La semilla de Abraham Lincoln

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El presidente Barack Obama recogió el legado político del presidente más venerado de los Estados Unidos. Se cumplen 200 años de su nacimiento

“Lo que nos hace americanos no son los lazos de sangre con quienes escribieron nuestra Declaración de Independencia, sino nuestra convicción en la promesa de la que todos los hombres somos iguales”, dijo Abraham Lincoln en una fría tarde de noviembre de 1863 en Gettysburg, en medio de la encarnizada y sangrienta guerra civil que marcaría la unificación de la nación americana, así como el  inicio de la abolición de la esclavitud en Estados Unidos.

Dos siglos más tarde, en esa misma explanada, en la que el mítico y grandilocuente abogado y senador por Illinois pronunciara uno de sus más recordados discursos, un retoño de sus principios de libertad y justicia anunciaría, en su cumpleaños número 198, el inicio de su campaña hacia la Casa Blanca, para probar, de una vez por todas, que su sueño de equidad racial no era tan sólo una verdad inerte consignada en el papel. “No importa si somos blancos, negros, latinos, asiáticos, heterosexuales, homosexuales o discapacitados. Si seguimos divididos estaremos destinados a fracasar”, dijo ese día Barack Hussein Obama ante miles de personas.

Así el hijo de un inmigrante de Kenia y esposo de una mujer con sangre esclava llegaría a la Casa Blanca, al igual que Lincoln, con una corta experiencia ejecutiva y tan solo un período en el Senado para hacerle frente a una aguda crisis económica.  Pero al igual que el mártir a quien llama su prócer, Obama ve en su presidencia la oportunidad de sobreponer las amargas diferencias políticas que han dividido al país en las últimas décadas. Es por esto que ha seguido sus enseñanzas y ha llamado, como lo hiciera quien firmara la Proclamación de Emancipación en 1863, a su propio equipo de rivales.

Oponentes políticos de la talla de Hillary Clinton, y los republicanos Robert Gates, Ray LaHood y Judd Gregg hacen parte de su empresa en la búsqueda de soluciones de todas partes del espectro político para afrontar la difícil crisis económica que desafía por estos días a Estados Unidos. “Es el momento de seguir los pasos de Lincoln y cerrar  las heridas de nuestra Nación, una casa dividida difícilmente se mantiene en pie”, recordó Obama en días recientes, al referirse al consenso necesario para la aprobación del plan de estímulo económico.


Y esto es sólo el comienzo. Obama ya ha recogido el legado de su accionar político al apostar en tiempos de crisis en educación, infraestructura y en el estricto control de las entidades financieras como bastión para una economía nacional saludable, como lo hiciera el presidente republicano antes de su asesinato en abril de 1865.

No hay duda de que el primer afroamericano que llega a la Casa Blanca, lleva consigo las virtudes del mismo ADN político de Lincoln. Es por esto que el juramento que hizo Obama el día de su posesión sobre la misma Biblia que lo hizo el gran emancipador, va más allá de un hecho simbólico. Es todo un compromiso moral por la unificación nacional y la reconciliación racial de los Estados Unidos.

Hoy Lincoln sigue siendo una constante fuente de inspiración para los presidentes del país y generaciones de estadounidenses que, como el profesor de Historia de la Georgetown University, James B. Collins, lo consideran símbolo de la unidad y la emancipación. “El Lincoln del que hemos aprendido es aquel que caminó cinco millas para devolver un penique, el autodidacta que leía con una vela, el gran orador, el gran emancipador, el salvador de la Unión”, aseguró.

Este jueves los estadounidenses le rinden tributo a aquel hombre humilde que con su esfuerzo ascendió al poder, cumpliendo el mito del “sueño americano”. Obama le sigue sus pasos.

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