Crece el número de civiles armados
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La tenaza del poder en Venezuela

Más allá de la alianza cívico-militar, los colectivos chavistas, los asesores cubanos, el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional y la Fiscalía complementan el aparato con el que el gobierno de Nicolás Maduro mantiene a raya a la oposición.

Los colectivos chavistas son una ficha clave dentro del círculo de poder en Venezuela y se encargan de sembrar “el terror con sus rostros cubiertos”. / EFE

“La Fuerza Armada Nacional Bolivariana preserva su unidad monolítica y ratifica su lealtad incondicional al señor presidente”. Son palabras que a menudo repite el ministro de Defensa de Venezuela, general Vladimir Padrino, y que habitualmente complementa el presidente Nicolás Maduro cuando atribuye ese poder a la alianza cívico-militar. Lo que no mencionan Padrino ni Maduro son los cuatro elementos que aseguran que esa unión funcione como una tenaza: los círculos chavistas, la asesoría cubana, el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y la Fiscalía.

Más allá de quienes creen realmente en la revolución bolivariana, o de aquellos que se han acomodado a la crisis favorecidos por las crecientes concesiones en frentes económicos como la importación de alimentos, las fábricas de uniformes y hasta negocios de construcción, minería, petróleo y medios de comunicación, muchos militares se sostienen en las Fuerzas Armadas porque deben someterse a una lealtad vigilada. Una realidad que se expresa en un aparato de inteligencia que les respira en la nuca, con un creciente número de civiles armados por el Estado.

Por eso no es una coincidencia que la mayoría de los desertores de las Fuerzas Armadas reconozcan que esa tenaza fue la principal razón que los llevó desistir de apoyar al gobierno. “Los primeros son los colectivos chavistas. Hoy cada barrio tiene los suyos. Aunque se supone que nacieron para entregar comida, la verdad es que andan armados en motos y constituyen una fuerza de choque cuando se presentan las manifestaciones contra el gobierno”, comentó uno de esos militares desertores que oculta su nombre por razones de seguridad, pero que sabe bien el papel que cumplen.

“A mí me consta que desde los tiempos del presidente Chávez se empezaron a formar esos colectivos y que las guerrillas colombianas se encargaron de entrenarlos”, precisó la fuente. Pero no solo son una realidad reconocida por los desertores. Abundan investigaciones periodísticas y de organismos de derechos humanos que ratifican que estos colectivos, con carabinas o fusiles, son “agresivos defensores de la revolución venezolana”. Hay varios reconocidos, como La Piedrita, Los Tupamaros o el Alexis Vive, y cuando se les requiere, siembran el terror con sus rostros cubiertos. Le recomendamos: ¿Qué tan sólido es el respaldo militar a Maduro?

Aunque el gobierno no los exalta en toda su dimensión, se sabe que sí cuentan con financiación estatal y que su fachada social son tareas públicas, que ellos saben combinar con actividades ilegales. En últimas, todos saben que son la fuerza de choque principal para sofocar las protestas, controlar las ciudades y arremeter contra los disidentes. “Son malandros, la mayoría de mala procedencia, algunos expresidiarios y sin educación. Pero desaparecen gente, hacen un trabajo sucio para evitar que las Fuerzas Armadas o el gobierno queden manchados con sus excesos”.

Sin embargo, dentro de las Fuerzas Armadas no es el círculo de apoyo principal. Según la mayoría de los desertores, el papel protagónico lo tienen los asesores cubanos. “Ellos empezaron a entrar tras el golpe fallido de 2002. Chávez sacó a los gringos y entraron los cubanos”, resalta la fuente. Entre la tropa se tiene claro que asumen posiciones decisorias. Incluso asisten a reuniones de alto nivel para aportar directrices. “Son los informantes especiales del gobierno; el primer anillo de inteligencia. Si bien hay rusos en Venezuela, los que le hablan al oído al gobierno son cubanos”.

“La incidencia de Cuba en Venezuela es notoria. Ellos tienen sesenta años de experiencia con el bloqueo y desde las acciones de inteligencia asesoran a los altos mandos. Hay línea directa con La Habana”, insiste uno de los desertores consultados. De hecho, se lee en diversos informes de derechos humanos que el actual modelo del SEBIN está concebido desde la asesoría cubana. No se trata de simples sugerencias, ni tampoco de un apoyo en funciones médicas. Pocos saben el número de cubanos que apoyan al gobierno de Maduro, pero para los militares hoy operan como asesores escuchados.

El tercer círculo lo constituye el citado SEBIN, que a partir de 2010 entró a reemplazar a la Dirección Nacional de Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP). La oposición al gobierno de Maduro la califica como “el brazo armado policial del régimen” y, según los entendidos, tiene un enlace permanente con la Vicepresidencia, hoy a cargo de Delcy Rodríguez. “Si bien en Venezuela hay Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Guardia Nacional, pregúntenle a cualquier militar lo que hoy significa el SEBIN”. Hoy lo orienta Manuel Ricardo Cristopher Figuera y sus antecedentes lo definen.

Fue director del Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (Cesppa), el primer organismo creado por el chavismo para recaudar información sobre defensa, seguridad e inteligencia. Después ofició como subdirector de la contrainteligencia militar. “Es un aparato de policía política, directamente vinculado con los más radicales dirigentes del gobierno”. Aunque el modelo es cubano, cuando circulan vestidos de negro con pasamontañas y pistola en mano, cualquier militar y mucho más los civiles saben que son el poder mismo para caer en desgracia. Lea también: ¿Qué impacto tendrán las deserciones militares en Venezuela?

El plano se cierra con la Fiscalía. La fuente expresa que después de que los círculos chavistas o bolivarianos, los asesores cubanos o el SEBIN tienen ubicado a alguien que creen peligroso, llega la Fiscalía a formalizar las detenciones. En la actualidad el fiscal es Tarek William Saab, quien sustituyó a Luisa Ortega Díaz, expulsada del cargo y hoy en el exilio. “Cuando los círculos no pueden operar directamente y el SEBIN lo hace, quien concreta el cerco judicial es la Fiscalía. Allá saben, por ejemplo, que el Eln monta puntos de control en Venezuela, pero ahí no opera la justicia”.

A pesar de la desconfianza que implica la “poca independencia del fiscal Saab”, entre los militares desertores hay otro consenso: “El que manda en Venezuela es Diosdado Cabello. Lo que él diga, eso es. Le puede gritar a Maduro o a Padrino. A Diosdado simplemente se le tiene miedo. Hay que hablar pasito para no correr peligro”. Según la fuente, él es quien recibe la información de los cubanos. Tienen poder los Rodríguez (Jorge, ministro de Comunicación, y Delcy, vicepresidenta), lo mismo que Tareck El Aissami, ministro de Industria, pero “Diosdado es Diosdado”. Vea también: La difícil tarea de quebrar el apoyo militar a Maduro

“Hay mucha gente que les tiene miedo a las Fuerzas Armadas, a los cubanos que hacen contrainteligencia; al SEBIN, que maneja una estructura para perseguir y encarcelar disidentes, y por supuesto a Diosdado Cabello, que lo controla todo”, puntualiza la fuente consultada. “Si yo fuera Juan Guaidó, lo primero que haría sería nombrar a un ministro de Defensa con uno de los generales en el exilio. Eso para unir a los militares que afuera podemos decir lo que sucede, porque adentro impera la ley del silencio”. Es la alianza cívico-militar de la que no se habla en los discursos oficiales.

 

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2019-02-27T16:57:50-05:00

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