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hace 1 hora

Las cataluñas rusas que le quitan el sueño a Putin

Como España, Rusia está llena de territorios que reclaman más autonomía. El Kremlín ha tenido mano dura con los movimientos independentistas, cuando le conviene.

AFP

El último líder de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, aprovechó el lanzamiento de su libro "Sigo siendo un optimista" para decir que Rusia “tiene varias Cataluñas". El ganador del premio nobel de Paz por haber puesto fin a la Guerra Fría añadió que su país tenía que "resolver" esas situaciones “debemos conocer nuestra historia y debemos sacar conclusiones".

El optimismo de Gorbachov se vuelve evidente, más allá del título de su libro, si se considera la actitud del gobierno de Vladimir Putin frente a los movimientos que reclaman más autonomía en algunas regiones de Rusia.

En 2015, Daria Poliudova, una militante de izquierda, fue encarcelada por promover mayor autonomía para la región de Krasnodar. Es probable que para Poliudova y sus compañeros, las palabras “secesionismo” o “independencia” jamás se hayan pasado por su cabeza, pero el llamado a descentralizar el poder de Moscú le costó le costó un breve paso por la cárcel.

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Lo curioso es que, mientras en Rusia la ley establece que está prohibido “incitar cualquier acción que amenace la propia integridad territorial del país”, el gobierno de Putin también ha apoyado movimientos separatistas en sus territorios vecinos, cuando le conviene.

Uno de los casos más sonados vino al final de la guerra civil ucraniana. En 2014, los separatistas de Crimea, al sureste ucraniano, reclamaban independencia frente al gobierno de Kiev y se alzaron en armas porque no apoyaban la entrada de Ucrania a la Unión Europea.

 Los rebeldes recibieron apoyo militar y económico del Kremlin y, en enero de 2015, y tras un referéndum ilegal en el que casi el 97% de los habitantes de Crimea votaron a favor de convertirse en territorio Ruso, se salieron con la suya cuando el Kremlin pasó por encima de las amenazas de sanciones económicas y se anexó el pequeño territorio ucraniano.

En el Kremlin parecen medir el independentismo con un doble racero ¿quién quiere independizarse para unirse a Rusia y quién quiere dejar a la antigua Unión Soviética para seguir su propio camino?

-Los que quieren entrar-

Las estatuas de Transnistria todavía le rinden tributo a Lenin y entre sus símbolos patrios sigue la hoz y el martillo del partido Comunista. La pequeña “república” tiene un poco más 300.000 habitantes y 25 años, o eso dicen quienes se toman en serio declaración con la que en 1992 se los transnitrios se declararon independientes de Moldavia.

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Tras la caída de la Unión Soviética, Tranistria pasó a ser parte de Moldavia, con la que se enzarzó en una breve guerra civil que empezó en marzo del 92 y terminó cuatro meses después, con una declaración de independencia y la aprobación de la presencia de tropas rusas en el territorio transnitrio.

Transnitria tiene su propio gobierno, ejército, policía, bandera e himno nacional. También tiene billetes de plástico que no valen nada en ningún otro lugar del mundo.

 En septiembre de 2006 los transnistrios participaron en un referéndum en el que más del 97% estuvo de acuerdo con volver a ser parte de Rusia pero, tras la polvareda que levantó la anexión de Krimea, el Kremlín no ha dicho nada al respecto.

En una situación semejante Abjasia y Odesia del Sur. Al norte limitan con Rusia y al sur con Georgia, de la que hasta hace poco fueron provincias y con la que terminaron librando guerras en sus respectivos territorios.

Las dos declararon su independencia en la década del 90 y, en el momento, están ocupadas por el ejército ruso que dice haber llegado allí como “invitado”.

Los únicos países que reconocen su estatus como estados independientes son Venezuela, Nicaragua, la pequeña isla de Nauru y Rusia, por supuesto

-Los que se quieren ir-

Los levantamientos de los chechenos que reclaman independencia frente a Rusia se vienen repitiendo desde hace siglos, pero en 1991, la caída de la Unión Soviética parecía la oportunidad perfecta para que los chechenos se declararan independientes frente al gobierno del Kremlin.

La dicha duró poco. Entre el 94 y el 96 el ejército ruso se enfrentó a las guerrillas independentistas chechenas para recobrar el control de la región. Tras firmar un acuerdo de paz en el que el gobierno ruso se comprometió a reparar a los civiles que habían sido afectados por la guerra. También se acordó una amnistía tanto para los independentistas chechenos como para los militares rusos que cometieron desmanes durante el conflicto.

La guerra volvió a Chechenia en 1999, tras una serie de atentados terroristas en Buynasks, Volgodonsk y Moscú que fueron atribuidos a la insurgencia de la región separatista y le pusieron punto final a cualquier pretensión separatista. En el 2000 Rusia estableció un gobierno directo y en abril de 2009 dio por terminada la sangrienta operación antiterrorista.

Rusia también se ha enfrentado agresivamente a esfuerzos más pequeños de buscar autodeterminación. Arriba se mencionaba el caso de Daria Poliudova, en la región de Krasnodar, pero también se han registrado manifestaciones por la “federalización” en la ciudad siberiana de Novosibirsk.

Lo mismo viene pasando en Kaliningrado, un pequeño enclave rodeado por Polonia y Lituania que, por ser uno de los puertos rusos en las costas del mar Báltico, es fundamental para los intereses militares de ese país. El estar entre dos países miembros de la Unión Europea hace que la gente de la pequeña ciudad, antes conocida como Königsberg, se sienta más cerca de los ideales europeos. Según un estudio de Vladimir Abramov, politólogo de la Universidad Federal Báltica Immanuel Kant de Kaliningrado, 60% de la población de esa región tiene doble nacionalidad.

A pesar de que Rusia es una “Federación”, los llamados para descentralizar  el país, que es como comienzan las gestas independentistas no solo se limitan a Krasnodar y Kaliningrado. Karelia, Ingermanland y Novgorod completan la lista de los territorios rusos que quieren que piden más autonomía.