunicación entre ambas naciones.

Para Kim Sing-han, antiguo ministro de Relaciones Exteriores y profesor en la Universidad de Corea en Seúl, la delegación norcoreana se ganó la medalla de oro en diplomacia, algo en lo que también coincide Michael Bristow, el editor de la BBC para Asía y el Pacífico y para quien “es muy extraño que, Corea del Norte, un país que ha desarrollado armas nucleares en contravía de las sanciones de Naciones Unidas, termine teniendo una presentación tan buena”.

Las apariciones de Kim Yo-Jong antes de los Olímpicos fueron escasas. “La Ivanka de Corea del Norte”, como la llamó la prensa surcoreana, equiparando la influencia que tiente Yo-Jong sobre su hermano mayor con la que tiene la Ivanka Trump sobre el presidente de Estados Unidos. “Ella no puede ser líder porque es una mujer. Sin embargo, ejerce mucha influencia sobre su hermano” le dijo al diario ABC Lim Jae-Cheon, experto de la Universidad de Corea en Seúl.

Aunque Yo-Jong hizo su primera aparición en público en 2011, durante el funeral de su padre, se sabe que la llamada “princesa” de la dinastía Kim nació en la segunda mitad de la década de los ochenta y que ronda los 30 años. Es la menor de los tres hijos que el antiguo líder tuvo con una bailarina de origen japonés y, al igual que sus hermanos mayores, fue educada Suiza.

Yo-Jong no sólo acaparó la atención en cada uno de los eventos a los que asistió durante su estadía en Corea del Sur. También atrajo las miradas por sus mensajes de reconciliación y por ser la vocera de la inusual invitación que su hermano le extendió al presidente surcoreano para realizar un encuentro bilateral.

“El Norte y el Sur comparten la idea de que deben continuar con el ambiente positivo para la paz y la reconciliación que crearon los Olímpicos de Pyeongchang”, dijo el gobierno surcoreano a través de un comunicado. En el norte, el recibimiento a la delegación encabezada por Yo-Jong puso en evidencia la satisfacción del régimen con los avances logrados en el evento deportivo.

A través de la prensa oficial, Kim Jong-un manifestó que esperaba que “el cálido clima de reconciliación y diálogo” propiciado por los Olímpicos “se siga animando”.

En Japón, donde la amenaza de un ataque norcoreano está patente, la cara amable que mostró el régimen no termina de convencer: “Francamente, creo que todo esto es muy ingenuo. Corea del Norte quiere comprar tiempo para continuar con su programa de misiles”, dijo el ministro de Exteriores Taro Kono antes del comienzo de los Juegos.

En el mismo sentido se expresó el primer ministro japonés, Shizo Abe, para quien “este no es el momento para posponer los ejercicios militares entre Corea del Sur y Estados Unidos”. Declaraciones por las que fue fuertemente criticado por el presidente Moon, quien lo acusó de entrometerse en asuntos internos.

A pesar de que el gobierno estadounidense se refirió a la preocupación de Japón e insistió en que las presiones sobre Corea del Norte no van a ceder ni un milímetro, el show se lo siguieron llevando los norcoreanos, que no sólo regresaron a casa con una ventana abierta al diálogo, sino con la petición del Comité Olímpico Internacional para que se considere, para el Premio Nobel de Paz, a las 12 jugadoras del equipo de hockey norcoreanas que participaron en los Juegos bajo la bandera de la Corea unificada.