Las contradicciones de Trump tras la cumbre con Corea del Norte

El presidente de Estados Unidos calificó su cumbre con Kim Jong-un como exitosa. Sin embargo, analistas dicen que su interés por hablar con el líder norcoreano no es coherente con sus posturas frente a otros países, específicamente Irán y Cuba.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, camina con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, en Sentosa, Singapur. / AFP

Antes de llegar a la Casa Blanca, Donald Trump era una exitosa figura del entretenimiento estadounidense. Desde que asumió la presidencia, sus despidos resonantes y trinos incendiarios han hecho que su estadía en Washington, virulenta y espectacular, sea comparada con los programas de televisión que en el pasado protagonizaba. De hecho, la reunión con Kim Jong-un parece ser el último episodio de su propio reality show.

Tras la histórica cumbre entre el líder de Corea del Norte y el presidente de EE.U.U., la primera entre los mandatarios de ambos países en más de 60 años, Trump calificó el encuentro como “exitoso y provechoso”. “Creo que tendremos una relación excelente”, dijo en cámaras el magnate, que no escatimó en elogiar a su homólogo norcoreano como “un gran negociador”.

Pero más allá de las fotografías y los apretones de manos, en el papel no hubo nada que le indicara a Donald Trump que Corea del Norte por fin ceda con su programa nuclear. En el pasado, tanto el padre como el abuelo del líder norcoreano hicieron las mismas promesas a otros presidentes estadounidenses, pero el tiempo determinó que estos compromisos siempre se incumplieron.

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Como explica Michael Shifter, presidente del centro de análisis The Inter-American Dialogue, con sede en Washington, es todavía muy pronto para calificar a esta cumbre de exitosa, aunque Trump haya logrado la foto con Kim. “Ambos dirigentes tienen una inclinación por el teatro y la teatralidad. Si se lograrán avances significativos es otra pregunta que resolveremos en los meses que vienen”.

De hecho, de acuerdo con el documento suscrito entre ambos países, Kim y Trump se comprometieron a entablar unas nuevas relaciones entre Estados Unidos y Corea del Norte, y a trabajar en “la completa desnuclearización de la península de Corea”. Sin embargo, la declaración no sugiere cómo ni cuándo se empezarán con esos esfuerzos.

Cuando la prensa resaltó que el compromiso de Corea del Norte en favor de una "desnuclearización completa de la península coreana" no incluía la exigencia estadounidense de un proceso "verificable e irreversible", Trump afirmó, sin entrar en detalles, que habría inspecciones y que las sanciones económicas se mantendrán hasta que se levante "la amenaza" de armas atómicas.

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“No es claro si las profundas diferencias entre Estados Unidos y Corea del Norte sobre lo que constituye la "desnuclearización" pudieron o pueden ser efectivamente superadas... que es el meollo del asunto”, dice Shifter de The Inter-American Dialogue.

Según subraya Shifter, la clave estará en lo que ambos países entiendan por “desnuclearización” de la península. Previó a la reunión, Trump no aclaró si el objetivo era la reducción de las capacidades nucleares del régimen de Kim o, por lo contrario, su completa destrucción. “Es difícil imaginar a Kim destruyendo su armamento nuclear, y los radicales en la administración de Trump insistirán en que esto ocurra”, agrega el director de The Inter-American Dialogue.

Pero en caso de que esto no suceda, según analistas, Trump estaría incurriendo en una contradicción respecto a una de sus decisiones más polémicas: la salida de Estados Unidos del acuerdo nuclear de Irán. “Si el presidente permite que esta negociación se convierta en una limitación de las capacidades del Norte, en lugar de eliminarlas, repetirá las acciones que criticó a Barack Obama por hacer con Teherán”, explica Robert Litwak, vicepresidente del Wilson Center a The New York Times.

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Sin embargo, el doble discurso frente a los acuerdos nucleares no es la única contradicción que dejó la cumbre entre Trump y Kim. La relación de EE.UU. con Cuba, por ejemplo, fue terminada poco después de que Trump asumiera su cargo y en su momento argumentó que no podía mantener relaciones con un país que “no había hecho lo suficiente en materia de derechos humanos”.

“Comparada con Corea del Norte, Cuba parece Suecia”, cuestiona la analista estadounidense Jennifer Rubin en The Washington Post, quien afirma que Trump se contradice al haber cerrado los canales de comunicación con la isla y, al mismo tiempo, hablar con el líder de uno de los regímenes con mayores denuncias en esta materia. “La administración Trump y los conservadores criticaron al presidente Obama por darle a Cuba lo que deseaba durante décadas, sin presionar por mejoras en los derechos humanos, pero ahora hacen lo mismo con Corea del Norte”, afirma.

Sin embargo, tanto Kim como Trump salieron fortalecidos de la reunión. El norcoreano consiguió que el presidente de la potencia más grande del mundo se sentara junto a él y le diera reconocimiento internacional. Trump, por su parte, demostró, al menos ante las cámaras, que para él nada es imposible, incluso si se trata de entablar una conversación con el líder del país más aislado del mundo. Algo que seguramente le ayudó a generar mucho rating.

 

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