La mano dura del gobernador Witzel

La tragedia que reveló el secuestro de un bus en Brasil

El uso de francotiradores para combatir el crimen en Río de Janeiro no es un hecho exclusivo, se ha usado en varias operaciones este año. En parte, gracias a su gobernador, Wilson Witzel, un extremista defensor del uso de armas por parte de civiles y de la acción letal de la Policía en el combate al crimen.

Wilson Witzel, gobernador del estado de Río de Janeiro, celebró el desenlace del secuestro del bus. EFE

Durante cuatro horas, William Augusto da Silva, un joven brasileño de 20 años, mantuvo en vilo a Brasil. Después de abordar un bus en Sao Gonçalo, el segundo mayor municipio del estado, localizado en la región metropolitana de la capital fluminense, con destino al centro de Río de Janeiro, decidió secuestrarlo. Armado con una pistola, un cuchillo y un galón de gasolina, Da Silva detuvo el vehículo sobre el emblemático puente Río-Niteroi y amenazó con prenderle fuego.

Ahí comenzó el caos: se generó un trancón de 81 kilómetros en la zona, una de las más transitadas de la ciudad, y se vivieron horas de angustia. Treinta y siete pasajeros fueron amedrentados por el joven enmascarado que amenazaba con matar a los rehenes. En medio de la negociación con agentes de la Policía, que llegaron al lugar, el hombre decidió liberar a seis personas (cuatro mujeres y dos hombres). Cuando se acercó a la puerta del vehículo para gritar algunas palabras a las autoridades que rodeaban el vehículo, un francotirador de la fuerza élite policial, que estaba ubicado sobre un camión, le disparó en tres ocasiones. Ningún rehén resultó herido.

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Pero William Augusto da Silva murió cuando era trasladado en ambulancia hacia un hospital. Según la prensa brasileña, el arma que usaba era de juguete y el cuchillo también era falso. No se conocen sus motivaciones.

Algo que poco y nada importa en un estado que vive tiempos oscuros con el gobernador, Wilson Witzel, un extremista defensor del uso de armas por parte de civiles y de la acción letal de la Policía en el combate al crimen. Tan pronto terminó el asalto al bus, este hombre, gobernador de Río de Janeiro, llegó en helicóptero al puente río-Niteroi y se bajó de la aeronave festejando, haciendo señales de victoria. Su gozo fue compartido por el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, quien defendió la actuación de los francotiradores.

La mano dura del gobernador

“Mi papel como gobernador es hacer que todo funcione y así fue. Rápidamente, intentamos resolver el transtorno para la sociedad, en la mejor medida de lo posible”, dijo el gobernador de Río, criticado por su mano dura contra los delincuentes. Desde que llegó a la gobernación, en noviembre de 2018, Witzel, juez de carrera y antiguo infante de la Marina, anticipó lo que comenzaba en Río de Janeiro: “El delincuente con fusil debe ser abatido”, aseguró. Ayer lo demostró.

“Hablé con familiares de él (secuestrador). Uno de ellos me pidió perdón, pidió perdón a los rehenes, alguna cosa falló en su educación. Vamos a cuidar de su familia”, señaló el gobernador. Medios de comunicación informaron que el joven, residente en São Gonçalo, un populoso suburbio separado de Río por la bahía de Guanabara, tenía señales de depresión. Música para los oídos de Witzel y de Bolsonaro, quienes al igual que Donald Trump suelen culpar a la enfermedad mental del aumento del crimen y no a dejar armas en manos de los civiles.

Bolsonaro propuso un decreto en el que flexibiliza la compra y tenencia de armas por parte de los civiles. Una medida criticada por organizaciones civiles, que advierten sobre el aumento de los homicidios con medidas como estas. De acuerdo con el último informe sobre violencia en Brasil revelado hace dos meses, el país alcanzó la cifra de 65.602 homicidios en 2017, lo que supone una media de 31,6 muertes violentas por cada 100.000 habitantes. Un récord histórico según el Atlas de la Violencia de 2019.

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Para Witzel, que gobierna uno de los estados más violentos del país (6.749 muertes en un 2017), la única manera de detener “la sangría” es a balazos. “El policía que no mata no es policía”, aseguró tan pronto llegó a la Gobernación y entonces se desató la tragedia. El Gobernador sostiene que la violencia sólo se detiene con más violencia y sostiene que “a un malhechor con un fusil lo frena otro fusil. No sirve de nada pedirle que lo deje ene l suelo, porque va a disparar. El policía que fuera cuestionado, lo va a defender la fiscalía”. En entrevista con el diario Estadão reiteró: “Lo correcto es matar al delincuente. Y la policía va a hacer lo correcto. Apuntar a la cabeza y ¡fuego!”.

Y la Policía de Río se tomó en serio esas palabras: de acuerdo con cifras oficiales, las autoridades han matado, en promedio, cinco personas al día durante 2019. El número más alto en décadas, de acuerdo con The New York Times que señala que “el 38% de los homicidios fueron cometidos por fuerzas de seguridad estatales”.

Y es que Witzel es un fanático de los francotiradores, elementos que no pueden faltar en las operaciones que organiza contra las grandes favelas, muchas de las cuales han terminado con la muerte de civiles inocentes. Y lo usó en el secuestro del autobús. De hecho él mismo apareció en un helicóptero y disparó indiscriminadamente contra una favela, según reporta le prensa del país.

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Ayer no ocultó su orgullo al terminar la operación con la muerte de Da Silva. “Agradezco a la policía su trabajo. Estos individios tienen fusiles en sus poblaciones y provocan terror en las poblaciones”. “La tragedia de Río de Janeiro no es inevitable, no es un desastre natural. El drama que vive la ciudad es político”, le dijeron expertos al Times.

Pero Witzel y Bolsonaro celebran su mano dura y recuerdan las estadísticas oficiales que señalan que en el país ocurren cerca de 500 secuestros por año.

Bolsonaro recordó el de la línea 174 de Río de Janeiro, cuando un hombre secuestró un autobús. Tras seis horas de tensión murió una rehén. “La orden superior era hacer cualquier cosa, menos disparar. El resultado fue la muerte de una profesora inocente”, dijo el Presidente. Y agregó: “Criminal neutralizado y ningún rehén herido. Hoy no habrá lágrimas de la familia de ningún inocente”.

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