La venezolana de los mil abrigos

En Washington, una internacionalista estadounidense de padre venezolano, madre cubana y esposo colombiano hace lobby con autoridades, ONG y visitantes de gobiernos latinoamericanos en contra del régimen de Nicolás Maduro mientras coordina la entrega de miles de abrigos a quienes a diario siguen llegando a Cúcuta dispuestos a cruzar el temible páramo de Berlín, en la cordillera oriental.

Carla Bustillos trabaja desde Washington en la organización ‘Visión Democrática’.César Sabogal

Cuando habla en español exagera su acento venezolano pese a que de ese país solo tiene un vago pero feliz recuerdo de los siete años del trasegar de su infancia entre el llanero estado de Portuguesa y Barquisimeto. Nunca regresó.

Carla Bustillos nació en Washington, ciudad a la que llegaron sus padres gracias a la beca Gran Mariscal de Ayacucho que entregaban gobiernos anteriores al de Hugo Chávez, en tiempos de la bonanza petrolera. Hoy, desde ‘Visión Democrática’, es una de las más aguerridas detractoras del régimen de Nicolas Maduro. “Nuestro trabajo se centra en vincular la diáspora venezolana al desarrollo social y económico de Venezuela y canalizar el éxodo de talento venezolano a favor de la reconstrucción social y moral del país”, dice.

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Esta fundación estadounidense sin ánimo de lucro actúa en Washington desde el año 2001. Entre sus programas más exitosos está la promoción de jóvenes venezolanos de bajos recursos para que se capaciten en competencias avaladas por Naciones Unidas y busquen mejorar sus oportunidades laborales. También, fortalecer a los sectores de oposición al régimen de Maduro. 

“En lo inmediato, procuramos aliviar la crisis humanitaria subsidiando el suministro de alimentos a comedores infantiles y garantizando la provisión de vacunas y asistencia médica a más de 700 niños que viven en Venezuela. También, financian ‘la migración que se está dando a pie’.

“Financiamos a organizaciones que reciben a venezolanos en Cúcuta, como la Casa Venezuela que es un lugar de alivio, donde los migrantes reciben cuidados médicos y los atuendos necesarios para cruzar el páramo. El año pasado distribuimos mil abrigos y pronto duplicaremos esa cifra, gracias a donaciones que familias americanas (estadounidenses) nos envían desde distintas ciudades”.

Pero si el trabajo de esta mujer, graduada en asuntos internacionales en American University, resulta incómodo para el actual régimen venezolano, su arma letal lo da su capacidad de cabildeo a favor de una transformación política en Venezuela. Joven, bella, entusiasta e influyente, Carla se mueve ‘como pez en el agua’ en las altas esferas políticas de Washington para presionar la salida de Maduro.

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 “Estamos presentes en todos los espacios de discusión: el Congreso, los organismos internacionales, la visita de personalidades del continente… no ahorramos esfuerzos ni oportunidades para que concluya la situación irregular y la falta de naturaleza democrática en Venezuela”.

Su liderazgo se ha transformado en sendas manifestaciones de venezolanos frente a la Casa Blanca, al US Congress y, la semana anterior, frente al emblemático edificio de la OEA, cuando la mayoría de países del continente desconoció el nuevo mandato presidencial abogado por el sucesor de Hugo Chávez. Los principales centros de resistencia a Maduro, en Estados Unidos, están en Washington, Miami, Boston, Nueva York, Houston y Atlanta.

“Admito que soy privilegiada por nacer, crecer y trabajar en un país que respeta las garantías ciudadanas y mi derecho de protestar. Mi compromiso, desde el año 2001 y hasta que la situación de Venezuela cambie,  es hacerlo a favor de la defensa de la libertad de expresión y de la democracia. Sería una pena no hacer uso de mi privilegio de vivir en una ciudad que es epicentro político mundial para ayudar al país de mis padres”, añade.

Carla dice que hasta tanto Nicolas Maduro no abandone el poder, sus tres hijos no pisarán suelo venezolano. Para mi es triste porque no puedo llevarlos al país de sus abuelos. Para que no pierdan sus raíces, los he llevado a conocer Colombia, Panamá y México, pero anhelo que un día puedan llegar a territorio venezolano”, concluye.

Al finalizar cada protesta, Carla Bustillos regresa a sus redes sociales para alimentar las bases de datos con personas que se unan a la causa de presionar, desde la llamada sociedad civil, la salida de Maduro y, en sus palabras, ‘su rosca de enriquecidos personajillos’.

 

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Cesar A. Sabogal R. / Washington

El Mundo

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